La pandemia dejó sin oxígeno al pulmón económico del país. Tras el deterioro del mercado laboral, a causa de cinco meses de encierro, los empresarios buscan una nueva hoja de ruta para la reactivación. Los ejes claves, dicen, la infraestructura, la tecnología y los servicios.

El miércoles 12 de agosto, 145 días después de declarar el inicio de la cuarentena total para Bogotá, la alcaldesa Claudia López presentó oficialmente su propuesta de reactivación económica. El plan del Distrito llegó en medio de la reapertura de varios sectores productivos, y con el único propósito de dejar atrás los estragos que a hoy sigue ocasionando la pandemia. Ese día, bien lo dijo la mandataria, se declaró un pacto colectivo en el que todos están llamados a construir.

La iniciativa surgió a raíz del impacto de la coyuntura que desató el covid-19 desde inicios de marzo. Ese mes, Bogotá tuvo que congelar su economía, cerrar las fronteras y obligar a casi 7,3 millones de ciudadanos a quedarse en casa. El virus, que para su momento aún iniciaba la propagación de manera silenciosa, puso en jaque el 25,6% del PIB nacional, lo que de fondo desencadenó implicaciones que aún no terminan de medirse.

El encierro más allá de poner en pausa a los bogotanos dejó en crisis a la ciudad: un desempleo que ascendió a 24,1% en el trimestre julio – agosto, más de 37.000 empresas liquidadas, 58.000 establecimientos cerrados y centenares de ciudadanos con aprietos financieros. “Evidentemente, la pandemia afectó la salud de la gente de manera grave. Pero en segundo lugar el efecto más grande fue en la actividad empresarial y los negocios. Nunca habíamos visto una suspensión de la actividad durante tanto tiempo”, le explica a Forbes, Nicolás Uribe, presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB).  

El dilema entre la salud y la economía, dice Uribe, castigó la actividad productiva y a los empresarios. “Se crearon 49.485 nuevas empresas, es decir 29% menos que el mismo período de 2019, Se liquidaron 37.000 empresas, 63% más que en igual período del año anterior; y, además, 16% de las empresas no renovaron su matrícula mercantil. Esos tres indicadores dan pistas de la mortalidad empresarial”, añade.  

Todos los efectos económicos negativos, a causa de dicho estancamiento productivo, sin duda empeoraron el mercado laboral a cifras históricas. El desempleo empañó la radiografía en la ciudad, lo de fondo incidió en la pobreza, la informalidad y la desigualdad. De hecho, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), solo en agosto más 908.0000 bogotanos quedaron en la desocupación. Carlos Sepúlveda, decano de la facultad de economía de la Universidad del Rosario, sostiene que estas cifras fueron el resultado de una cuarentena que tuvo altos costos en el empleo y en la sociedad. De ahí, advierte, la necesidad de construir entre el sector privado y público una nueva hoja de ruta para el crecimiento.

Y es que es precisamente esa hoja de ruta la que anunció la alcaldesa desde la mitad de agosto.  La administración local puso en consideración ante el Consejo de la ciudad el denominado ‘Plan Marshall’, un proyecto que en la tercera semana de octubre fue aprobado y el cual prevé devolver la senda de crecimiento a Bogotá. No solo con nuevos proyectos y programas que generen por lo menos 500.000 nuevos empleos a corto y mediano plazo, sino además con más deuda para contrarrestar los efectos negativos de la crisis.

Más oxígeno para la recuperación

Pero la tarea de ejecutar este plan no será el único foco de trabajo en el que tendrá que unir fuerzas Bogotá. Al mismo ritmo de su ejecución, en el que se prevén algunos incentivos tributarios, serán varias las industrias claves llamadas a ser jalonadoras de empleo y crecimiento. Uribe, de la CCB, detalla que el sector servicios y la economía naranja podrán potenciar la competitividad y el mercado laboral. “Bogotá tiene una vocación muy amplia, pues tenemos diversos sectores en una economía que es muy vigorosa (…). Hay enorme posibilidad de trabajar en innovación y en economía de bajo contacto. El reto más grande será incentivar la demanda”.  

La construcción de vivienda y el desarrollo de obras civiles también tendrán un papel importante para la generación de empleo y la movilización de recursos. Cálculos de ProBogotá destacan que se han identificado 146 proyectos en etapa avanzada de maduración, los cuales ascienden a los $78 billones. Estos se convertirán en uno de los pilares para la puesta en marcha la ciudad, pues se estima que generarán encadenamientos en más de 55 sectores de la producción.

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“Si pone plata el Gobierno Nacional, el gobierno distrital y el sector privado, los proyectos se podrían ejecutar. Eso podrían generar más de 940.000 empleos, que tendrán un impacto positivo”, sostiene Juan Carlos Pinzón, presidente de ProBogotá. “Otro de los temas está en la conectividad y la educación digital, pues se debe hacer grandes esfuerzos en educación para el trabajo, enfocado en la programación digital”.

Tanto Pinzón como Uribe coinciden en la necesidad de seguir proyectando las vocaciones del departamento y la ciudad a través de nuevas áreas especiales. Desde ProBogotá, por ejemplo, se argumenta que se debe identificar la creación de zonas económicas que permitan traer parte de la inversión que está saliendo de Asia y que está lista para reubicarse. “Las ciudades que logren atraer ese tipo de empresas pueden generar nuevo empleo, y empleo de calidad. Ese es un poco el planteamiento que tenemos. Todo lo de vivienda, la APP de El Dorado y la conectividad ayudarán a impulsar el crecimiento”, dice Pinzón.

En medio de todos los esfuerzos por sacar adelante estas iniciativas privadas, y la llegada de nuevas empresas, Uribe también destaca que el turismo, la realización de eventos y el comercio jugarán un rol importante de manera transversal. Si bien no se tienen cálculos de los ingresos que traería para la ciudad la ejecución de eventos en Corferias, se estima que una eventual recuperación movería más de $7 billones.

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Las acciones de recuperación de los sectores estarán a acompañadas del contrato social y económico que anunció el Distrito en junio. Se trata del Plan de Desarrollo Distrital que contempla un presupuesto de $109 billones, de los cuales más de $53 billones estarán orientados a la recuperación. Así, los esfuerzos prevén estar enfocados en la generación de empleo y en la preservación de por lo menos 100.000 pequeñas y medianas empresas.

Bajo estos frentes de trabajo, desde todas las aristas de la discusión se seguirá buscando ese contrato social de cara a la reactivación. Una que siga apostando por una Bogotá Región, que deberá priorizar la conectividad, los servicios, el emprendimiento y la infraestructura. De hecho, garantizar no solo la ejecución de la primera línea del metro, sino, además, del Regiotram de Occidente.