En lo que va del año, la renta fija global de estos países ha retornado más de un 12%, más que duplicando el desempeño de los bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Los mercados emergentes atraviesan un buen momento en 2025. En lo que va del año, la renta fija global de estos países ha retornado más de un 12%, más que duplicando el desempeño de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, mientras que el índice MSCI EM, que sigue el desempeño de las acciones de compañías de mercados emergentes, ha subido 25%, superando el 15% del MSCI World, que sigue las compañías en mercados desarrollados.
Sin embargo, detrás de estas cifras se esconde una gran dispersión, con Colombia subiendo casi 80% medido en dólares, mientras que Corea del Sur lo hecho en casi del 60% y Polonia sobrepasa el 50%, al mismo tiempo que Indonesia ha visto una caída del casi 5% y las acciones en India apenas han subido en lo que va del año. Este contraste confirma que en los mercados emergentes la selectividad no es opcional, es la estrategia.
Tres motores están configurando el escenario y explican su dinamismo. El primero es la debilidad del dólar, que históricamente coincide con mejores retornos relativos para las economías emergentes. La depreciación de la divisa estadounidense abarata el pago de deuda en dólares y potencia los rendimientos locales para los inversionistas globales.
El segundo es un telón macroeconómico más estable, con varios países mostrando disciplina monetaria y resiliencia en el crecimiento. México e Indonesia han recortado tasas en varias ocasiones este año, Brasil y Colombia ofrecen atractivos rendimientos en deuda local, India avanza en la consolidación de su economía digital y Vietnam gana terreno como eslabón de las cadenas de suministro reconfiguradas. Si bien el FMI proyecta que la brecha de crecimiento entre emergentes y desarrollados se reducirá en 2025, el panorama revela transformaciones estructurales que apuntan a un crecimiento más sostenible.
El tercer motor son las llamadas mega fuerzas, fenómenos estructurales que están redefiniendo el mapa de la inversión. La transición energética aumenta la demanda de minerales críticos en Chile y Perú, la disrupción digital y a inteligencia artificial consolidan a Corea y Taiwán como centros estratégicos en semiconductores; y la fragmentación geopolítica abre oportunidades para países como México y Brasil en la relocalización de cadenas productivas.
Los mercados emergentes no conforman un bloque homogéneo, sino un mosaico en el que conviven riesgos y oportunidades. El dólar débil, la estabilidad macroeconómica y las mega fuerzas ofrecen un viento de cola, pero solo un enfoque granular permitirá capturar el verdadero valor. En este contexto, los inversionistas harían bien en privilegiar la deuda en moneda local y en identificar aquellos países y sectores que, más allá de las coyunturas, están llamados a ser protagonistas del nuevo orden económico global.
Por: Axel Christensen*
*El autor es director de Estrategia de Inversiones para América Latina de Black Rock.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.
Lea también: Del déficit a la oportunidad: el capital privado en ascenso y la reconfiguración de las carteras del futuro
