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Emprendedores

Rappi vive un buen 2020: sus planes de crecimiento se aceleraron con la pandemia

Rappi comenzó su recorrido por Latam hace cinco años, tiempo en el cual no sólo se ha expandido por la región y levantado casi 1,400 millones de dólares en inversiones, sino que también ha construido un negocio diverso, que va más allá del delivery.

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Simón Borrero, cofundador y CEO de Rappi. Foto: Andrés Rodríguez/Forbes Latam.
Rappi

Por: Alejandro Medina y José Caparroso

Para concretar la inversión más importante que el poderoso ceo de SoftBank, Masayoshi Son, ha hecho en América Latina, se necesitó de una visa exprés y un viaje de casi 24 horas de duración entre Bogotá, Colombia, y Tokio, Japón.

Era a mediados de marzo del año pasado, cuando los colombianos Simón Borrero, Sebastián Mejía y Felipe Villamarín, fundadores de Rappi, luego de semanas enteras de conversaciones, finalmente habían sido citados por el magnate. Quería verlos “lo antes posible”, en Asia.

Sin embargo (los tres emprendedores así lo recuerdan), cruzar el mundo no les resultaba sencillo en aquel momento, en especial porque no contaban con la visa para ingresar al país nipón, trámite que podría demorar hasta 15 días. Era un tiempo que no podían darse el lujo de perder, pues también perderían aquella cita.

Los emprendedores, preocupados por la situación, avisaron a Marcelo Claure, hoy Chief Operating Officer (coo) de SoftBank, su principal contacto en la ecuación, sobre lo que les había impedido, hasta ese momento, subir a un avión rumbo a Japón.

Él, simplemente, les pidió que esperaran unos minutos. Así lo hicieron, pero estaban intranquilos. Apenas tres horas después, en sus pasaportes se podía ver el sello que les permitiría, finalmente, entrar al País del Sol Naciente.

Era claro que Masayoshi quería verlos y había movido rápidamente sus influencias para lograrlo. Cuarenta y ocho horas después, aún con el jet lag encima, los tres estaban sentados, desayunando a la mesa de Son, el ostentoso inversionista japonés que ha financiado el ascenso de grandes globales, como Alibaba, Uber, Didi o, inclusive, el problemático coworking WeWork, escuchándolo hablar en su majestuosa casa y cerrando la transacción más importante de sus vidas: una inversión de 1,000 millones de dólares (mdd), acuerdo que valuó a Rappi en 3,500 mdd, según personas familiarizadas con la transacción.

“En ese momento teníamos otras propuestas de inversionistas, pero llegó la de SoftBank y ahí nos quedamos”, dice el cofundador y ceo de Rappi, Simón Borrero, en entrevista con Forbes México. Del otro lado de la acera, la confianza en el modelo de negocio de Rappi está más que presente; así lo expresa Marcelo Claure, coo del banco japonés y cocreador del Innovation Fund de 5,000 mdd que la entidad japonesa creó para Latinoamérica.

“Creemos firmemente en las tendencias seculares que impulsan el negocio de Rappi: la digitalización de la vida cotidiana, desde los alimentos hasta los supermercados y los servicios financieros. También creemos firmemente en el modelo comercial de Rappi, [que consiste en] agrupar múltiples ofertas dentro del mismo producto y convertirse realmente en parte de la vida de sus clientes”, expone.

CRECIMIENTO

La inversión del banco japonés acaparó la mirada del mundo, que presenció, así, la coronación del desarrollo que la compañía de origen colombiano había comenzado desde finales de 2015.

Cuando echaron a andar la firma Rappi, los tres emprendedores eran aún bastante jóvenes; ninguno había superado los 30 años de edad. Sin embargo, ya contaban con experiencia abriendo empresas y, más aun, la tenían en temas relacionados con innovación.

El antecedente fue Grability, un estudio de software con el que desarrollaron una tecnología que licenciaron a grandes supermercados del mundo, como Walmart, en Estados Unidos, y Reliance, en la India; pero la lentitud con la que se activaban los procesos con este tipo de empresas los animó a aventurarse a trabajar en nuevas propuestas.

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Nos creíamos capaces de ser la nueva revolución en logística, pero el proyecto inicial de Rappi, en el fondo, se trataba de ser una tiendita de barrio, con 500 productos”, evoca Villamarín.

“Estábamos entre dos proyectos, así que nos fuimos a una finca, mes y medio, con 15 desarrolladores, a sacar el código, para no perder el tiempo”, agrega.

Fue de ese “cónclave” de programadores de software que resultó un desarrollo logístico para tres cosas: un supermercado, restaurantes y un botón de antojo. Justo con esta idea es que comezaron en Colombia y, posteriormente, apenas alrededor de cuatro meses después, saltaron a México, un país que consideraban esencial para concretar su crecimiento de cara al futuro.

“México siempre fue un país prioritario para Rappi. Desde que llegamos allá y comenzamos, siempre tuvimos esto en la cabeza. Nos decían que nos enfocáramos, primero, sólo en el mercado local colombiano, pero nunca fuimos buenos escuchando ese tipo de consejos”, afirma Sebastián Mejía, cofundador y presidente de la plataforma.

Incluso, hay una anécdota de sus primeros días por nuestro país. Cuando todavía no tenían tantas alianzas con restaurantes, a través de su botón Rappi Favor (que permite pedir cualquier cosa a domicilio), veían que surgía un pico de pedidos desde una esquina muy particular en la colonia Condesa: La Esquina del Chilaquil.

“Esto pasaba mucho orgánicamente, así que fuimos a visitarlos y les dijimos: ‘Ésta es su oportunidad de digitalizarse’. Luego de mucho platicar, integramos oficialmente [esta firma] a Rappi y empezaron a tener un crecimiento impresionante”, recuerda Mejía.

Pero, mientras todo este crecimiento en ambos países se gestaba, y muchísimo antes de que apareciera SoftBank en su horizonte, la compañía empezaba a visualizar también la posibilidad de levantar capital. Entrados en 2016, en su etapa más temprana, se propusieron entrar a Y Combinator, la aceleradora de startups más relevante del mundo, ubicada en Silicon Valley.

Las cosas salieron bien y, tras encontrarse cara a cara, en una entrevista de 10 minutos, con Paul Buchheit, el creador de Gmail, y otro grupo de especialistas, finalmente los aceptaron en su programa. Tras ese hecho, el fondo Andreessen Horowitz invirtió, en una ronda semilla, 9 millones de dólares en la empresa.

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“Volvimos a Latinoamérica creyendo que teníamos dinero para cuatro años, pero, como seguimos creciendo súper rápido, el dinero se consumió”, expresa el ceo de Rappi.

Después de esta primera inversión, y tras ser “bateados” por otros 42 fondos que les cerraron las puertas cuando buscaban una nueva ronda ya de serie A, la compañía consiguió una cita en Sequoia Capital, el legendario fondo que ha respaldado a Apple, Google, Youtube, Zoom y más.

El hecho culminó en una nueva inversión de 52.8 mdd del fondo, misma que les permitió saltar a los mercados brasileño y argentino. Fue este respaldo el que los llevó a convertirse en un imán para nuevos inversionistas.

Esto porque, posteriormente, la empresa concretó otras dos inversiones importantes: una de Delivery Hero, de 130 mdd, y otra de 200 mdd de DST Global. De esta manera, en total, la firma suma hoy 1,391.8 mdd en capital, ya incluida también la ronda de SoftBank.

Pero no sólo fue el aval de los inversionistas hacia la compañía, hoy con presencia en nueve países y 205 ciudades de la región, lo que hizo que las miradas voltearan hacia ellos, sino también el cómo la compañía fue acrecentando su negocio paulatinamente, el cual, de acuerdo con los emprendedores, cada año registra un crecimiento de 3x.

Y es que, si bien en un inicio la compañía llegaba, principalmente, a la mente de sus consumidores porque podía llevarles a cualquier lugar la comida de su restaurante favorito, a través del servicio de delivery proporcionado por sus Rappitenderos (nombre con el que se conoce a sus repartidores), a partir de la llegada del banco japonés la compañía pasó a hacer muchas otras cosas más.

Rappi apostó a la diversificación de su oferta, la cual hoy cuenta ya con una multivertical, desde la cual se ofrecen hasta 10 servicios… desde una misma aplicación. Así, la firma acabó por convertirse en una “Súper App”, como las que existen en Asia.

En ella conviven supermercados, farmacias, servicios financieros (RappiPay), tiendas de ropa (Rappi Mall), pedidos de dinero en efectivo (Rappi Cash), telemedicina y servicios como plomería (Rappi Care), videojuegos (Rappi Games), boletos de avión (Rappi Travel), eventos en vivo (Rappi Live), música (Rappi Music) y, en otros países, hasta juegos de azar (Rappi Apuestas).


Todo suena fácil, pero, detalla Simón Borrero, ceo de la compañía, esto ha sido un constante trabajo de comunicación y desarrollo entre diferentes partes de la compañía.

Por ejemplo, Rappi Cash se originó porque se dieron cuenta de que, a través de Rappi Favor, servicio con el cual se puede contratar a un Rappitendero durante un tiempo para una labor específica, mucha gente empezó a pedirles que les ayudaran a ir al cajero por dinero en efectivo.

“La base de todo es nuestra tecnología, la que desarrollamos desde un inicio, porque tiene la cualidad de adaptarse a lo que sea. Es también con ella que, silenciosamente, hemos contratado al mejor talento de Latinoamérica. Hoy, ya tenemos 700 desarrolladores con una cultura de clase mundial”, explica Felipe Villamarín, cofundador y director global de Producto y Tecnología.


Si queda duda de la capacidad innovadora de Rappi, cabe mencionar que, hace unos meses, le dio la vuelta al mundo un plan piloto que, junto a la startup KiwiBot, se implementó en la ciudad de Medellín, Colombia, con 15 robots que hicieron 120 entregas diarias de pizza.

“Creo que Rappi será, en un futuro, el Amazon de América Latina. En cuatro años se expandió a nueve mercados y creó un producto que los consumidores adoran profundamente; esto, en un mercado donde el ecosistema de venture capital y de startups aún se está desarrollando”, apunta Anu Hariharan, partner del Y Combinator Continuity Fund.

MÉXICO Y UNA INESPERADA PANDEMIA

Tal como lo mencionó al principio Sebastián Mejía, el primer integrante de Rappi en mudarse a nuestro país para iniciar operaciones, México ha sido uno de los objetivos primordiales para la compañía, lo cual hoy se refleja en que tiene presencia en un total de 31 ciudades del país, con 40,000 repartidores.

En nuestro país, el negocio es encabezado por Alejandro Solís, su Country Manager, quien relata que, además del desarrollo que ha tenido su rama tradicional de pedidos de alimentos (que ya cuenta hoy con 15,000 restaurantes registrados), también ha despegado notablemente en otras áreas donde ofrece sus servicios.

“México es muy relevante para Rappi. Tenemos aquí varias verticales que han crecido de manera importante, como lo es, por ejemplo, la parte de supermercados, que hoy la trabaja un 30% de nuestra flota de vehículos, principalmente autos, o la de farmacias, que cuenta con 2,000 puntos de venta. También estamos trabajando para brindar buena experiencia en Rappi Mall, tratando de generar entregas en menos de 60 minutos”, relata.

Es en medio de este crecimiento de los negocios adyacentes donde la compañía está empujando también el nacimiento de uno nuevo aquí en México: RappiBank, una solución fintech que nace tras una alianza con Banorte, con el objetivo de proveer servicios financieros.

rappi repartidor motocicleta
Foto: © Angélica Escobar/Forbes México.


“Lo que queremos es convertirnos en el banco digital más grande del país. Ellos [la gente de Banorte] tienen una gran experiencia; nosotros tenemos ese contacto con las nuevas generaciones. Entonces, hacemos un complemento muy bueno. Vamos a trabajar en la colocación de tarjetas de crédito, ofreciendo, inicialmente, una propuesta de valor y rompiendo con malos tratos administrativos”, dice Solís.

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La nueva apuesta en México llega en un momento muy positivo para la compañía. La pandemia de Covid-19 ha hecho que, tanto en nuestro país como en toda América Latina, se registre un crecimiento en la demanda de sus servicios.


En un estudio reciente, la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) advirtió que los servicios de solicitud de comida a domicilio, productos de supermercado o de farmacias fueron los que más crecieron durante la pandemia, alcanzando entre un 40 y 60% más de interés.

Por otro lado, Sensor Towers, una firma dedicada a rastrear datos de aplicaciones móviles, advierte que Rappi ha contabilizado 3.5 millones de nuevas descargas en México en lo que va del año, acumulando 13.9 millones de instalaciones a nivel mundial en 2020.

Las descargas alcanzaron su punto máximo en abril, con 602,000, casi el doble que en enero, cuando la cuenta de descargas marcó 317,000.

“Nosotros tuvimos una ventaja muy importante, y es que, desde que la pandemia comenzó a crecer, nuestros inversionistas en Asia nos fueron dando información sobre lo que estaba pasando; fue así como pudimos anticiparnos [y tomar las medidas pertinentes]”, menciona Borrero.

EL FUTURO

A partir de este notable crecimiento, fomentado en parte por el confinamiento de millones de personas en sus casa, ahora la pregunta ineludible es ésta: ¿Cómo se visualiza Rappi de cara a los próximos años? Simón, Sebastián y Felipe, quienes esperan que la compañía este año repita el crecimiento de 3x que históricamente ha tenido cada 12 meses (algo que cada año resulta más complicado, pero que siempre acaba lográndose), tienen varias ideas en mente. La primera es que seguirán trabajando para posicionarse como una empresa multivertical que permita a sus usuarios experimentar la compra de sus bienes y su recepción en un máximo de una hora.

Asimismo, comenta Simón Borrero, continuarán empujando sus verticales relacionadas con temáticas de entretenimiento, fomentando prácticas como live shopping, que permitan a las personas divertirse al realizar sus compras, apoyadas por la gama de servicios financieros que podrán tener en sus manos. Pero las cosas no se quedarán aquí.

Los fundadores del gigante colombiano ya han definido claramente que este crecimiento debe ir apoyado por una eventual salida al mercado de valores, con la mira puesta en Nasdaq.

“La idea es que el IPO sea para nosotros como una ronda adicional a las que ya hemos tenido. Nuestro plan es seguir construyendo valor; pero sí, Dios quiera que pronto podamos hacerlo”, dice Borrero, quien es secundado por Sebastián Mejía.

“Todavía no existen planes al 100%, pero es una acción natural por la que tendríamos que pasar. Lo tendríamos que hacer donde están presentes las mejores empresas de tecnología del mundo”, comenta a Forbes México.

Con todas estas acciones, la compañía está sólidamente apuntalada y ahora aspira a conseguir, en los próximos 24 meses, algo que la pondría en la cumbre: superar en Gross Merchandise Value (GMV, la métrica que mide el valor bruto transaccionado en las plataforma de comercio en línea) a Mercado Libre, con lo que pasaría a ser la empresa de tecnología más importante de la región.

Pero no todo es miel sobre hojuelas, y es que la firma aún tendrá que demostrar rentabilidad. A principios de este año, en un movimiento que coincidió con una ola de despidos en varias empresas del portafolios de SoftBank, luego que Son las incitara públicamente a crecer con eficiencia, la empresa despidió al 6% de sus empleados.

También queda pendiente la discusión sobre su relación laboral con los Rappi-tenderos, que permea todas las plataformas de la economía colaborativa y que recientemente se ha agitado con protestas en diversos países.

Lo que es claro es que, a pesar de todo, la firma ya es un referente latinoamericano del emprendimiento, explica Santiago Zavala, partner de 500 Startups en la región.

“Lo que ha hecho Rappi, prácticamente desde que estuvo en el Demo Day de Y Combinator, es que abrió la mente de los inversionistas del mundo; los hizo voltear a ver qué es lo que está pasando al sur [del continente], ayudando a posicionar mucha atención en la región”, apunta.

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Emprendedores

Cómo dos colombianos revolucionan la industria textil con ropa hecha con plástico del mar

Dos emprendedores paisas construyen un negocio de ropa de playa con plástico reciclado del mar. Ya exportan a Panamá y Guatemala, y apuntan a llegar a Chile y Puerto Rico. Esta es su historia.

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Daniel Velásquez, CEO y fundador de Bohio Playa, y Juan Camilo, director de estrategia | Crédito: Bohio Playa

En Envigado, un municipio de un poco más de 228.000 habitantes, ubicado a un par de minutos de Medellín, Antioquia, dos hermanos construyen un negocio sostenible que apunta a conquistar todo Centroamérica y un par de países de Suramérica. Se trata de una empresa que nació hace un poco más de cinco años, pero la cual ha logrado un crecimiento acelerado por su ambicioso concepto: hacer prendas de vestir con plástico sacado del mar.

“La empresa nació del amor hacia el mar y hacia la inspiración. Siempre me movía mucho la estética y la discografía del Joe Arroyo, Diomedes Diaz y el Grupo niche. Esa onda ochentera. Entonces como yo soy también soy musico, yo utilizaba mucho la inspiración y el ‘styling’, vistiendo a una banda de la cual fui parte. Ahí fue que nació mi interés por la moda y la idea de negocio”, cuenta a Forbes Daniel Velásquez, CEO y fundador de Bohio Playa.

Bohio, que traduce cabaña o kiosko, ofrece una solución textil para la playa, pero bajo el concepto de una tela que es fabricada a base de los plásticos y desechos que se retiran del mar. “Nosotros decíamos qué bacano sería tener unas prendas cool, bacanas, con diseños originales, pero también que podamos aportar algo por el medio ambiente. Desde ahí empezamos a investigar y encontramos proveedores que tenían tela terminada con todos estos plásticos que salían del mar”, añade Juan Camilo, quien es la cabeza financiera y está detrás de la estrategia de expansión de la marca.

Bajo este concepto, y empleando adultos mayores cabeza de familia, en los últimos años han logrado reciclar aproximadamente 30.000 botellas en la fabricación de sus prendas Bohio.”Hemos ahorrado, agua, energía y otro tipo de insumos”, cuenta Camilo. “Se hace todo el tema de reciclaje de botellas y de plásticos que puedan servir. Se hace todo proceso industrial y se mezclan con la hilaza. Luego se empieza a tejer y queda el producto final”.

Gracias a su trabajo junto a entidades como Ruta N, Comfama o ProColombia, la empresa ha logrado un crecimiento acelerado en estos últimos años. Han logrado afinar su portafolio de producto, lo que les ha permitido tener una marca escalable.

“Nosotros empezamos en el 2015, y en pues digamos que en ese proceso de expansión nos asociamos los dos. “Es un emprendimiento que ya ha teniendo muy buena aceptación. Amerita que los dos estemos juntos y tengamos una sinergia para que la empresa crezca de manera exponencial”, dice Camilo, quien se unió con Daniel un par de años después de desarrollar la empresa.

Juan Camilo y Daniel participaron en Shark Thank Colombia.

“El primer mes vendimos $5 millones, ajustamos nuestro portafolio y el segundo ya vendimos $30 millones. El siguiente $70 millones y el año pasado vendimos $1.000 millones”, dice uno de los hermanos.

Hoy la empresa ya trabaja a nivel nacional, con distribuidores y puntos de venta propios. Además, exporta a Guatemala y Panamá, y próximamente apuntan a llegar a Chile y Puerto Rico. “Nosotros nos soñamos mucho todo Centroamérica, es muy interesante. Queremos llegar a México principalmente en Quintana Roo y queremos, a largo plazo, estar en Estdos Unidos, en Miami”, cuenta Camilo.

La internalización de la marca se ha dado gracias a la participación en Shark Thank Colombia, así como a las asesorías empresariales que han gestionado junto a Ruta N, por ejemplo. En este momento ya están vendiendo alrededor de 700 camisas al mes, con picos en sus mejores meses de 2.000.

Con estos números, cuenta Daniel, apuntan a llevar un Bohio a todas las playas del mundo, bajo el argumento que son prendas con un componente de sostenibilidad y producidas con plásticos del mar.

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Emprendedores

Colombia, el mejor país para emprendedoras en América Latina

Así lo destaca un informe global de Mastercard. Entre 58 naciones estudiadas, Colombia ocupa la posición 14, pero en América Latina, es el número 1 en condiciones para el emprendimiento femenino. En su posición global, Colombia mejoró frente a 2019 cuando ocupó el puesto 24.

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Bandera colombiana

De acuerdo con el más reciente informe de Mastercard sobre mujeres emprendedoras en el mundo, Colombia ocupa la posición 14 entre 58 naciones estudiadas. Sin embargo, en América Latina, es el mejor país en lo que a condiciones para el emprendimiento femenino respecta.

El informe también detalla que la excesiva representación de las mujeres en los sectores más afectados por la recesión económica, la pronunciada brecha de género en el ámbito digital en un mundo cada vez más virtual, y las crecientes presiones de las responsabilidades que corresponden al cuidado de los hijos son sólo algunos de los factores que las han dejado en una situación especialmente vulnerable.

En la reciente edición del Índice Mastercard de Mujeres Emprendedoras 2020 (Miwe, por sus siglas en inglés) se destacan, entre otras cosas, las contribuciones socioeconómicas de las mujeres empresarias de todo el mundo, además de proporcionar información sobre los factores que impulsan e inhiben su avance.

Lea también: Tres colombianas, entre las mujeres más inspiradoras de la minería en el mundo

Con un puntaje de 66,31, Colombia es el mejor país para mujeres emprendedoras de América Latina. La nación “ha notado un alto movimiento en el emprendimiento femenino impulsado por la necesidad y una alta representación de mujeres líderes de negocio reflejada en un 57%”, dice la firma al agregar que muy de cerca se encuentra Chile: 63.37 (puesto 27 global), Argentina: 62.86 (29), Brasil: 62.36 (32), México: 62.11 (34), Uruguay: 61.31 (35), Costa Rica: 60.88 (36), Perú: 59.71 (39) y Ecuador: 57.96 (41).

Según Janet Rivera–Hernández, vicepresidente de comunicaciones para Mastercard Latinoamérica y el Caribe, “para poder lograr impulsar una recuperación económica equitativa y sostenible es fundamental tener visibilidad de las diferencias de género en el panorama empresarial y su incidencia en ella”.

De acuerdo con la compañía, el informe se realiza mediante una metodología que “implica un análisis detallado a través de 12 indicadores y 25 subindicadores que abarcan resultados del avance, activos de conocimiento y acceso financiero, y condiciones empresariales de apoyo. El índice clasifica 58 economías individuales según su rendimiento durante el año pasado”.

Además, Mastercard resaltó que Israel encabeza la lista como el mejor país para las mujeres emprendedoras de todo el mundo, avanzando desde el cuarto lugar que ocupaba en el 2019. “Con la ambición de duplicar el número de mujeres emprendedoras en un plazo de dos años, el éxito de Israel ha sido impulsado por un apoyo institucional centrado en las pymes, su clasificación de “Apoyo a las pymes” lo catapultó del 42º lugar en 2019, al primer lugar en el 2020″.

Lea el informe completo aquí.

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Vozy levanta US$800.000 con su servicio de voz con inteligencia artificial

El CEO de Vozy Humberto Pertuz dice que los recursos ayudarán a impulsar su operación en México y Perú.

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Humberto Pertuz, CEO de Vozy. Foto: Vozy.

“Al principio de la pandemia pensábamos que todo esto se iba a cancelar”, relata a Forbes el ingeniero de sistemas barranquillero Humberto Pertuz sobre sus intenciones de Vozy, la compañía de inteligencia artificial conversacional que cofundó, de cerrar una ronda de inversión a principios de este año. “Se pausó todo por un tiempo, pero pudimos retomar el proceso por videollamadas”.

La compañía basada principalmente en Medellín, acaba de cerrar una ronda de inversión semilla de US$800.000, en la que participaron inversionista como Arkfund de México, SC Ángeles de Bolivia, Enlace Red de Ángeles de República Dominicana, Wayra Telefónica en Colombia, Magma Partners de Chile y Ángeles inversionistas como Alexander Torrenegra, entre otros.

Con un equipo de 35 personas repartidas entre Medellín, Bogotá, Armenia, México y Centroamérica, Vozy, que recientemente fue presentada en Forbes como una de las 100 mejores startups de Colombia, es una plataforma de voz con Inteligencia Artificial que ayuda a las empresas a cambiar la forma como interactúan con sus clientes, usando asistentes de voz e inteligencia artificial (AI) conversacional.

Humberto Pertuz la cofundó junto a Ricardo Marín y Alejandro López, pensando en transformar las comunicaciones empresariales. Durante la pandemia Vozy ha logrado un incremento de 600% en sus servicios, siendo Colombia el país con mayor crecimiento, particularmente en las industrias de salud y finanzas.

Con los fondos frescos, Vozy pretende fortalecer su presencia en Colombia y México, con compañías trabajando en la industria financiera. La firma alega tener entre sus clientes a Bancolombia, Scotiabank, Grupo Éxito, HDI, Sura, Mapfre, Teleperformance, Emergia BPO, Allianz y Telefónica.

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“La apuesta de Vozy dentro de las tecnologías de voz es Lili, una asistente de voz con inteligencia artificial que automatiza la gestión de servicio al cliente, para que el recurso humano se enfoque en los casos que requieren más atención”, explican en la compañía.

Uno de los casos de éxito más destacados en Colombia es Sura, que, como consecuencia de la pandemia, aumentó el volumen de llamadas a todas las centrales y sus agentes se saturaron, no lograron atender todas las solicitudes y no pudieron priorizar las llamadas de personas con sospecha de contagio. Ante esta situación, Sura tuvo que asignar más agentes a su campaña de atención al usuario Covid-19.

Con la puesta en marcha de Lili Assistant en los canales de atención y su dialogo creado de acuerdo a los lineamientos de la OMS, Sura ahora puede dar respuesta a todas las llamadas de manera automática en su primer contacto, priorizar y enrutar solicitudes ofreciendo la opción de autoservicio y escalar a un humano si es necesario.

“Desde 2016, hemos ayudado a cientos de empresas a interactuar con sus clientes. Primero a través de un sistema cloud phone y, posteriormente, a través de Lili, asistente de voz de inteligencia artificial y experiencias basadas en conversaciones. Es por eso que creemos que la inteligencia artificial conversacional y de voz, es la mejor manera de generar compromiso, tanto para los clientes como para las empresas”, indica Pertuz.

Vozy usa tecnología propia, enfocada en brindar la mejor experiencia al cliente, tratando de resolver los problemas del usuario en el primer intento con todos los acentos locales de América Latina, desarrollados con su equipo de inteligencia artificial (AI) y además genera conversaciones fluidas, generando una mejor experiencia, similar a una conversación con un humano.

Esta plataforma hace parte de Apps.co, una iniciativa liderada por el Ministerio TIC de Colombia, es una de las once empresas seleccionadas para hacer parte de la fase Team Startup Colombia 2020, que busca promover el desarrollo y fortalecimiento de empresas digitales mediante el diseño, medición y ejecución de un plan de posicionamiento que facilite la visibilidad, relacionamiento, reconocimiento y empoderamiento a nivel nacional e internacional.

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El Anti-Facebook: el cofundador que dejó la red social y ahora tiene una exitosa plataforma laboral

Hace casi una década, el compañero de cuarto de la universidad de Mark Zuckerberg se convirtió en el multimillonario más joven del mundo hecho a sí mismo moviéndose rápido y rompiendo cosas. Ahora Moskovitz sacó a la bolsa su plataforma en la nube, Asana, una historia de éxito de software impulsada por la paciencia y la pandemia.

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Foto: Christie Hemm Klok para Forbes.

En el Museo de Arte Moderno de San Francisco, la alegre música de sintetizador anuncia la llegada de Dustin Moskovitz. Vestido con un pantalón gris oscuro desabrochado, jeans y zapatillas de deporte blancas, con la barba muy recortada, sube al escenario con un micrófono y un clicker de presentación antes de sumergirse en una rápida descripción general de la nueva apariencia de Asana, su aplicación de trabajo colaborativo.

El calendario dice el 16 de julio, pero Moskovitz no está en el museo ese día. Realizado en medio de un resurgimiento del coronavirus en California, su discurso de apertura, grabado en un auditorio vacío y transmitido en YouTube, dura cinco minutos. No importa: en todo caso, la falta de una audiencia es bienvenida para el discreto director ejecutivo, que expone con total naturalidad su visión del futuro del trabajo, al estilo de Asana.

Moskovitz, de 36 años y con un patrimonio neto de 14,200 millones de dólares (mdd), mejor conocido como el cofundador de Facebook junto con Mark Zuckerberg. Fue el multimillonario más joven del mundo durante unos años a partir de 2011. Pero durante los últimos doce años desde que dejó la red social de alto vuelo, Moskovitz y el otro cofundador de Asana, Justin Rosenstein, de 37 años, han estado ocultos, trabajando silenciosamente detrás del gigante de Zuckerberg, para resolver un problema milenario: cuánto esfuerzo desperdiciamos en el meta-trabajo en torno al trabajo.

Moskovitz recuperó su propio control al rechazar con firmeza el estilo de carga dura de Silicon Valley. Una vez sumergido en la cultura de Facebook de “moverse rápido y romper cosas”, Moskovitz ha tenido cuidado de diseñar Asana de una manera más deliberada. Con cuidado de ser otro unicornio instantáneo, su software se ha centrado en la viabilidad a largo plazo, con una regla (por décadas): de no aumentar su número de empleados en más del doble en cualquier año.

Con un valor de 1,500 mdd en noviembre de 2018, Asana opera sin exageraciones ni recaudaciones de fondos llamativas. Eso está en marcado contraste con su competencia, que incluye monday.com, un negocio de administración de equipos con sede en Nueva York y Tel Aviv avaluado recientemente en 2,700 mdd, y Notion, una aplicación de toma de notas de próxima generación por un valor de 2,000 mdd. Parte de eso, se debe a su autodenominado “introvertido” CEO. Moskovitz admite que accedió a hablar extensamente con Forbes solo porque sus ejecutivos de relaciones públicas prometieron que no tendría que hacer más entrevistas durante el resto del año.

“Se necesita tiempo para construir la bola de nieve”, dice, refutando la idea de que estaba deliberadamente haciendo crecer el negocio lentamente. “El objetivo era ser rápido, pero rápido a largo plazo, no rápido a corto plazo. Ahora vamos a cosechar las recompensas que sembramos”.

De hecho, Asana está ganando velocidad. Toda la evidencia apunta a un año récord, gracias, en parte, al Covid-19 y la forma en que están cambiando los lugares de trabajo. (La compañía se negó a comentar sobre las finanzas porque se encuentra en un período tranquilo antes de una Oferta Pública Inicial [OPI], que probablemente ocurrirá este otoño). El tráfico a su sitio web ha aumentado aproximadamente un 24% desde febrero, y se espera que los ingresos alcancen los 236 mdd, un aumento del 66% con respecto al año anterior. Es suficiente para colocar a Asana en el puesto 17 en el Cloud 100 de este año, nuestra clasificación anual de las principales empresas privadas de computación en la nube del mundo, en comparación con el puesto 41, que ocupó el año pasado.

“Estábamos un poco sorprendidos y frustrados por la cantidad de nuestro tiempo colectivo que se dedicaba a tratar de establecer la claridad y hacer que todos estuvieran en la misma página”, dice Moskovitz en una videollamada reciente.

En la actualidad, los empleados de más de 75.000 empresas, incluidas AT&T, Google y la NASA, utilizan el software de Asana para ayudarles a recuperar el control de sus días gestionando todo, desde la redacción de un memorando hasta la planificación de un evento. (Pronto, su aplicación impulsada por IA incluso establecerá agendas y sugerirá formas de hacer que los días laborales sean más eficientes).

Moskovitz recuperó su propio control al rechazar con firmeza el estilo de carga dura de Silicon Valley. Una vez sumergido en la cultura de Facebook de “moverse rápido y romper cosas”, Moskovitz ha tenido cuidado de diseñar Asana de una manera más deliberada. Con cuidado de ser otro unicornio instantáneo, su software se ha centrado en la viabilidad a largo plazo, con una regla (por décadas): de no aumentar su número de empleados en más del doble en cualquier año.

Con un valor de 1,500 mdd en noviembre de 2018, Asana opera sin exageraciones ni recaudaciones de fondos llamativas. Eso está en marcado contraste con su competencia, que incluye monday.com, un negocio de administración de equipos con sede en Nueva York y Tel Aviv avaluado recientemente en 2,700 mdd, y Notion, una aplicación de toma de notas de próxima generación por un valor de 2,000 mdd. Parte de eso, se debe a su autodenominado “introvertido” CEO. Moskovitz admite que accedió a hablar extensamente con Forbes solo porque sus ejecutivos de relaciones públicas prometieron que no tendría que hacer más entrevistas durante el resto del año.

“Se necesita tiempo para construir la bola de nieve”, dice, refutando la idea de que estaba deliberadamente haciendo crecer el negocio lentamente. “El objetivo era ser rápido, pero rápido a largo plazo, no rápido a corto plazo. Ahora vamos a cosechar las recompensas que sembramos”.

De hecho, Asana está ganando velocidad. Toda la evidencia apunta a un año récord, gracias, en parte, al Covid-19 y la forma en que están cambiando los lugares de trabajo. (La compañía se negó a comentar sobre las finanzas porque al momento de la entrevista se encontraba en un período hermético antes de la salida a bolsa que ocurrió este otoño). El tráfico a su sitio web ha aumentado aproximadamente un 24% desde febrero, y se espera que los ingresos alcancen los 236 mdd, un aumento del 66% con respecto al año anterior. Es suficiente para colocar a Asana en el puesto 17 en el Cloud 100 de este año, nuestra clasificación anual de las principales empresas privadas de computación en la nube del mundo, en comparación con el puesto 41, que ocupó el año pasado.

Asana
El cofundador de Asana, Justin Rosenstein, sirvió durante mucho tiempo como el contraste extrovertido de Moskovitz antes de dar un paso atrás en 2019. Dice Rosenstein: “Hasta donde yo sé, somos las dos personas en la tierra que más han pensado en el problema de la gestión del trabajo”.

Moskovitz tenía solo 19 años en 2004 cuando ayudó a iniciar Facebook con su compañero de cuarto, Zuckerberg, en su dormitorio de Harvard. Un año y medio después, se retiró y se mudó a Silicon Valley con Zuck. Tenía 23 años cuando, como jefe de ingeniería en una de las empresas de tecnología de más rápido crecimiento de la historia, conoció a Rosenstein, un pez gordo un año mayor a quien Facebook le había robado a Google a principios de 2007. El hijo de un psiquiatra y profesor de un pequeño pueblo de Florida, Moskovitz era conocido en Facebook por sus proezas de codificación maratón, pero por lo demás prefería mantenerse en un segundo plano. Un nativo del Área de la Bahía (San Francisco) y graduado de Stanford, Rosenstein fue su complemento perfecto: un genio artístico y sociable del producto que ayudó a desarrollar el popular servicio de chat de Gmail.

En ese momento, Moskovitz pasaba los fines de semana y las noches construyendo un administrador de tareas simple para que el equipo de productos de Facebook rastreara sus proyectos, y Rosenstein reveló que había manipulado una herramienta interna similar en Google. Uniendo fuerzas, pasaron los siguientes meses trabajando a tiempo completo en Tasks (Tareas), que se extendieron por Facebook para incluir agendas, gestión de productos e incluso un poco de seguimiento de inventario de equipos de oficina.

Pronto, se sintieron seguros de que para construir correctamente las herramientas que querían, necesitaban dejar el nido de Facebook. “Estábamos bastante convencidos de que habría algo como Asana en el futuro, incluso si no fuéramos los que lo construyeran”, dice Moskovitz.

No era bullicioso como una red social, ni conceptualmente ambicioso como cohetes o inteligencia artificial. Pero incluso las empresas espaciales más importantes y las organizaciones sin fines de lucro que luchan contra las enfermedades deben coordinar al personal. Asana, que los ávidos entusiastas del yoga nombraron por una palabra sánscrita que significa alineación, podría ayudarlos a todos. “Se sintió como una oportunidad a la que no podíamos decirle que no”, dice Rosenstein.

Desde una oficina sucia en la parte este del distrito Mission de San Francisco, Moskovitz y Rosenstein recaudaron fondos iniciales de un socialité de la cúpula tecnológica del Área de la Bahía, incluidos los veteranos de Facebook, Zuckerberg, Sean Parker y Peter Thiel. Pero en privado, muchos se mostraban escépticos, dice Eric Ries, amigo de Moskovitz, autor de The Lean Startup. “Simplemente no parecía que fuera a ser grande”. Liberados de las típicas presiones de levantamiento de capital de una startup, Moskovitz y Rosenstein pasaron meses codificando y hablando con clientes potenciales antes de enviar la primera versión de su producto en noviembre de 2011. Cuando lo hicieron, lo mantuvieron gratis durante los primeros seis meses. La idea: enganchar a los usuarios, luego vender una versión premium, usando un poco el libro de jugadas “freemium” utilizado con gran efecto por Dropbox y Zoom.

Asana
Asana contrató a Sonja Gittens Ottley (izquierda) como su jefa de Diversidad e Inclusión en 2015, y a Anna Binder como “jefa de personas” en 2016. Hasta el año pasado, el 41% de sus empleados eran mujeres y el 49% se identificaba como no blanco. Foto: Christie Hemm Klok, para Forbes.

Asana presentó una versión paga de su producto en 2012 (ahora cobra 10,99 dólares al mes por persona), pero se resistió a contratar un gran equipo de ventas, prefiriendo encontrar clientes principalmente a través de tácticas baratas de optimización de motores de búsqueda y el boca a boca. En el mercado de software en línea G2, con sede en Chicago, Asana se puso de pie cuando un nuevo director de marketing quiso rastrear el tráfico y los objetivos de ingresos de su equipo y luego extenderse a sus más de 250 empleados en todo el mundo. En la empresa alemana de calefacción y refrigeración Viessmann, ahora uno de sus clientes más importantes, más de 2,500 empleados utilizan las herramientas de Asana, junto con el conjunto de productos de Google. El liderazgo corporativo lo utiliza para mapear los lanzamientos de productos. Esa flexibilidad ha sido clave para el éxito de Asana.

Internamente, Moskovitz y Rosenstein se tomaron su tiempo para crear su cultura corporativa idealizada. Entrevistaron a expertos, trajeron asesores ejecutivos y seleccionaron a un jefe de diversidad e inclusión y a un “jefe de personas” a lo largo de los años para hacerlo bien. Moskovitz, que pasó años estudiando el budismo y las estrategias de liderazgo, creó un organigrama de la empresa con él mismo en la parte inferior, para representar el tronco del árbol de la empresa.

Asana evita los títulos ejecutivos tradicionales y, en cambio, convierte a las personas en jefes de un tema o resultado empresarial en particular. Moskovitz dice que es correcto que una empresa centrada en un mejor trabajo en equipo también invierta en ella: “Queremos practicar lo que predicamos, descubrir qué es lo mejor y exportarlo”.

En el camino, Moskovitz también subió de nivel como líder. Conocido por su temperamento como veinteañero en Facebook, dice que ha aprendido a no agonizar tanto por los reveses. Invoca un dicho del experto en mindfulness Jon Kabat-Zinn: “No puedes evitar que las olas vengan, pero puedes aprender a surfear”. “Tuvimos una conversación hace cinco o seis años sobre la idea de que todo el mundo tiene una edad interna en la que siempre ha estado toda su vida”, dice Scott Phoenix, fundador de Vicarious, una startup de inteligencia artificial general y la única inversión de Moskovitz, para la cual se desempeña como director de la junta. “Le pregunté a Dustin cuál era su edad interna, y dijo que probablemente era como 112”.

Moskovitz pasó otra prueba en 2019, cuando Rosenstein dejó las operaciones diarias para un puesto a tiempo parcial en la junta directiva. En ese vacío entró Moskovitz, ahora no solo el CEO, sino también la única cara de Asana. Su próximo gran paso fue finalmente hacer pública su empresa. Asana se estrenó en la Bolsa de Nueva York el pasado 30 de septiembre con un precio inicial de 21 dólares por acción. “No creo que los haya escuchado hablar sobre ganancias”, dice Diana Chapman, una entrenadora de liderazgo que asesora no solo a Moskovitz y su equipo de liderazgo, sino también a su madre, así como a su esposa, Cari Tuna. (Una exreportera del Wall Street Journal, Tuna supervisa los esfuerzos filantrópicos de la pareja, que ha firmado el Compromiso Giving.) 

Con la riqueza que ha ganado Dustin, toma [su responsabilidad para con los demás] como una tarea sagrada para hacer todo lo posible. Moskovitz dice que le resulta más fácil motivarse para ir a trabajar en estos días, con muchos clientes que buscan apoyo en Asana, que “cuando la empresa estaba empezando hace una década”.

“Si no valía la pena resolver este problema o no era un negocio viable, simplemente me detendría”, dice. “Nuestra misión es muy adecuada para este momento y estamos entusiasmados con la oportunidad”.

Por: Alex Konrad | Forbes Staff

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Emprendedores

Cómo Mi Águila convirtió su firma de transporte en una de comercio electrónico en tiempo récord

Bruno Ocampo y Andrés Blumer, cofundadores de Mi Águila, contaron a Forbes su hazaña de transformación que les permitió no solo sobrevivir al golpe de la pandemia, sino también multiplicar su crecimiento como compañía.

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Bruno Ocampo y Andrés Blumer, CEO y COO de Mi Águila. Foto: Mi Águila.

Al día siguiente que en Colombia se decretara cuarentena total en marzo ante la incertidumbre de la propagación del COVID-19, el CEO y COO de Mi Águila, Bruno Ocampo y Andrés Blumer, plataforma de la que son cofundadores, empezaron a recibir llamadas de sus clientes.

En los últimos años habían estado consolidando una plataforma de transporte corporativo, que además de tener una flota propia de conductores a bordo de cómodas camionetas blancas, le permite a las empresas gestionar sus usuarios, limitar presupuestos y monitorear el consumo en tiempo real.

“Uno de los productos estrella son las rutas corporativas para compañías que tienen que mover miles de trabajadores, enrutando los vehículos y haciendo llegar a sus casas en el menor tiempo posible”, dice Blumer a Forbes. “La cuarentena golpeó fuertemente al sector transporte y nosotros no fuimos la excepción”.

En las llamadas, los clientes advertían que por medidas de teletrabajo la mayor parte de los servicios se veían reducidos. Pero junto a su equipo, Ocampo y Blumer pensaron rápido: mientras la demanda en transporte disminuía, reduciendo sus ventas en un 85%, la de los supermercados aumentaba.

A los siete días de haber iniciado la cuarentena, su tecnología y su flota estaba al servicio de tiendas minoristas. “Vimos la oportunidad del transporte de última milla”, comentan. “Hablando con varios supermercados, detectamos que no querían depender de plataformas de domicilios como Cornershop o Rappi porque viene un costo grande de sacrificar la relación con el usuario final, parte del margen y volverse dependiente de un jugador que está por fuera de la cadena”.

De repente, todo el escuadrón de los mejores ingenieros de Mi Águila estaba creando una solución robusta y escalable de comercio electrónico, que se complementaba con su experiencia en transporte, que pudiera encajar en las necesidades de supermercados que no tuvieran presencia en línea.

El primer cliente en creer en la propuesta fue D1 de Grupo Koba, que en abril lanzó su tienda en línea utilizando la plataforma y la flota de Mi Águila.

Los conductores de Mi Aguila se le midieron a entregar domicilios de supermercados. Foto: Mi Águila.

Una de las ventajas que han tenido es que los algoritmos de agrupación inteligente de pasajeros les han funcionado para buscar eficiencias en el ruteo de la distribución de los mercados, que pueden ir en hasta seis pedidos por vehículo.

“Estamos sujetos a cadenas de frío porque estamos hablando en muchos casos con productos refrigerados, contamos con 17 tipos de vehículos que van desde una moto hasta un vehículo que permita agrupar altos volúmenes”, expresa Bruno Ocampo, quien asegura que se están expandiendo rápido con este concepto en México, así como adelantan conversaciones en Perú, Ecuador, Uruguay y Brasil. “Crecimos el negocio, logramos disminuir la quema de capital y evitar el despido de la gente, reinventando el negocio”.

En los mercados donde no tienen flota, la idea es poder ofrecer la plataforma tecnológica. En algunos de los clientes ya representan el 30% de las ventas totales, que se apalancan en la solución tecnológico y en la entrega de los domicilios. A la fecha, Mi Águila, que en febrero solo transportaba pasajeros y no mercados, a nivel global ha entregado más de 15 millones de productos.

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