La colombiana Julita Barreto ha forjado una trayectoria destacable en lo organizacional, desde su experiencia al interior de grandes compañías hasta sus proyectos más personales. El emprendimiento social la ha movido en los últimos años, al frente de ‘Mi jefe es un niño’. Estas son sus lecciones.

De lo primero que se asegura Julita Barreto al entrar al salón es de que todo el mundo esté cómodo y tenga lo que necesita, que si un café, una aromática o un agua. Con su característica espontaneidad cuenta cómo llegó a crear ‘Mi jefe es un niño’ y comparte las lecciones que esta experiencia le ha dejado.

La nueva fase de este proyecto es un podcast multiplataforma y grabado en vivo, en el que conversa con niños emprendedores sobre sus negocios. Son en total 18 capítulos, que serán transmitidos durante 10 meses, en los que se conocerán historias inspiradoras de pequeños empresarios, así como los casos de éxito de personajes como Mario Hernández y Carolina Cruz.

Su propósito, en el que también creen los grandes aliados que se le han sumado, es construir un ecosistema en el que proyectos como Samuel Pastelerito o Dulce Trapillo sigan creciendo, mediante mentorías, herramientas y visibilidad. 

¿Por qué trabajar con niños? Aunque no tuvo hijos, Julita afirma que ha vivido la maternidad desde otros ángulos: a sus 25 años cuando asumió el cuidado de su madre, que estuvo en coma por una infección bacteriana y está en condición de discapacidad; con sus sobrinos, a quienes adora, y con los niños que impacta con su emprendimiento social.

Fue su afinidad con los niños lo que la llevó a darle forma a este proyecto. Asegura que estos pequeños emprendedores con los que ha trabajado “son genuinos, no le tienen miedo al fracaso y tienen una tolerancia altísima a la frustración, no temen decir que se equivocaron ni pedir consejos para mejorar”, características que no son sencillas de encontrar en los más adultos. 

“Son absolutamente creativos y tienen comunicación súper avanzada, porque no les da pena hablar en público”, agrega. Para ella, emprender es como cualquier otra disciplina que se puede desarrollar a temprana edad, requiere constancia, esfuerzo y dedicación, pero sobre todo un propósito, y eso lo ha visto en sus niños. 

“Sueño que sean mejores personas y que tengan habilidades blandas muy definidas”, dice sobre estos jóvenes. Lo que la mueve cada día es pensar que ese impacto que logra en su metro cuadrado puede resultar en muchos cambios. Aspira a llevar ‘Mi jefe es un niño’ a México y Estados Unidos; ya en esta ruta dio un primer paso con un abrebocas del proyecto en Atlanta.

Una ‘tiburona’

Juliana “Julita” Barreto Gutiérrez ha forjado una trayectoria destacable en lo organizacional. Es abogada de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia y tiene especialización en Recursos Humanos y Ventas. Inició su vida laboral en Sofasa, de Renault, donde pasó del área jurídica a recursos humanos.

“Ahí presté mi servicio militar”, dice y se ríe. Tenía apenas 23 años, fue una experiencia desafiante, pero que culminó con éxito: obtuvo dos Great Place to Work. Ascendió al área comercial a sus 25 años como gerente nacional de Servicio al Cliente y luego como gerente regional de Ventas. 

Después de una tusa, rememora, se mudó a México, donde trabajó para Porsche. Al regresar a Colombia, se desempeñó como gerente nacional de Retail para Derco, del Grupo del Río, cargo del que tuvo que salir cuando no quiso cambiarse nuevamente de país.

Se unió entonces a su padre en el negocio familiar ‘La Carreta’, allí estuvo dos años hasta que la llamaron para ser la única mujer entre los ‘tiburones’ de Shark Tank Colombia, una propuesta que la tomó por sorpresa, pero que la encaminó hacia sus proyectos actuales. 

Estuvo dos temporadas en el programa; sin embargo, tras esa experiencia se cuestionó cómo podría apoyar más esas propuestas que conocía. “Fue muy especial, pero empezaba a preguntarme hasta dónde iba mi impacto, y ahí me encuentro con el concepto japonés Ikigai”. Este tiene cuatro premisas: haz lo que amas, hazlo bien, que te paguen por ello y generes un impacto.

Actualmente, hace parte del listado G:100, del Women Economic Forum (WEF), que reconoce a mujeres líderes en el mundo. Firmó con la Editorial Planeta su libro ‘Julita y su caja de herramientas: glosario de habilidades para la vida’, en el que aborda estas lecciones que ha recogido durante su trayectoria.

No dejar de ser niño

A lo largo de la vida ha confirmado el valor de ser genuino; para ella, esta característica es la que le ha abierto varias puertas. Es auténtica, desparpajada y sensible. “A veces me dicen que parezco una niña, y sí”.

Precisamente, en estos años de trabajo con los más pequeños ha reafirmado que “uno no debe perder las ganas de ser niño”, y que además hay mucho que aprender de ellos para ser buenos líderes.

“Los niños son genuinos, reales y hablan con la verdad. Aceptan la frustración y que se equivocaron. Lo mejor, son espontáneos, no están pensando en “qué dirán de mí o de mi proyecto”, más bien buscan esas críticas para hacerlo mejor”, sostiene.

En la gestión del talento humano, donde tiene amplia experiencia, recalca que lo primordial es “ser duro con el problema, suave con la persona”, pues está segura de que los resultados positivos se pueden conseguir con buen trato. A esta lista de cualidades añade la transparencia, que “es fundamental para que los colaboradores no tengan miedo de hablar de lo que sea”, explica.

Los líderes además deben ser flexibles, adaptarse al lenguaje de las nuevas generaciones que llegan al mercado laboral y reconocer oportunidades de aprovechar lo constructivo que llega con estos cambios. Otro aspecto esencial es que favorezcan la reducción de la brecha laboral entre hombres y mujeres, promoviendo la participación de mujeres en cargos STEAM.

Volviendo sobre la filosofía que la ha guiado estos años, recuerda que la tranquilidad y el éxito están dados por hacer lo que se ama, hacerlo bien, tener un pago por ello e impactar positivamente a los otros.

A sus 9 años quería ser arquitecta, abogada o piloto, incluso hasta presidenta y arreglar el país, y todas ellas coinciden en una vocación hacia los otros. “Yo no podría trabajar en algo que no genere impacto”.

“La vida ha sido muy generosa conmigo, me ha enseñado el camino hacia donde estoy y si hoy Julita se muere mi epitafio diría que lo logré, plena y feliz”.

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