El MIO de Cali da un salto a los pagos abiertos al modernizar a sistemas EMV para recibir tarjetas bancarias, QR y billeteras digitales. Con validadores inteligentes, arquitectura tipo core bancario y controles antifraude, la ciudad busca más usuarios, mejor servicio y liderar la movilidad inteligente en América Latina.

Es la hora pico en Cali, un usuario se acerca al torniquete del MIO con el gesto de siempre. Esta vez, la escena cambia, la máquina reconoce no solo la tarjeta del sistema, sino también una tarjeta bancaria o un código QR desde el teléfono. En segundos, la validación ocurre de forma segura, y si la red falla, el viaje no se detiene, porque el validador puede operar en línea y fuera de línea.

Ese “beep” resume una ambición mayor, que Cali dé un salto hacia la movilidad inteligente al mismo nivel de grandes ciudades del mundo, y que el transporte público se adapte al ciudadano, no al revés.

“Lo que antes era una tarjeta cerrada, ahora puede ser la tarjeta que el usuario desee”, resume Pablo Villarreal Ramírez, director financiero de la Unión Temporal Recaudo y Tecnología (UTRyT), concesionaria a cargo de la operación tecnologica y de de recaudo del MIO. sobre la decisión de migrar de un esquema cerrado a una arquitectura abierta basada en tecnología EMV, el estándar global de pagos seguros de la banca.

Con ello, el sistema permitirá pagar con tarjetas débito y crédito, habilitar una tarjeta virtual, recargar con QR, usar billeteras digitales asociadas a cuentas personales e incluso hacerlo mediante Bre-B una vez entre en operación.

Pablo Villarreal Ramírez, director financiero de la Unión Temporal Recaudo y Tecnología (UTRyT)

La historia del MIO ayuda a entender el giro. Como otros sistemas de gran escala en Colombia, nació con una tarjeta sin contacto “cerrada”. Aquella solución tuvo sentido en su tiempo, operaba sin depender de conectividad constante y permitía guardar saldo en el plástico. Pero cargaba límites severos, recargas en puntos específicos, actualizaciones lentas, mayor dificultad para rastrear transacciones en línea y controles antifraude menos efectivos.

“La idea de pasar a sistemas abiertos es dar información en tiempo real y empoderar al usuario”, explican desde la Unión Temporal Recaudo y Tecnología (UTRyT).

En la práctica, la modernización cambia el centro de gravedad del sistema. Ahora el usuario puede revisar su saldo desde la web o una app, activar alertas, bloquear su medio de pago si lo pierde y recuperar su dinero en una nueva tarjeta. Para la ciudad, los validadores se integran al torniquete, al bus y al sistema central; un mismo viaje puede incluir transbordos sin pagar de más y, si se detecta un patrón irregular, como la reventa de integraciones, el bloqueo es inmediato, ya no al día siguiente. El resultado es menos fraude, más control y mejor experiencia.

El proyecto llega con aparente sencillez, pero detrás hay ingeniería y economía. UTRyT y el municipio diseñaron un esquema de inversión que redujera barreras de entrada, la ciudad adquirió los equipos y la concesión absorbió la operación y el software bajo el modelo SaaS, evitando licencias multimillonarias y manteniendo costos de operación sin incrementos para el sistema. En cifras, la renovación no superó el millón de dólares, una fracción frente a los megaproyectos similares. “Costó menos del 1% de lo que ciudades como Londres o Nueva York han pagado”, se señaló, subrayando que el estándar tecnológico es equivalente.

Otro diferencial es la apertura del hardware. Mientras la plataforma anterior dependía de un proveedor único, el ecosistema nuevo permite homologar validadores y comprarlos en el mercado, con disminuciones relevantes, facilitando la expansión hacia modos complementarios e incluso la formalización de transporte que hoy no está dentro del sistema. Esa versatilidad es clave si Cali quiere integrar los colectivos informales o sumar micromovilidad en trayectos cortos.

“Diseñamos una experiencia más rápida, segura y con mayor autonomía para todos los caleños. La promesa es que el usuario gane control desde cómo paga hasta cómo administra su cuenta. Y que el sistema sea una plataforma que aprende del uso real”, afirma Villarreal.

La sostenibilidad financiera ocupa un renglón aparte. Por diseño, los sistemas masivos suelen tener una tarifa técnica superior a la que paga el usuario, una brecha que el MIO no pretende eliminar de un golpe con esta actualización, pero sí reducir. ¿Cómo? Atrayendo más usuarios con menos fricción (recarga y acceso más fáciles) y bajando costos de implementación y expansión tecnológica. Hoy el MIO moviliza entre 300.000 y 310.000 pasajeros por día; con la integración del transporte colectivo formal y la modernización, la meta es acercarse a 440.000.

Pablo Villarreal Ramírez, director financiero de la Unión Temporal Recaudo y Tecnología (UTRyT)

La modernización también cuida los intangibles como estaciones con Wifi, buses con aire acondicionado, más videovigilancia y coordinación con la Policía. No es cosmética, son señales de confianza. En términos transaccionales, la seguridad sube otro peldaño ya que los datos residen en la plataforma de AWS, con estándares de protección y continuidad equivalentes a los de la banca.

Un salto tecnológico, con la mira en el usuario

El ecosistema de aliados no es menor. La UTRyT selló una alianza con Smart Traffic Technologies; el corazón transaccional se apalanca en AC Worldwide, el mismo proveedor del motor de Bre-B, y la integración de control de flota y operación llega con IVU Traffic Technologies. El plan habilita, además, nuevas formas de “lectura”, es decir, si Cali decide avanzar con biometría o huella, bastará con sumar el sensor y asociarlo a una cuenta para debitar el pasaje con los mismos beneficios y reglas de integración. Esa flexibilidad le quita presión al “cómo” del pago y pone el foco en lo esencial, que un viaje, de origen a destino, cueste un solo tiquete dentro del sistema formal.

La experiencia también vive en el tiempo. Cali dispone desde hace 17 años de una herramienta que predice, con 98–99% de precisión, cuándo llegará un bus a la parada. Es la misma lógica que usan sistemas de referencia en Europa. No hace parte de la renovación, pero la refuerza, si usted sabe que el bus llega en diez minutos y su medio de pago funciona sin fricciones, el transporte público gana competitividad frente a opciones informales.

La ciudad que se proyecta

La visión de mediano y largo plazo se lee en plural. Primero, la expansión hacia el área metropolitana del Suroccidente (AMSO), que incluye a Cali, Jamundí, Palmira, Candelaria, Dagua, Puerto Tejada y Villa Rica. Después, la integración del tren de cercanías y la incorporación de medios complementarios. Más adelante, un modelo de “Mobility as a Service” que sumará bicicletas públicas y patinetas, con estacionamientos y reglas tarifarias pensadas para que la micromovilidad no incremente el costo de vida, sino que lo alivie. “El sistema se adapta al usuario y no el usuario al sistema”, repite el Director Financiero de UTRyT.

El turismo también entra en la ecuación. Que un visitante pueda usar su tarjeta bancaria sin aprender el ritual de “conseguir la tarjeta, recargarla, no perder saldo” facilita la adopción y genera reputación. La creación de una ruta turística en el Mio Cable, una experiencia comparable a la de la Comuna 13 de Medellín, busca que el transporte público también sea una vitrina de ciudad. Si el MIO es intuitivo para el de afuera, probablemente será más querido por el local.

En el fondo, la modernización del MIO es una tesis sobre confianza. Confianza en que el dinero y los datos están protegidos “como en un banco”. Confianza en que, si ocurre un fraude, el sistema reacciona en tiempo real. Confianza en que un solo tiquete cubre el trayecto completo. Y confianza, sobre todo, en que el ciudadano tiene el control, puede elegir el medio de pago, usar el sistema sin fricciones, con confort, consultar su saldo, bloquear su tarjeta y decidir cómo moverse, todo desde una App.

“Diseñamos una experiencia con mayor autonomía. Queremos que los caleños vuelvan a creer en su sistema de transporte. Esta renovación es una invitación a reconciliarnos con el MIO y a construir, desde la movilidad, una ciudad más conectada, más justa e inclusiva”, concluye Pablo Villarreal Ramírez, director financiero del sistema de transporte masivo MIO, con la certeza de que el próximo viaje de Cali comienza con cada beep en los torniquetes.