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¿Como evitar el Greenwashing, una práctica que amenaza el planeta?

¿Cómo alejarse de esta práctica que amenaza al planeta? Los expertos responden a la pregunta listando los cambios que debemos incorporar a nuestro estilo de vida.

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De acuerdo con lo emitido en el Foro de Davos, este 2022 las diferentes industrias en el mundo deberán tener una mayor participación para “responsabilizarse mucho más del impacto diario de su operación” y comprobar con más exigencia sus acciones. Lo cual supondrá un freno al greenwashing y conducirá a la hípertransparencia de las empresas.

El greenwashing es un neologismo que describe las estrategias diseñadas para comunicar en demasía las prácticas sustentables que realiza una firma, cuando en realidad su conducta daña el medio ambiente y entorno social.

Esto no siempre conlleva una intención clara de engañar, pues la sustentabilidad es un concepto que ha ido evolucionando con el paso del tiempo y a veces no queda del todo claro.

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“No es en blanco y negro. Hay una escala de grises para definir este tema, porque no existe nada que sea 100% sostenible, ecológico y que genere cero residuos”, afirma Mireille Acquart, directora general de Ethical Fashion Space, y se apresura a sumar que ello no justifica que se practique el greenwashing.

Para la también coordinadora de Alianzas Estratégicas de Fashion Revolution México, el problema radica en que, a veces, las firmas realmente no saben qué es exactamente la sostenibilidad.

Conscientes o no, es un hecho que la sociedad en su conjunto está consumiendo los recursos del planeta más rápido de lo que éste los puede regenerar. Por ello, “el calentamiento global es el gran reto de nuestra generación y de las futuras”, sostiene sin trabas Camilo Ramirez, director ejecutivo de Sistema B Colombia.

En sus palabras, algo muy importante en todo esto es la coherencia: “Digo una cosa, lo demuestro a través de mi modelo de negocios y tengo un impacto verificable en la sociedad y el medioambiente”, sostiene el representante de esta organización, con presencia en toda Latinoamérica, la cual certifica a las empresas que miden su éxito a través de tres indicadores: financiero, social y ambiental.

Responsabilidad compartida

Pero en este juego que todos jugamos, un hecho no debe pasarse inadvertido: los consumidores también tenemos responsabilidad en el cuidado del planeta. Para ello, se requiere una preocupación genuina por la ecología y el apego a un consumo responsable.

¿Realmente necesito ese producto? Sería una pregunta que las personas deberíamos hacernos antes de comprar algo. “Si lo vamos a comprar porque nos pareció buena idea, debido a que la etiqueta dice verde y 100% sostenible, creo que nos estamos equivocando”, resalta Acquart.

Pero si existe una preocupación verdadera por el ecosistema y la sociedad, los consumidores pueden volverse proactivos al verificar con mayor detalle la información que generan las marcas. También pueden ser más curiosos sobre el origen de lo que están consumiendo, de qué está hecho, o cómo se produce.

Las firmas comprometidas con esta tendencia acostumbran hacer pública y comprobable la información con respecto a su impacto social y ambiental, la cual puede ser consultada en su website por cualquier persona interesada.

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Otro punto relevante sería analizar si la marca ofrece una posibilidad de tratamiento post consumo, con la finalidad de saber qué se puede hacer con el producto al terminar su ciclo de vida útil.

De igual forma, el hecho de contar con alguna certificación internacional es un factor que le otorga credibilidad a la firma. En el caso del sello B, por ejemplo, garantiza que hay una coherencia en el actuar de las compañías.

Sin embargo, si una empresa no cuenta con una certificación eso no implica que no realice acciones a favor de la sostenibilidad. “Aunque sí son un buen parámetro”, resalta la directora de Ethical Fashion Space.

Las marcas deben recordar que la confianza lleva mucho tiempo en construirse, pero se pierde fácilmente. “Si haces algo mal, dices algo que no es verdad, seguramente tendrá malas consecuencias. Así que la recomendación para las empresas es evitar a toda costa hacer greenwashing; en tanto, el deber de los consumidores será informarse bien para no caer en la trampa”, resalta Ramirez.

Es evidente que hay una frágil preocupación por el medioambiente, que en su propia esencia conlleva confusión al utilizar mensajes vagos, imágenes que connotan amor por la naturaleza o ideas poco claras; todo forma parte de los discursos empleados por algunas marcas. Pero hay que reconocer que también responde a un consumo que más allá de apelar a una auténtica preocupación por el planeta, tiene un fuerte apego por las tendencias… siendo que el cuidado del hábitat no es una tendencia, sino un tema que debe abordarse con urgencia como una responsabilidad global.

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