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Minas de carbón en pausa: la profunda crisis que embarga al sector

Lo que suceda con el carbón, será definitivo, no solo para el presente, sino para el futuro de Colombia. ¿Qué pasará con este sector?

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Foto: Drummond.

A medida que las oficinas quedaban desiertas y las fábricas reducían sus operaciones alrededor del mundo, como medida de prevención a la expansión del coronavirus, se disminuía la demanda de electricidad y el carbón alzaba sus señales de alerta.

Ese combustible fósil, que es el segundo producto que más ingresos aporta a las finanzas públicas de Colombia, por medio de impuestos y regalías, hace unas semanas registró un precio de 34 dólares por tonelada, que exactamente dos años atrás, alcanzaba los 116 dólares.

En terreno, el 2020 cerrará con una caída de 8 % del uso de carbón a nivel global, según la Agencia Internacional de Energía, que califica esta como la peor caída desde la Segunda Guerra Mundial.
La situación no podría ser peor. La baja de la demanda, el desplome de los precios y el reajuste por bioseguridad han obstaculizado con creces la operación de las compañías carboníferas.

En efecto tres de las minas más grandes del país están en pausa. Prodeco y Colombian Natural Resources (CNR) se vieron obligadas a suspender sus operaciones, mientras que los trabajadores de Cerrejón entraron en una huelga por un cambio en los turnos, que, según la compañía, se debe a esta nueva realidad.

La más grande de todas las carboníferas del país, Drummond, ha estado capoteando toda esta turbulencia, no solo para seguir operando, sino para mantener en pie la construcción de su nueva mina en Rincón Hondo (Cesar), que tiene licencia para arrancar actividades a comienzos del 2021.

“Tenemos unas fluctuaciones en los precios, que están bajos y que nos están golpeando a todos, pero estamos trabajando para atender bien a nuestros clientes, que es una base amplia y consolidada”, dice José Miguel Linares, presidente de Drummond, firma que prevé una reducción del 10 % de lo que tenía proyectado para la producción este año. “Podríamos cerrar el año con 30 millones de toneladas, siempre y cuando la lluvia nos lo permita”.

En medio de todo, Colombia ha perdido la capacidad de exportar 25 millones de toneladas de carbón en los últimos tres años, pasando de producir 90,5 millones de toneladas en 2017, a 65 millones de toneladas en 2020, según cálculos de la Asociación Colombiana de Minería (ACM).

“Esta no es la primera vez que ocurre una fluctuación, pero es la más profunda”, apunta Juan Camilo Nariño, presidente de la ACM, quien estima que se estarían disminuyendo unos $300.000 millones en regalías anuales para el país. “En una situación como esta uno debe tener una flexibilidad en los contratos, unas capacidades de maniobra de las compañías para poder moverse y ajustarse a esos nuevos precios, pero en Colombia eso no ha sido así, entre otras cosas, porque la competitividad del país para producir carbón se ha restado en los últimos cuatro años, por ejemplo, por decisiones judiciales, que vuelven a las operaciones más costosas”.

La Agencia Nacional de Minería reportó que, en el segundo trimestre de 2020, con 9,7 millones de toneladas, la producción cayó 48,8 %, en comparación con las 18,8 millones de toneladas en el mismo período del año previo, mientras que frente al primer trimestre, cuando se lograron 19,4 toneladas, se redujo en un 50 %.

“El complejo entorno nos ha llevado a enfrentar una situación económica muy difícil, registrando en los primeros seis meses del año el volumen más bajo de exportaciones en los últimos 18 años, lo que ha llevado a pérdidas por más de $368.000 millones”, comenta la presidente de Cerrejón, Claudia Bejarano. “Confiamos en que los ajustes organizacionales y las medidas que estamos implementando de forma responsable y consciente nos permitan asegurar nuestra supervivencia y lograr que podamos frenar y reversar esta tendencia negativa”.

Esta coyuntura ha requerido de una mayor gestión por parte de las compañías para cubrirse del riesgo a la baja, con mecanismos como coberturas de precios y divisas, sostiene Claudia Cañas, socia líder de Energía y Recursos Naturales de KPMG en Colombia. “Se necesita buscar de manera permanente opciones para generar mayores eficiencias en los procesos, incorporando la trasformación digital de principio a fin y mayor agilidad operacional que les permita conocer en tiempo real la información para la toma de decisiones correctas”.

De otra parte, el sector se enfrenta a un escenario que pide decisiones urgentes: la transición energética. La Agencia Internacional de Energía calcula que la participación de generación de energía a carbón pasará de 38 % este año a 4 % en 2040 y la Agencia Internacional de Energías Renovables afirma que, en 2021, las plantas de carbón con una capacidad de hasta 1.2000 gigavatios, serán más caras de operar que las nuevas plantas solares fotovoltaicas a gran escala.

Los países europeos, que encabezan esta agenda, llegaron a representar más de la mitad de las ventas de carbón colombiano en 2010, ahora solo ocupan el 7,7 %.

Por ello Colombia, que tiene 130.000 empleos en este sector, cuyas regalías corresponden al 79 % del total de las regalías mineras y que cuenta con reservas de 907 millones de toneladas de carbón como para los próximos 70 años, debe definir su estrategia en un mercado en declive y cada vez más apretado.

“Hay lugar tanto para el carbón como para las energías renovables. Y hay un lugar para que el carbón respalde las limitaciones de intermitencia de las energías renovables”, indica Michelle Manook, presidente de la Asociación Mundial del Carbón. “A la fecha, no hay un escenario creíble que incluya el 100 % en energías renovables. Así que esta es una realidad que todos deben reconocer y aceptar”.

Desde esa organización contradicen los otros cálculos y se mantienen en que el carbón seguirá siendo la mayor fuente de electricidad a nivel mundial, con el 25 % de la generación de energía, en 2040.

“Sería muy triste que el Gobierno deje de percibir esos ingresos, la generación de energía eólica y solar no van a traer los niveles de ingreso o de trabajo, ni el desarrollo a las comunidades que trae el carbón”, expresa Nicolás Arboleda, del área de práctica de Energía, Minera e Infraestructura de Baker McKenzie. “El mercado va abriendo alternativas y se pueden abrir puertas como Asia, porque mientras China, Indonesia e India sigan necesitando carbón, habrá demanda. Y mientras se desplaza la demanda, el país puede desarrollar una política que dé las herramientas para que esta industria, que es vital para el país, siga funcionando”.

El carbón también sigue siendo un componente esencial en la construcción, siendo base para el 70 % del acero y el 90 % del cemento en el mundo, sin reemplazo a corto plazo.

Juan Camilo Nariño, de la ACM, enfatiza que Colombia tiene la capacidad de producir 100 toneladas de carbón al año y que, si bien Europa ha dejado de comprar carbón para producir energía, hay países como Japón, China, Indonesia, Vietnam y Turquía, con planes para aumentar su generación de energía con carbón.

“El primer paso es abordar la idea errónea de que el carbón no puede ser limpio y que no ocupa un lugar legítimo en la transición energética con bajas emisiones de carbono”, enfatiza la presidente de la Asociación Mundial de Carbón Michelle Manook, quien expone que hay en desarrollo tecnologías limpias que tratan de reducir una variedad de emisiones, incluido el dióxido de carbono y que se podrían implementar a escala comercial. “Estas tecnologías, como High Efficiency Low Emissions (HELE), tienen como objetivo quemar carbón de manera eficiente y limpia para reducir las emisiones”.

Nariño insiste que la competitividad del país en producción del carbón se ha venido reduciendo por un “activismo judicial”, tras decisiones de las altas cortes. Uno de los casos controversiales es el del tajo La Puente, en La Guajira, luego de que Cerrejón desviara el cauce del arroyo Bruno, con licencias y consulta previa, cuya explotación quedó impedida por un fallo de la Corte Constitucional.

“Contar con reglas claras de juego contribuirá a asegurar la sostenibilidad de nuestras operaciones y nos permitirá poder atraer y mantener inversiones”, anota la presidente de Cerrejón, Claudia Bejarano.

Hay también un debate sobre cómo se están calculando las regalías sobre el precio de exportación y el precio interno del carbón, con lo que, según las compañías, el Gobierno les estaría haciendo pagar 1,3 dólares demás por tonelada. Desde el Ministerio de Minas y Energías no atendieron la entrevista prevista para esta historia.

Las carboníferas creen que no la tienen fácil para competir con otros grandes productores como Rusia, Australia y Sudáfrica, que, están más cerca de Asia, hacia donde se está moviendo la demanda. “Si no hay decisión del Gobierno, es posible que ninguna compañía sea viable a futuro”, concreta el presidente de Drummond, José Miguel Linares. “Si es bueno para nosotros, es bueno para Colombia”.

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