Junio de 2026 dejó máximos históricos en varias ciudades europeas, mientras el calentamiento del Pacífico comienza a modificar las condiciones de temperatura y lluvia en Colombia.
El inicio del verano boreal estuvo marcado por una sucesión de olas de calor, récords locales de temperatura y un calentamiento inusual de los océanos. Al mismo tiempo, Colombia entró en su segunda temporada de menos lluvias con condiciones tipo El Niño que podrían fortalecerse durante los próximos meses.
Junio de 2026 fue el más cálido registrado en Europa occidental, con una temperatura media de 20,74 °C, equivalente a 3,06 °C por encima del promedio de 1991-2020. En el conjunto del planeta, el mes fue el segundo junio más cálido disponible en los registros del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, el programa de observación climática de la Unión Europea, únicamente por debajo de junio de 2024.
La temperatura media global alcanzó 16,54 °C, 0,56 °C por encima del promedio reciente y 1,39 °C sobre los niveles estimados para el periodo preindustrial. Los océanos, excluidas las zonas polares, registraron además su mayor temperatura superficial para un mes de junio, con un promedio de 20,86 °C.
Los registros más altos se concentraron en Europa. Pulluau, en Francia, alcanzó 43,8 °C; Bilbao, en España, llegó a 42,7 °C, su mayor temperatura para junio; y Coschen, en Alemania, reportó 41,7 °C. También se establecieron marcas mensuales cerca de Budapest, con 40,7 °C; Viena, con 40 °C; y Basilea, con 39 °C. Algunas de estas mediciones permanecen bajo verificación, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, entidad de Naciones Unidas encargada de coordinar la vigilancia del clima.
El calor estuvo acompañado por menores lluvias, suelos más secos y una mayor actividad de incendios en la península ibérica y el sur de Francia. Copernicus indicó que las condiciones de sequedad comenzaron a desarrollarse desde la ola de calor de mayo y se profundizaron durante junio, mientras los caudales de numerosos ríos europeos se ubicaron por debajo de sus promedios.
Detrás del panorama aparece también El Niño, la fase cálida del ciclo climático del Pacífico ecuatorial. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, informó el 9 de julio que el fenómeno continúa fortaleciéndose y estimó una probabilidad del 97% de que persista hasta comienzos de 2027. Asimismo, calculó en 81% la posibilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre.
El Niño no explica por sí solo las temperaturas extremas. La Organización Meteorológica Mundial advierte que el calentamiento de la atmósfera y los océanos provocado por el cambio climático puede amplificar sus impactos y elevar el riesgo de olas de calor, déficit de lluvias y otros fenómenos meteorológicos.
En Colombia, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, reportó que durante junio la temperatura estuvo generalmente por encima de lo normal. Las mayores anomalías, superiores a 2 °C, se localizaron en sectores de Cesar, Antioquia y Casanare. Para julio, el organismo proyecta temperaturas máximas por encima del promedio en la mayor parte del territorio, especialmente en el oriente del Caribe, el centro y occidente de la región Andina, el sur del Pacífico y el oriente de la Orinoquía.
Las primeras señales habían aparecido desde mayo. Valledupar llegó a 38,4 °C, con una anomalía de 4,2 °C; Santa Marta alcanzó 37,2 °C; Quibdó llegó a 34,4 °C; y San Andrés registró 33,7 °C, con lo que superó su anterior máximo histórico. Medellín, Bogotá, Barrancabermeja, Yopal y Puerto Carreño también presentaron incrementos sostenidos.
La situación coincide con la temporada de menos lluvias de las regiones Andina y Caribe. El Ideam proyecta precipitaciones por debajo de lo normal durante julio en gran parte de ambas regiones, con probabilidades superiores al 60%. Aunque esto no equivale a una declaración general de sequía para el país, la combinación de temperaturas elevadas y menores lluvias puede aumentar la evaporación, la demanda de agua y el riesgo de estrés hídrico.
El organismo también anticipa que una intensificación de El Niño podría reducir progresivamente los caudales de ríos y quebradas, disminuir los niveles de embalses y reservorios e incrementar el riesgo de incendios de cobertura vegetal, con posibles efectos sobre el abastecimiento de agua, la agricultura y la generación de energía.
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