Álvaro Henao, que dirige desde Cali la operación de Smurfit Kappa en varios países, contó a Forbes lo que hay detrás de las cajas como un producto vital para la economía.
Cuando los accesos a las plantas de Smurfit Kappa en Yumbo (Valle del Cauca) quedaron bloqueados por 40 días en medio de la vehemencia del paro nacional de 2021, uno de sus clientes tuvo que mandar una avioneta a recoger un cargamento de cajas para evitar que una crisis de dispositivos médicos se detonara en un momento en el que el país aún luchaba contra la persistente amenaza de la pandemia. Fueron momentos realmente críticos para la compañía y el país.
“Ese fue el momento más complicado para mí y para la compañía en los 80 años que lleva en Colombia”, sostiene en una entrevista con Forbes Álvaro Henao, presidente de Smurfit Kappa para Colombia, Ecuador, Perú, Centroamérica y el Caribe. “Todo lo que se mueve en la economía se mueve en cajas”.
Henao llegó a la compañía siendo practicante recién grauado de la Universidad de los Andes como ingeniero industrial. Ahora, como su líder regional, tiene a su cargo 7.363 personas directas e indirectas en una empresa que en 2022 registró US$500 millones en ventas.
Smurfit Kappa, que tiene su sede principal en Irlanda, instaló su operación en Cali desde mediados del siglo pasado porque estaba cerca del puerto de Buenaventura y del río Cauca y por los beneficios que existieron en la época para atraer empresas multinacionales.
Además de producir empaques a bases de papel, cajas corrugadas, sacos corrugados y sacos de papel, es el mayor productor de papel en Colombia, pero también el mayor reciclador de papel y cartón, y el mayor reforestador privado.
Para toda esa operación tienen tres plantas en Barranquilla, seis plantas en Medellín, cuatro plantas en Bogotá y 11 plantas en el Valle del Cauca, repartidas entre Cali, Yumbo y Palmira.
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Entre tanto, la división forestal se reparte en 33 municipios con casi 70.000 hectáreas en las que siembran pino y eucalipto.
Álvaro dedica una gran cantidad de su tiempo a visitar las plantas y las operaciones en otros países. Religiosamente se reúne con sus distintos equipos con encuentros que están fijos en medio de la semana y sus jornadas laborales no comienzan sin que antes revise el correo electrónico.
“Me gusta escuchar mucho a la gente con la que trabajo”, expresa Henao. “Hay que empoderar a las personas para que haga las cosas; si uno no deja que la gente trabaje es difícil que la organización crezca. Las organizaciones perduran y los líderes estamos de paso. Aquí hemos tenido gente buena que ha saltado de la operación local a la operación mundial”.

En Colombia tienen una participación del 40% en el mercado de las cajas corrugadas, que son su principal producto. Desde esta operación exportan el papel a plantas en otros países para que se puedan hacer las cajas.
“Este en general ha sido un año duro”, reconoce Henao. “Estamos pasando por un menor volumen en comparación con el año pasado. Es una combinación de una menor demanda en la mayoría de los mercados en los que operamos y muchos de los clientes terminaron con inventarios altos. Los pedidos se disminuyen porque hasta que los inventarios no se vendan, no se renuevan, aunque creemos que la parte de corrección de inventarios está llegando a su final”.
Aún así, sus inversiones en el territorio colombiano no se detienen. Para una nueva planta de corrugado en Guarne (Antioquia) han destinado US$55 millones, para una caldera de biomasa en Cali inyectarán US$100 millones y para la modernización de una de sus plantas de pulpa han asignado otros US$60 millones. La ejecución de inversiones durante 2023 asciende a US$140 millones.

“El grupo ha sido generoso en aprobar una gran cantidad de inversiones y esas inversiones no se hacen porque seamos queridos, sino porque deben tener un retorno. La realidad es que invierten acá porque en el pasado las inversiones han tenido retorno y uno se gana esa confianza”, indica Henao, quien comanda una operación que representa cerca del 10% de los ingresos mundiales del Grupo Smurfit Kappa.
Entre sus más de 2.600 clientes, de los cuales el 60% pertenece al sector de consumo masivo, han venido posicionándose las bolsas de papel que ellos producen para reemplazar las bolsas de plástico.
Desde su división forestal, que ha sembrado árboles ininterrumpidamente desde 1969, albergan áreas verdes en zonas de Cauca, Valle del Cauca y el Eje Cafetero. Lo que cosechan, vuelven y lo siembran.
“Colombia podría ser una potencia forestal, como lo son Brasil, Chile y Uruguay”, afirma Henao. “Tenemos áreas improductivas que se usan para la ganadería que se podrían usar para reforestar. Toda la madera ilegal cosechada en bosques tropicales podría reemplazarse por bosques dedicados a la reforestación, pero ha faltado voluntad. La reforestación es un negocio de largo plazo, se necesita que el Gobierno incentive a las personas a que quieran meterse en esos negocios”.
Hay universidades que han identificado en la reserva forestal de Smurfit Kappa en Colombia 2.839 especies de flora y fauna, de las cuales 52 estarían en peligro de extinción. Y terceros han certificado que con estas plantaciones forestales comerciales han removido de la atmósfera 9,3 millones toneladas de dióxido de carbono.
Smurfit Kappa ha profundizado el mercado colombiano por ocho décadas, no solo con cajas y bolsas de papel y de cartón, sino también con alfombras verdes que se extienden por varios departamentos, miles de empleos e impacto en sus comunidades.
