Las ventas de vehículos eléctricos están disparadas y Colombia ya es líder regional en esta industria. Hay incentivos para promover su crecimiento, pero aún hay baches en el camino que no permiten su masificación. ¿Cómo están las apuestas?

Cuando el veterano de la industria automotriz, Denis Barbier, habló sobre el alto potencial que tenía Colombia en la masificación de los vehículos eléctricos, sus argumentos no convencieron a muchos. Barbier, que para entonces se desempeñaba como líder de la multinacional Renault para la región de las Américas, consolidando una carrera de más de 27 años en el sector, venía de estudiar muy de cerca los mercados y sus oportunidades. Era febrero de 2011 y ya sea por intuición o estrategia, escogió al país para el desembarco de una flota piloto de 250 carros de esta tecnología en uno de los puertos del país.

“Colombia será el primer país de América en tener un vehículo eléctrico de Renault en las calles”, dijo el ejecutivo, tras firmar una alianza con EPM y Endesa, hoy Enel. Argumentando que esta movida permitiría examinar la viabilidad de esta industria en el país, sus palabras, más allá de un anuncio, fueron el punto de partida que desencadenó el desarrollo de esta industria, que hoy, nueve años después, no para de crecer a pesar de los amplios retos que se sigue encontrando en el camino.

El crecimiento es evidente y así lo respaldan las marcas y nuevos modelos que siguen entrando al país. Cifras de la Asociación Nacional de Movilidad Sostenible (Andemos) muestran, incluso, que en los últimos ocho años la industria ha acelerado a tasas superiores de la región, con un crecimiento mayor al 17.000 %. La razón: mientras en 2012 se matricularon 35 vehículos, al cierre de 2020 se llegaron a las 6.011 unidades.

“El sector de vehículos eléctricos e híbridos se destaca por encima del mercado automotor nacional. El brillante crecimiento se debe a que tenemos una política pública robusta y un marco interesante para la apropiación de esta tecnología”, le explica a Forbes Oliverio García, presidente de Andemos. “Vienen retos importantes y esperamos que los diversos actores sigan participando para que esta tendencia se siga consolidando en el mediano y largo plazo”.

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El potencial del que habla García, y que vio desde 2011 Barbier, se ha materializado en los últimos años gracias a los incentivos tributarios que ha desplegado el Gobierno y a unos beneficios adicionales que se han promovido desde las empresas y las regiones. Este conjunto de acciones han puesto a Colombia a la vanguardia de los grandes del negocio y lo han convertido en un líder regional en la venta de vehículos de bajas emisiones, muy por encima de países con amplio desarrollo automotriz como Brasil, México y Argentina.

The electronic plug-in is seen on a Panamera model at the factory museum of German sports car manufacturer Porsche in Stuttgart, Germany, October 30, 2017. REUTERS/Kai Pfaffenbach

“Colombia es el país líder de la región en venta de vehículos 100 % eléctricos, le siguen Republica Dominicana y Chile”, sostiene Juliana Rico, directora de la Cámara de la Industria Automotriz de la Andi. La ejecutiva, que ha trabajado en la promoción y desarrollo de esta industria, ratifica que las proyecciones apuntan a que este año las ventas crecerán 20 %, pese a que se tendrá que seguir trabajando en algunos baches para la masificación de esta tecnología.

Las estimaciones de Rico van en línea con un estudio que desarrolló el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el que concluye que se espera que Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú tengan los mercados más grandes de vehículos eléctricos enchufables dentro de la región en la próxima década. “De acuerdo con los cálculos, las ventas anuales de los vehículos eléctricos en estos seis países podrían oscilar entre las 52.000 y 220.000 unidades en el 2023, dependiendo de los cambios regulatorios, la aceptación del consumidor y el desarrollo de tecnología”, dice el documento.

Estos tres aspectos, advierte García, serán sin duda los ejes de trabajo que debe resolver Colombia en el corto y mediano plazo de cara al desarrollo de esta tecnología en las calles. Hoy, el Gobierno Nacional, las empresas y los gremios trabajan en ejes estratégicos para eliminar estos cuellos de botella, pues de eso sin duda dependerá el impulso que tome la industria en los próximos cinco años.

Los baches en el camino

La infraestructura de carga, los costos, la dificultad de financiación y la conciencia social son algunos de los ‘peros’ que aún nublan el camino que enfrenta la movilidad sostenible el país. Si bien se destacan los buenos resultados en ventas y la apropiación de la tecnología, con marcas como Renault, BMW, BYD, Toyota y KIA, entre otros, los expertos y las empresas coinciden que hay retos que aún deben resolverse para sacar adelante el sector.

Uno de los ejemplos más claros es quizás la diferencia de precios que existe frente a un vehículo de combustión. Rico, de la Andi, sostiene que mientras la mayoría de los carros que se venden son de gama media-baja, con precios que oscilan entre los $25 a $35 millones en promedio, un vehículo eléctrico supera los $100 millones. “Esta es una gran barrera para los consumidores, pues a pesar de los beneficios ambientales que tienen estos vehículos y el ahorro en combustible, para muchos hogares aún no es posible acceder a este tipo de tecnología”.

El costo de fabricación de un motor eléctrico es significativamente más alto que un carro convencional, por lo que el precio final de un automotor se incrementa hasta en 80 % para un modelo de baterías. El Gobierno Nacional es consciente de la situación y ha tomado decisiones de política pública para la reducción de estos costos, reduciendo así a 0 % el arancel para su importación, exceptuándolos de pico y placa y estableciendo un impuesto vehicular de 1 % sobre el valor del automotor.

Todas estas medidas han permitido que la industria vaya en la dirección correcta, pese a que desde la Andi y Andemos advierten que son insuficientes. El motivo obedece a que, en medio de la plena recuperación económica, los hogares no están dispuestos a subirse a un eléctrico por sus altos costos, las dificultades de financiación y la falta de infraestructura. Ese último aspecto, uno de los puntos que más tiene peso en la disposición de compra de un vehículo de este tipo.

De acuerdo con el portal Electromaps, en este momento Colombia registra 69 electrolineras, de las cuales la mitad están en Bogotá y Medellín. Las empresas dicen que se está trabajando en nuevos puntos de carga, pero no hay incentivos claros para que sigan invirtiendo en nueva tecnología y más estaciones en el país.

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Juan Daniel Rueda, director de nueva movilidad de Terpel, le explica a Forbes que hoy, por ejemplo, tienen tres estaciones eléctricas de carga rápida y esperan sumar 27 más en los próximos años. “Hemos empezado a trabajar con nuestros clientes corporativos, buscando incentivarlos para que se migre a flotas eléctricas”, agrega. “Aún hay retos importantes, pero creo que vamos en la dirección correcta, con un equipo que sigue apostando por el desarrollo de estas nuevas tecnologías”.

Lucio Rubio, director general de Enel en Colombia, explica que desde Enel X, línea de negocio de Enel-Codensa, se está trabajando desde dos grandes líneas de negocio: infraestructura de recarga para la movilidad masiva e individual, y la adecuación de las redes eléctricas para atender la creciente demanda del sector. Más allá de los puntos de carga que se han adaptado para el transporte masivo, agrega que continúan expandiendo la red de puntos de recarga para vehículos eléctricos en Bogotá, para lo cual destinarán más de US$340 millones en este año.

“Actualmente la ciudad cuenta con 60 puntos de recarga de Enel X, instalados en nueve electrolineras, y 520 más en hogares y empresas de la capital. Nuestra meta es que, para 2023, la cifra de 580 cargadores aumente a 2.000 unidades”, agrega el directivo.

El Grupo EPM también tiene en operación 29 estaciones públicas de carga, de las cuales 20 son de su propiedad. La infraestructura, dicen desde la empresa, ofrece la capacidad instalada para atender una demanda estimada de cerca de 8.000 vehículos eléctricos conectables.

Aunque los avances de estas empresas han permitido escalar el negocio y ofrecer nuevas alternativas para la demanda, el lío de fondo, advierten los expertos, es que las inversiones aún son centralizadas y no se despliegan en todo el país. Esto genera que si una persona se quiere desplazar de un punto a otro aún no tiene las condiciones para cargar su vehículo durante todo el trayecto.

“Esos cuellos de botella se dan en gran parte de los países y ahí precisamente es que surgen esos retos en masificación e infraestructura. En la medida que se vaya encontrando una paridad en precios de combustión y movilidad sostenible, se dará mayor acceso a los vehículos y las empresas tendrán la oferta necesaria para desplegar inversiones para nuevos puntos”, sostiene el presidente de Andemos.

La radiografía que hoy se ve en el sector la ha leído muy bien el Gobierno Nacional, impulsando estrategias claves en este frente. En los últimos tres años, se han presentado y aprobado iniciativas en el Congreso, que han permitido que los incentivos tributarios vayan acompañados con estrategias de promoción para reducir las emisiones y la contaminación en las ciudades.

Todo este paquete ha generado, incluso, que en las ciudades principales se incluyan este tipo de tecnologías en los sistemas de transporte masivos tras millonarias inversiones para renovar los automotores. Bogotá, por ejemplo, prevé consolidar la flota eléctrica más grande de América Latina, con más de 1.000 buses eléctricos de la multinacional china BYD. Medellín le sigue a la vanguardia, junto a otras ciudades que siguen comprando unidades para descarbonizar el medioambiente.

Estas acciones en el sistema masivo son bien vistas porque permiten desplegar toda la tecnología desde los grandes automotores hasta los pequeños. Son, incluso, las mismas estrategias que se han implementado en países como Alemania y Suiza, donde se ha escalado el desarrollo de la electromovilidad a todos los tipos de transporte”.

De hecho, a propósito del rumbo que ya toma el sector, y con los baches que se siguen presentando para su masificación, en las últimas semanas se sumó el Congreso a esta discusión con el objetivo de abrir paso a nuevas inversiones en la industria. A través de un proyecto de ley, que presentó el senador Edward Rodríguez, se busca convertir a Colombia en un centro de la industria ensambladora de vehículos eléctricos para Latinoamérica.

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Dicen los expertos que aún es prematuro hablar sobre desarrollo y construcción de autos eléctricos, pese a que advierten que son pinos que fortalecerían al país como una potencia regional. En concreto, con esta iniciativa, se buscaría atraer la inversión de las empresas para el ensamblaje de vehículos eléctricos, a través de una serie de medidas que buscan disminuir los costos de aranceles e impuestos a las materias primas y acabados utilizados en la fabricación de este tipo de automotores.

Matthieu Tenenbaum, CEO de Renault-Sofasa, le explica a Forbes que por ahora no se tiene interés de ensamblar vehículos de esta tecnología en Colombia, pues “el mercado es bastante pequeño para justificar una inversión de este tipo”. Sin embargo, “veremos cómo va evolucionando el mercado, por lo que es una idea que queda para el futuro”.

Con todas estas cartas sobre la mesa, y los retos que aún se vislumbran en los próximos años, se prevé que de cara al corto plazo el crecimiento se mantenga a tasas más moderadas que no superen los dos dígitos, según advierten desde Andemos. De fondo, todo dependerá de la capacidad de Colombia para aceptar estas nuevas tecnologías y lo rápido que se mueva la industria nacional para ofrecer nuevas herramientas financieras que les permitan a los hogares colombianos subirse de una vez por todas a un carro 100 % eléctrico.