El cocinero caleño Guido Niño Torres, de la mano de su socio Cyriel Huysentruyt, abandera un concepto culinario que resurge en la era postpandemia con una propuesta rica en historias de vida.

Guido Niño Torres toma la llamada de Forbes Life unos días antes de regresar a Francia y, en primera instancia confiesa que ha pasado semanas gratificantes en Colombia. Él aprovechó la pausa invernal de Likoké para regresar al país y celebrar con familia, amigos y colegas los reconocimientos que ha cosechado en lo individual y en lo colectivo.

En febrero de 2023, además de tener una estrella Michelin y 4 toques Gault & Millau por su restaurante ubicado en Les Vans, Guido fue nombrado ‘Grand de demain’ (Promesa del mañana) para la región Auvernia-Ródano-Alpes, por Gault & Millau.

“[Estos premios] son un homenaje directo a mis padres que hicieron un esfuerzo titánico para que tuviera una formación en Francia; a mi madre que, aunque ya no se encuentra físicamente, su recuerdo me sigue impulsando. A mi familia y a todos aquellos que me han dado su apoyo”, dice desde su natal Cali, donde dirigió una experiencia gastronómica en el Club Colombia.

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Guido Niño Torres
Cyriel Huysentruyt y Guido Niño Torres. Foto: Likoké/Peter D’Hoop

Aunque desde pequeño tuvo un vínculo muy estrecho con la culinaria francesa por la vía de amistades familiares, el ascenso de Guido hacia la cima gourmet gala no ha sido sencillo. Desde muy joven tuvo que sortear diversos obstáculos. El efectivo con el cual lo apoyaron sus padres al principio, por citar un caso, mermó más rápido de lo esperado. Entonces trabajó como jardinero y repartidor de pizzas antes de encontrar la manera de pagarse los estudios en Aviñón.

El impulso siempre ha sido poner en alto a mi familia.

Guido Niño Torres

Al fallecer su mamá, en su nombre, se prometió lograr el objetivo de ser cocinero profesional y así lo hizo. Su paso por diferentes restaurantes, uno de ellos galardonado por Michelin, le permitió ganar experiencia con jornadas agotadoras.

UNA COCINA CON ALMA

Niño Torres empezó a trabajar en Likoké a partir del 2015 y creció cada año hasta llegar a ser sous chef en el 2018 y asociarse con Cyriel Huysentruyt a finales del 2019. El cocinero caleño recuerda que desde que llegó al restaurante congenió con quien hoy es su socio porque, a pesar de ser belga, hablaba español y tenía con él muchas ideas en común.

likoké restaurante
Foto: Likoké/Peter D’Hoop

Likoké fue creado por mi padre en el 2013 en honor a mi abuelo, y a unos meses de abrir ganó la Estrella Michelin. Mi papá era una gran celebridad en Bélgica y todos estaban a la expectativa de lo que hacía pero años más tarde quiso jubilarse, así que decidí compra el negocio”, narra Cyriel desde Francia.

Sin embargo, su primer socio y cocinero en jefe, al enterarse que tendría un hijo decidió regresar a su país de origen. “Me dijo de una manera muy arrogante: ‘´¿Por qué no le preguntas al colombiano si quiere asociarse? Y entonces pensé: ¿Por qué no? Le pregunté a Guido y me pidió 48 horas para pensarlo. Al otro día me dijo que sí, pero que debíamos hacer del restaurante un proyecto propio”.

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Fue así que ambos comenzaron a diseñar el concepto, el servicio y los platillos del nuevo Likoké. Luego emprendieron una gira a través de Colombia y México para conocerse aún más y trabajar juntos. Ese viaje les dio la oportunidad de descubrir diferentes estilos de cocina, culturas y productos. Al regresar, la crisis por el covid fue inevitable. Después de aquel impacto sólo pudieron imaginarse con productores locales de Ardèche. Al abrir el restaurante, ya estaban habituados a trabajar sólo con productos locales.

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Guido Niño Torres
Foto: Lokoké/Peter D’Hoop

“Eso es lo que más me emociona: tener intercambios humanos, establecer una relación más allá del trabajo con los productores cercanos porque aprendo mucho de ellos. Me gusta saber que hay una relación de respecto y amistad con las personas que conozco”, comenta Guido con el mismo ánimo que le infunde saber que en cada plato de Likoké hay mucho de su propia historia de vida, de sus memorias en Colombia y, por supuesto, de las travesías emprendidas al lado de Cyriel, un amante del buen servicio y de los vinos con quien comparte el espíritu de  trotamundos.

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