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Negocios

Comapan y el secreto del pan tajado en Colombia

La empresa familiar Comapan se disputa cara a cara la carrera por coronarse como el ‘rey del pan tajado’ en Colombia. Al menos el 70% de sus ventas totales al año provienen de la venta de ese producto. Con 70 años de historia, ¿cómo han logrado mantenerse fuertes en el mercado?

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Los sándwiches se han convertido en la comida por excelencia de muchos colombianos. Durante la pandemia el crecimiento en las ventas de pan tajado se disparó, y la industria del pan logró ventas por $4,71 billones solo en 2020, 8,9% más de lo registrado hace cinco años, cuando movió $4,32 billones, según Euromonitor International.

En esa carrera por coronarse como el ‘rey del pan tajado’ una compañía colombiana le da la pelea al gigante mexicano Bimbo, que es líder del mercado nacional tras su llegada al país hace 20 años. Comapan, una empresa familiar con 70 años de historia, es segunda en participación de mercado y al menos el 70% de sus ventas totales anuales provienen de su famoso pan tajado. 

“Nuestro secreto es que peleamos con calidad, no con precios ni estrategias agresivas y millonarias de publicidad. No nos preocupa ser líderes del mercado, sino ser los que ofrecen el mejor producto”, cuenta Alejandro Vélez, presidente de Comapan en conversación con Forbes. Anualmente la compañía vende entre 30 y 32% del pan industrial del país y su portafolio de productos incluye además cerca de 600 que van desde panes, hasta ponqués y mermeladas. 

La pandemia, aunque impactó la producción los primeros meses, no resultó tan dura como para otras industrias, recuerda. “Como trabajamos con alimentos siempre usamos elementos de protección y eso derivó en que tuviéramos muy pocos casos de Covid-19 al interior de la empresa”, menciona. Gracias a eso la empresa, incluso a pesar del aislamiento, no paró ni un solo día en 2020.

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“El paro nos desafió más. Con el cierre de vías traer insumos básicos como el azúcar del Valle del Cauca se volvió una misión imposible. Tuvimos que crear una operación propia con camiones y personal que por trochas lograra llegar para suplir la demanda”, detalla Vélez. Desde ese momento los precios empezaron a verse afectados y esa tendencia se ha mantenido hasta ahora, como una consecuencia de la guerra entre Rusia y Ucrania. 

Nuestra regla es que la calidad no se negocia, por eso ante la escasez de insumos que vivimos este año hemos preferido mantener los mejores proveedores y ajustar el precio final que percibe el consumidor, pero siempre garantizándole que el producto que reciba va a ser el mejor”, puntualiza.

Este modelo les ha permitido mantener el margen de la compañía y no recortar ninguno de los 800 colaboradores que emplean de forma directa y mantener a otros 400 que trabajan indirectamente.  En cuanto a la pelea por el consumidor, esa prefieren librarla en el canal tradicional: las más de 500.000 tiendas de barrio que hay en todo el país. “Alguien me dijo que es mejor no dedicarse a cazar elefantes, que son escasos y difíciles, sino enfocarse en los conejos, que hay un montón. Para nosotros esos conejos son las tiendas”, cuenta. 

Además de ese, trabajan en otros cuatro canales de venta: el institucional, el moderno, los hard discount y el gubernamental. La cadena de hamburguesas Home Burger, por ejemplo, usa pan Comapan para sus preparaciones. 

Su operación está centrada en cinco fábricas ubicadas en la zona industrial de Montevideo, en Bogotá. Desde allí sale el producto para los satélites regionales en Bucaramanga, Medellín, Pereira y Cali, que se encargan de abastecer las zonas más apartadas: llegan, por ejemplo, a Leticia, Putumayo y Arauca. Esta última región, comenta el directivo, ha adquirido especial importancia por la llegada de población migrante desde Venezuela, lo que ha incrementado la demanda y lo ha convertido en mercado estratégico. 

Un legado familiar

Alejandro Vélez es la tercera generación de una empresa que nació de la preocupación de una mujer, su abuela, por garantizarle el ‘pan nuestro de cada día’ a su familia y a toda Colombia. “Ella fue la que le impuso a la familia esa pasión por este negocio”, recuerda Vélez. Y por más de 70 años la empresa se ha mantenido siendo un proyecto familiar, en donde el liderazgo participativo es clave. 

“Acá la gente se jubila. Tenemos empleados con más de 30 años de carrera, que han encontrado en nosotros una familia. El secreto es que todos hemos crecido con la empresa y nos hemos adaptado a los cambios que el consumidor pide con nuevos productos”. La innovación, detalla, ha llegado en forma de clásicos reinventados. Su tradicional pan tajado, por ejemplo, ahora tiene una línea con semillas, frutas y sabores gourmet de acuerdo con lo que pide el mercado

La meta ahora es seguir ganando terreno en lugares en dónde hasta ahora no han logrado posicionarse, como el norte del país, a donde llegaron de la mano de un hard discount con el que no funcionó la estrategia. “Siempre habíamos llegado hasta Valledupar, pero queremos mejorar la entrega en el resto de grandes ciudades. Estamos enfocados en buscar cómo hacerlo porque tenemos una alta demanda en Cartagena y Barranquilla, por ejemplo”. 

A la pregunta ¿ha probado el pan de la competencia? Responde enfatizando en su compromiso con la calidad: “claro, porque o si no, no tendría cómo saber qué estamos haciendo bien y qué no”. 

#NuestraRevista | Este es un artículo publicado en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de junio.  Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese aquí para suscribirse.

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