Los activos colombianos están baratos y las rentabilidades esperadas en Estados Unidos han bajado. Esta coyuntura favorece a Petro. Si decide generar confianza y atraer inversión, podría mejorar la calidad de vida de los colombianos y evitaría una mayor devaluación.

Se dice que mucha gente ha sacado su plata de Colombia por miedo a que Petro ganara la Presidencia. Ahora que este escenario es una realidad, vale la pena revisar que tan probable es que el Peso Colombiano se siga devaluando, e incluso, ir más allá y pensar qué debería hacer el nuevo Gobierno si quiere que a la gente le vaya bien, y no se caiga en una espiral devaluacionista que acabe afectando a los más pobres, incrementando aún más la inflación, alejando inversión y destruyendo puestos de trabajo.

Lo primero que hay que preguntarse entonces es que tan descontada está esta victoria de Petro en el Precio del Dólar. En Chile y Perú, donde también ganó la izquierda, pareciese que ya estaba descontado este escenario. En estos países hoy se ven variaciones muy bajas en sus monedas con relación a los niveles que se veían antes de sus segundas vueltas: Mientras que el Peso Chileno está hoy 4,5% más devaluado, el Sol Peruano está 3,5% más fuerte. Lo anterior se ha dado a pesar de que el día después de la elección de Boric el Peso Chileno se devaluó 3,6%, y de que el lunes siguiente a la elección de Castillo el Sol Peruano se depreció un 2,1%.

Revisando un horizonte de tiempo más largo puede verse como la política es un determinante importante de la tasa de cambio, pero no es el único. Las monedas de los países de la región han tenido comportamientos muy disímiles en los últimos 20 años, independientemente de si su presidente es de derecha o de izquierda. En el 2002 fueron elegidos Uribe y Lula, dos presidentes con ideologías diferentes. Mientras que en el primer periodo de Uribe el Peso Colombiano se revaluó un 10,5%, en el primer periodo de Lula el Real se fortaleció un 21,9%. Aún más, en lo que va del gobierno de Andres Manuel López Obrador, el Peso Mexicano se ha mantenido relativamente estable, mientras que en otros países con gobiernos de derecha se han tenido devaluaciones de dos dígitos en este mismo periodo de análisis. En Colombia, desde la elección de Duque hasta la fecha, el Peso se ha devaluado un 35%.

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El respeto por la institucionalidad, las leyes y la propiedad es lo que ha permitido que países como Perú, México y Brasil hayan tenido gobiernos de izquierda sin que se generen devaluaciones excesivas; sus monedas han dependido más del panorama internacional que las políticas de sus presidentes. En otros países como Venezuela y Argentina, donde se han dado medidas más extremas como controles de capitales, nacionalización de fondos de pensiones o incluso expropiaciones, sí se han generado devaluaciones excesivas que han ampliado las brechas sociales entre los ciudadanos.

En Colombia, además de la incertidumbre electoral, hay otras dos razones que pueden explicar la salida de capitales: una es la alta rentabilidad que se ha visto en inversiones en países desarrollados como Estados Unidos, y la otra (tal vez relacionada con la primera), ha sido la menor participación que ha tenido la inversión en el crecimiento del PIB colombiano.

Estados Unidos ha venido atrayendo cada vez más inversión de todo el mundo, gracias a que las tasas de interés bajaban y a que pululaban las historias de creación de riqueza tales como las fintech, proptech, y en general todas las nuevas empresas tecnológicas con crecimientos exponenciales; la revolución de los carros eléctricos de Tesla; la fiebre de los SPACs y hasta el trading de NFTs y Criptoactivos. Mientras tanto, en Colombia los inversionistas veían que el crecimiento económico se cimentaba cada vez menos en inversión y cada vez más en consumo, poniendo en duda su sostenibilidad. La inversión como porcentaje del PIB pasó de 24% en el 2014 a 19,8% en el 2021, mientras que el gasto en consumo privado subió de 66% a 71,9% y el consumo del sector público de 14,2% a 15,9%.

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Este deterioro relativo de confianza entre Colombia y Estados Unidos ha causado una pérdida de valor en las empresas, y en general en todos los activos colombianos. Un buen indicador para medir esta situación es la relación entre el precio en bolsa y las ganancias (RPG) de sus mercados de acciones. Mientras más alto sea este indicador, mayor expectativa tienen los inversionistas frente al crecimiento futuro del país y menor percepción de riesgo tienen sobre el mismo. Este indicador, según el MSCI Colombia, pasó de 20,1 veces en diciembre de 2012 a 8,5 veces a cierre de mayo de 2022. En otras palabras, hace casi 10 años un inversionista estaba dispuesto a pagar por las utilidades de las empresas colombianas más que el doble de lo que está dispuesto a pagar hoy.

Otros países de Latinoamérica, que también han tenido una alta dependencia de materias primas y que han tenido (o van a tener) elecciones, han corrido una suerte similar a la de Colombia. El RPG del mercado latinoamericano era en mayo de este año un 37% de lo que era en 2012 (según MSCI). El indicador pasó de 20,7 veces a 7,8 en Brasil, de 24,8 a 10,4 en Chile y de 14,3 a 12,4 en Perú, mientras que en México se ha mantenido relativamente estable. Esto contrasta con Estados Unidos, donde el RPG del S&P500 subió de 14,8 a 20,7 veces en el mismo periodo de tiempo.

Hoy en día los activos en Colombia lucen baratos. La moneda —medida por el índice de tasa de cambio real— está en niveles no vistos desde 2003, los bonos a 10 años emitidos por el Gobierno (TES) entregan una rentabilidad al vencimiento del 11,4% efectivo anual, y el índice de la bolsa se negocia con un RPG que está un 50% por debajo de su promedio de los últimos 20 años. Por el contrario, en Estados Unidos se espera que las tasas de interés sigan subiendo, que los recursos de inversión disponibles para capital de riesgo pasen por un periodo de escasez, y que se desacelere su economía haciendo que su RPG no suba.

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¿Qué puede entonces hacer Petro para que vuelvan los dólares a Colombia? Para que vuelvan los dólares Petro necesita hacer creíble un plan de crecimiento para el país. Se trata de crear una historia de progreso sostenible y confiable, una historia donde haya confianza en la justicia y no se dependa de los precios del petróleo para cerrar las brechas sociales.

Si Petro quería ser Presidente para cerrar las brechas, debe saber que atraer inversión es una muy buena política social para generar empleo y oportunidades necesarias para que los jóvenes tengan confianza sobre de su futuro. Un plan de crecimiento creíble haría que a los jóvenes no les dé miedo invertir su tiempo (y endeudarse) estudiando y creando empresa. Los jóvenes saben que un país que vive solo de subsidios es un país insostenible, en el que no podrán realizarse personal y profesionalmente.

El objetivo es generar confianza para que Colombia entre en un círculo virtuoso en el que vuelvan los dólares que se fueron y lleguen muchos más, haciendo que se creen nuevos sectores y negocios, y que el consumo crezca no con subsidios o endeudamiento de las familias, sino con salarios basados en empleos formales y de calidad. Se trata de seguir cerrando las brechas sociales, pero de forma sostenible para poder generar riqueza para todos. Un país con menos brechas sociales es un país con menos incertidumbre y, por ende, con financiamiento más barato.

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El momento actual es bueno para seducir nuevamente a los capitales que se fueron. Hoy en día los inversionistas pueden vender dólares a una buena tasa de cambio, y reducir el riesgo de que sus rentabilidades fuera de Colombia no sean tan buenas como las de los últimos años.

Algunas señales que Petro debe mandar son obvias: la responsabilidad fiscal, la independencia de la política monetaria, una justicia que funcione, la estabilidad jurídica y tributaria, el respeto por la propiedad privada y el compromiso por avanzar en el cierre de las brechas sociales. La responsabilidad fiscal no es solo una política “neoliberal” ni de gobiernos de derecha. Boric por ejemplo, dijo recientemente en su viaje a Argentina, que la responsabilidad fiscal permite que las reformas sociales que quiere implementar “sean posibles y sustentables y sostenibles en el tiempo”.  Castillo por su parte, tendrá este año superávit primario en lo fiscal, luego de los grandes gastos que se desataron el año anterior por la pandemia.

Sin embargo, esto no es suficiente. Estas señales obvias (si se dan) pueden tardar mucho tiempo en ganar credibilidad. En Chile y Perú, por ejemplo, cada vez se ven menos proyectos de largo aliento que salen a buscar financiación. Por tanto, Petro no se puede quedar esperando a que los inversionistas le pierdan el miedo, sino que debe dar ejemplo y ser el primero en poner en marcha un plan de inversiones públicas decidido.

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Hoy en día el precio del petróleo ayuda a las cuentas fiscales, y es mejor usar la plata extra que está llegando en invertir que en crecer los subsidios. Además, esta es una buena oportunidad para que el Estado diversifique su portafolio de inversiones; que hoy en día está altamente concentrado en energía y que puede usarse en otros sectores que generen alto impacto económico, ambiental y social. Este también es un buen momento para pensar en soluciones menos convencionales para incrementar la capacidad de inversión del país.

Se ha dicho que el Estado no se debe meter en el ámbito privado invirtiendo, pero si el sector privado no lo hace estamos ante una falla de mercado que el gobierno debe corregir. El nuevo presidente debe ser consiente que las brechas sociales solo se cierran de forma sostenible con inversión, y que estas brechas se pueden agrandar aún más si el Peso Colombiano se sigue devaluando. Establecer controles de precios o de capitales agrandaría aún más el problema.

Estamos en una coyuntura internacional que puede llegar a ser muy favorable para Colombia, y que puede hacer que Petro logre generar el cambio que prometió terminando su gobierno con la popularidad con la que Lula terminó su primer periodo, pero para eso necesita generar confianza y atraer inversión privada. El consumo debe ser un fin y no un medio para lograr crecimiento y cerrar las brechas sociales. 

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