Spotify entregó en 2023 más de $9.000 millones de dólares en regalías y la cifra sigue creciendo. Aunque los artistas son quienes hacen magia con la música, letra e interpretación de las obras, no son los que se quedan con la tajada grande de este millonario negocio.
Detrás del romántico sueño de vivir de la música hay todo un engranaje de cláusulas, letra pequeña y condiciones que si se pasan por alto pueden convertir el sueño en pesadilla, algo que le ha pasado a muchos artistas emergentes y también a superestrellas de talla mundial como Taylor Swift. El negocio de la música es millonario y el dinero queda en manos de aquellos que saben hacer un buen contrato.
A sus 15 años la cantautora firmó un acuerdo con Big Machine Records para lanzar seis álbumes en 13 años, ahí no sabía qué le deparaba el futuro. Hoy, Swift es la tercera persona más escuchada en Spotify, tiene una fortuna estimada por Forbes de US$1.300 millones, es la quinta mujer más poderosa del mundo en la lista Forbes y una de las pocas que llegó al listado de multimillonarios por sí misma y gracias exclusivamente a la música.
Las condiciones que firmó Swift en ese momento no eran dignas de una artista con millones de reproducciones, pero a sus 15 años no pensó en eso. “Los artistas que están empezando carecen de muchas cosas para desarrollar su carrera: dinero para producir, grabar, mezclar, masterizar y promocionar su producto. Si son muy pequeños naturalmente van a entregar más de lo que deben”, explicó Daniel Álvarez, guitarrista de Diamante Eléctrico, quien también es partner y head of Marketing & Strategy de M3 Music.
Aunque Swift compuso sus canciones y las interpreta, no es dueña de ellas. Luis Angel Montealegre, socio fundador de L&M Lawyers, una firma legal enfocada en la industria del entretenimiento con sede en Bogotá, Miami y Nueva York, y con ganancias por US$1,3 millones, explicó que “el dueño de la canción es quien bajo su propia cuenta y riesgo invierte en la elaboración, coordinación y dirección para que sea pública. Es quien tiene la facultad de autorizar y prohibir su uso y por lo tanto quien recibe todas las regalías emanadas de la producción”.
Normalmente, las disqueras negocian entre un 20% y 30% de las regalías para los artistas, quienes a su vez se distribuyen el dinero según el aporte que hicieron. Pero la industria está llena de malas prácticas, como el caso del argentino Paulo Londra quien firmó -sin saberlo- un acuerdo con Big Ligas que incluía una cláusula de cesión de derechos patrimoniales de su obra, o incluso el del maestro Jorge Oñate, quien nunca vio un centavo de su música.
En el caso de Swift, aunque recibía un pequeño porcentaje de las regalías de su obra, ella quería comprar sus másters -nombre que recibe la canción con arreglos finales- y recibir la totalidad de las regalías, la disquera no llegó a un acuerdo con la artista y vendió la compañía y sus seis álbumes a Scooter Braun, representante de Justin Bieber, Ariana Grande y Kayne West.

Swift tuvo que esperar dos años después de finalizado su contrato con Big Machine Records a que la cláusula de prohibición de regrabación se venciera para volver a grabar sus primeros álbumes, hasta el momento ha lanzado cuatro de los seis.
La disputa de US$300 millones dividió la industria musical y aunque hay objeciones morales, estos argumentos no tienen peso en un tribunal. Aunque cuestionadas, las acciones de Big Machine Records son legítimas y Taylor no puede hacer nada -diferente a poner en contra de sus rivales a un ejército de fanáticos y regrabar sus canciones bajo un nuevo contrato con Universal-.
Un negocio de grandes cifras
Todo el engranaje legal que hay detrás del negocio de la música no se queda corto si se tiene en cuenta que las cifras son enormes. Solo Spotify pagó US$9.000 millones de dólares en regalías en 2023 a nivel mundial, una cifra que marca un récord para la música, en Colombia la cifra superó los $380.000 millones de pesos, unas cinco veces más de lo que pagó el gigante del streaming en 2017 en el país.
Montealegre asegura que una canción que esté bien legalizada -pues no se puede facturar sin haber registrado letra y música en la Dirección Nacional de los Derechos de Autor, en el caso de Colombia, y en una Sociedad de Gestión Colectiva- y tenga un alcance entre 300 y 500 millones de reproducciones puede facturar entre 500.000 y un millón de dólares en su primer año.
Cuánto facture una canción depende de mucho factores: si es reproducida en una plataforma digital, en ese caso cuánto paga cada plataforma, o si es reproducida en un espacio público como un estadio; las copias físicas que se vendan del álbum, si la canción es usada en un video o en una película… hay diferentes formas de ganar dinero, todas muy lucrativas si la canción es un éxito y tiene en orden su papeleo.
Y así como es una industria en la que se gana bien, también se paga caro si no se siguen las reglas, algo que aprendió a las malas el puertoriqueño Bad Bunny cuando tuvo que cederle el 99% de las regalías de su éxito ‘Safaera’ a la rapera estadounidense Missy Elliot por copiar un ‘sample’ de su tema ‘Get Ur Freak On’.
Si bien los grandes ganadores del negocio son las disqueras -Sony Music y Warner Music no respondieron a la petición de comentarios de Forbes-, es posible cumplir el sueño de vivir de la música, si se hace un buen contrato. El integrante de Diamante Eléctrico afirma que “la única forma de protegerse de esto -perder las regalías- es negociar con la mentalidad de que uno crecerá y será gigante en el futuro”.
Como Taylor Swift, Paulo Londra o Jorge Oñate hay miles de artistas que perdieron los derechos y las ganancias de sus obras por ignorar la letra pequeña de un contrato, firmar sin prestarle atención al documento o simplemente para hacer más fácil la firma de su primer contrato. Solo quienes conocen sus derechos y se asesoran logran tratos dignos y justos para ambas partes.
#NuestraRevista | Este es un artículo publicado en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de agosto. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.
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