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Cómo la nueva izquierda latinoamericana busca un futuro más verde

A medida que América Latina ve resurgir una “marea rosa”, con la mayor parte de la región perfilándose a ser gobernada por izquierdistas, el tono más verde de estos nuevos líderes contrasta con los “nacionalistas de recursos” de la vieja guardia.

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El principal candidato a la presidencia de Colombia, Gustavo Petro, quiere, si gana los comicios a fines de este mes, detener todas las nuevas exploraciones petroleras y llevar a su país a un futuro más verde.

Eso lo alinea con el recién electo presidente de Chile, Gabriel Boric, un milenial quien también se comprometió a adoptar una postura firme para abordar el cambio climático.

A medida que América Latina ve resurgir una “marea rosa”, con la mayor parte de la región perfilándose a ser gobernada por izquierdistas para fin de año, el tono más verde de estos nuevos líderes contrasta con los “nacionalistas de recursos” de la vieja guardia, que típicamente han visto el estricto control estatal de la energía y los metales como el mejor camino hacia el progreso económico y la autodeterminación.

¿El comodín? Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil.

El expresidente y favorito en las elecciones de octubre de su país ha sido identificado durante mucho tiempo con el apoyo al desarrollo petrolero, pero también está ansioso por contrastarse con el actual presidente de extrema derecha y escéptico del clima, Jair Bolsonaro.

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Los votantes colombianos acudirán a las urnas el 29 de mayo en una elección presidencial de primera vuelta en la que Petro, de 62 años, pretende catapultar a la izquierda a su primera victoria en décadas.

El exguerrillero convertido en político eligió a la activista ambiental Francia Márquez como su compañera de fórmula.

Márquez, quien sería la primera vicepresidenta afrocolombiana, enfatizó en una entrevista que ella y Petro no solo romperían con los conservadores del país, que durante mucho tiempo han abrazado el petróleo y el carbón, sino también con otros izquierdistas regionales como el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, un partidario de los combustibles fósiles.

“Es que los dos, la izquierda y la derecha, están fomentado una política del extractivismo, cuando hoy la humanidad tiene el desafío de hacer un tránsito de esa economía extractivista a una economía sustentable”, dijo Márquez, de 40 años, a Reuters.

Petro ha prometido congelar nuevas exploraciones de gas y petróleo, proteger los recursos hídricos y brindar más seguridad a los defensores ambientales en Colombia, el país más peligroso del mundo para tales activistas. 

Mientras tanto, en Chile se implementa una nueva ley que busca lograr la neutralidad de carbono para 2050. Las empresas deberán adaptarse a las nuevas “fronteras” establecidas para limitar las emisiones y la contaminación, dijo el viernes a Reuters la ministra de Medio Ambiente de Boric. 

Lula 2.0

En Brasil, la economía más grande de la región, Lula a menudo se remonta a la prosperidad que definió su período en el poder entre 2003 y 2011. En aquel entonces, un superciclo de materias primas impulsado por la creciente demanda china de acero, soja y otros bienes llenó las arcas del gobierno.

Lula también presidió el descubrimiento por parte de la estatal Petrobras de unos 50.000 millones de barriles de crudo en depósitos en alta mar, un hallazgo tentador que fue visto como un potencial cambio de juego para aliviar la pobreza.

En entrevistas recientes, el político de 76 años ha desestimado las sugerencias de que siga el ejemplo de Petro y evite proyectos petroleros potencialmente lucrativos.

Aun así, el senador Humberto Costa, un aliado cercano de Lula, ve una transición de energía verde más rápida en Brasil si la izquierda recupera el poder, incluida más generación solar, eólica y de biomasa.

“Creo que lo más nuevo serían las preocupaciones ambientales y energéticas”, dijo a Reuters, calificándolas como “más urgentes” que durante la gestión anterior de Lula.

El legislador también mencionó que Lula permitiría solo un “desarrollo autosostenible” en la selva amazónica, a diferencia de Bolsonaro.

Para los líderes izquierdistas latinoamericanos tradicionales, el control y uso de los recursos está ligado a un legado de explotación que se remonta a la época colonial, y sus políticas se centran en mantener las manos extranjeras y privadas lejos de sus riquezas naturales.

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López Obrador obtuvo el mes pasado el apoyo del Congreso para nacionalizar la explotación de litio, un metal crucial para baterías que México aún no produce. Desde entonces, el líder mexicano ha dicho que quiere unirse a Chile, Argentina y Bolivia para promover un desarrollo afín. 

También ha buscado fortalecer el dominio de la petrolera estatal Pemex y la eléctrica nacional CFE en sus respectivos sectores, cancelando las subastas petroleras y de energía renovable, y priorizando el despacho de energía de las plantas de CFE, a pesar de que en su mayoría queman combustible fósil.

En Bolivia, uno de los países más pobres de la región, la necesidad de impulsar el desarrollo mediante la explotación de yacimientos de gas ha chocado durante mucho tiempo con las preocupaciones ambientales.

El actual presidente socialista, Luis Arce, también está interesado en aprovechar al máximo los recursos naturales de su país, incluidos el gas y el litio, pero contrario a los nacionalistas de recursos, ha indicado que está abierto a traer ayuda externa.

En la recta final de la campaña en Colombia, Márquez desea evitar expectativas poco realistas para la agenda verde de Petro.

“¿Este cambio se va a hacer de la noche a la mañana? No, eso no se va a lograr en cuatro años”, dijo. “Pero ya tener una voluntad política para decir ‘Si, hay que hacer un esfuerzo por empezar a hacer un tránsito”.

Reuters.

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