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Historias de pandemia: Cómo subir a un vuelo humanitario y no desfallecer en el intento

Una viajera colombiana cuenta cómo logró obtener un lugar en un vuelo humanitario y cómo fue su experiencia para llegar al país en medio de las estrictas medidas anti-Covid.

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Por: Nelly Acosta

Melissa Mora vivió una aventura de película, al conseguir un lugar en un vuelo humanitario de Estados Unidos a Colombia. Llegó a Florida el 6 de marzo a visitar a su familia; cuando escuchó en las noticias de una pandemia, no le tomó importancia, hasta que recibió un mensaje de su aerolínea: su vuelo había sido pospuesto.

“Cuando vi en las noticias que el Iván Duque había cerrado todo, sentí una gran angustia. Y conforme avanzaban los meses, encontraba cada vez más obstáculos para volver”, explicó Mely, como también la conocen. 

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El 25 de marzo, Colombia cerró sus fronteras, lo que significó que nadie podía salir del país pero tampoco entrar. Cada mes, la aerolínea le mandaba aviso de una nueva cancelación. 

“El primer mes en cuarentena estuve tranquila, en casa de unos parientes. Pasó abril. Llegó mayo… Las noticias me empezaron a mostrar un panorama desalentador y no encontraba asesoría por ningún lado”.

Escuchó entonces de los vuelos humanitarios. Mandó un correo al Consulado de Colombia en Miami, y se encontró con que para el 22 mayo, la lista de espera a esos vuelos era de 400 personas. Para julio, ya ascendía a 800. ¿Cómo podría ganar un lugar sin no tenía contactos en el gobierno o en alguna aerolínea?

“Entendí que el tema tenía más qué ver con la relación Colombia- Estados Unidos. Supe que lo mejor era estar informada, así que empecé a coleccionar todo tipo de artículos sobre el tema, a rastrear información en redes y cada ocho días mandaba un nuevo correo con mi solicitud para ser considerada”, narró esta profesional en administración financiera.

Probó suerte escribiéndole a una congresista colombiana en Miami, Claudia Bustamante, que encontró en redes; también mandó una nueva solicitud para vuelo humanitario, ahora al Consulado de Orlando. Su miedo eran los rumores que leía en redes, de que postularse más de una vez le podrían hacer perder su lugar. 

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“Me arriesgué y mandé una segunda solicitud, aprovechando que también tengo parientes en Orlando. Me contestaron rapidísimo, supongo que ayudó el titular que puse en el email: “Petición: mi madre está sola en Colombia”.

Al principio de la pandemia, Mely se enteró que un lugar en un vuelo de ayuda le costaría entre 3.000 y 2.000 dólares, algo que le resultaba muy costoso. Por ello, prefirió extender su Visa en EE. UU. y esperar a que su aerolínea reanudara operaciones, pues salir de Florida no era lo único que tenía que resolver: al llegar a Colombia debía estar en cuarentena en Bogotá, antes de poder desplazarse a Cali, en donde vive. Y ello implicaba encontrar un hotel que la recibiera. “Los precios eran altísimos, hasta de 2 millones y medio de pesos por noche”.

Mely jamás olvidará el 11 de julio del 2020. Llegó tres horas antes al aeropuerto, totalmente blindada: guantes, máscara, careta, doble sudadera con capucha y manga larga pese al calor… Infinidad de veces le tomaron la temperatura y le pusieron gel. Vio mucha gente mayor y en sillas de ruedas, queriendo viajar también. Pero era imposible: no se podía comprar un boleto a menos que se presentara un código especial, como el que ella recibió cuando le confirmaron su lugar en el vuelo humanitario. 

Después de un viaje de 3 horas con 20 minutos, el 11 de julio, llegó a Bogotá; durante el vuelo jamás se quitó la careta o guantes porque estaba completamente lleno, y recibía constantes visitas de las azafatas que le ofrecían gel y cuidaban las medidas de seguridad.

Al llegar a Colombia la recibieron con nuevos protocolos: más gel y una cámara de temperatura. Estaba tan tapada, que en una revisión el termómetro marcó 38 grados. Animada por el personal del aeropuerto, salió a tomar el aire, para volver a una nueva revisión.

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“Me sentía muy nerviosa. Lo que menos deseaba era terminar enfermándome en el viaje”.

Pero aún no terminaba su travesía. En Bogotá tenía que encontrar cómo llegar a su hotel y después, a la central camionera para viajar a Cali. “Encontré en Facebook un grupo que decía: “Transporte en Bogotá”. Me dio miedo y desconfianza, era ya muy noche”. Encontró otro grupo, llamado “Colombianos varados en el mundo” y ahí encontró tips que le resultaron útiles. Cuando logró llegar al hotel ya no quiso salir, compró comida por internet y se quedó ahí, dos noches encerrada, esperando la salida de su ‘bus’.

Después de 10 horas en bus, de nuevo protegida de pies a cabeza, Mely logró llegar a casa el 13 de julio. “Estoy ya con mis padres. Lo creí imposible. Por un momento creí que mi país ya no me recibiría”.

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