Con más de sesenta años de vida política entre la guerrilla, los despachos y la presidencia de Uruguay, Mujica se convirtió en un crítico de la violencia y, en los últimos años, del gobierno de Venezuela.
El expresidente de Uruguay José ‘Pepe’ Mujica falleció este martes en Montevideo a los 89 años, un año después de que le descubrieran un tumor maligno en el esófago.
“Con profundo dolor comunicamos que falleció nuestro compañero Pepe Mujica. Presidente, militante, referente y conductor. Te vamos a extrañar mucho Viejo querido. Gracias por todo lo que nos diste y por tu profundo amor por tu pueblo”, indicó en su cuenta de la red social X el actual mandatario del país sudamericano, Yamandú Orsi.
Liviano de equipaje, José Mujica no carga a su partida con un peso vital medido en kilos sino en utopías: aquellas por las que luchó y resistió años de tortura y encierro para luego convertirse en un presidente tan único como popular en todo el mundo.
Fresca niñez, rebelde juventud
La temprana muerte de su padre, cuando rondaba los seis años, llevó a que su madre quedara a cargo de Pepe y de su hermana María, seis años menor. De su madre y su abuelo Cordano, con quien compartió vacaciones cerca del río Uruguay, aprendió pronto a cultivar las flores que luego vendía.
De ascendencia vasca por línea paterna e italiana por línea materna, sus dos abuelos y sus padres compartían una marcada afiliación política al Partido Nacional (PN).
La militancia de su madre, que incluso lo llevó de niño a la casa del líder blanco -del PN- Luis Alberto de Herrera, influyó en su acercamiento a la política de la mano del diputado Enrique Erro; así empezó a militar en el partido del que décadas después sería firme opositor.
En 1960, en pleno auge del marxismo-leninismo, viajó como delegado de Erro a Cuba, la Unión Soviética y China, donde vio ese modelo en práctica. En 1962 ambos dejaron el PN y crearon la agrupación Unión Popular, que fracasó en los comicios. Sin embargo, abonado de a poco, el utopismo de la izquierda crecía dentro de él.
Carcomido de rejas
El secretismo y la confluencia de varios grupos en su génesis dificultan saber cuándo sucedió su adhesión al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T).
En ese grupo de guerrilla armada, influido por la Revolución Cubana que se enfrentó al poder en los años sesenta, encontró un camino para intentar transformar un Uruguay que arrastraba crisis desde los cincuenta y en el que cobraba fuerza el autoritarismo.
Robos de banco, secuestros y una ‘cárcel del pueblo’ para los acusados de torturar o asesinar a militantes de izquierda fueron acciones que ejercieron en la época en que Mujica conoció a la compañera que recién en 2005 sería su esposa, Lucía Topolansky.
En 1964 fue detenido por primera vez tras un fallido asalto y después pasó a la clandestinidad con el alias ‘Facundo’. En un enfrentamiento le dieron seis balazos y, por uno de estos, le debieron extirpar medio pulmón.
Junto a otros 105 presos, logró escapar en 1971 del Penal de Punta Carretas en una célebre fuga por túnel y, recapturado, volvió a fugarse. Su última prisión fue la más dura: la perpetua tortura enloquecedora del encierro en calabozos que se extendió desde 1972 hasta culminada la dictadura en 1985 y le dejó el cerebro “carcomido de rejas”.
A dos días de su liberación dio un discurso en un acto del MLN-T donde dijo que esa organización nació como una “gigantesca emoción” para “luchar por la igualdad y por el sueño de un hombre, si no nuevo, algo mejor” y, poniendo paños fríos al sueño, remarcó que “lo esencial” siempre fue su aporte a “la colmena” de la izquierda.
Así se abría paso hacia la política representativa quien cofundó en 1989 el -adherido a la coalición Frente Amplio creada en 1971- Movimiento de Participación Popular y fue el primer tupamaro electo diputado en 1994.
Senador desde 1999 y ministro de Ganadería del primer mandato de Tabaré Vázquez (2005-2010 y 2015-2020), iba de su chacra -finca- al Parlamento en moto con Topolansky y su fuerte carácter, verborragia y don de gentes lo subieron a una escalera que no paró de anexarse escalones. La popularidad solo aumentaba y, en 2009, llegaría el escalón mayor: la presidencia.
Sus salidas en su Fusca celeste, su entrañable perra de tres patas, su negación a usar corbata o vivir en la residencia presidencial y su decisión de donar la mitad del sueldo a un programa de vivienda acapararon miradas ya no sólo de su país sino del mundo.
Así, a la par de un mandato en que impulsó leyes progresistas insignia como las del aborto, la regulación del cannabis y el matrimonio entre personas del mismo sexo y de un imborrable discurso ante las Naciones Unidas, trascendió en medios internacionales como “el presidente más pobre del mundo” y fue consolidando, en discursos y entrevistas, su filosofía y su porte de “viejo sabio de la tribu”.
“Yo no soy pobre, pobres son los que quieren más” y “o logras ser feliz con poco y liviano de equipaje, porque la felicidad está adentro tuyo, o no logras nada” dijo sobre una filosofía compartida con Séneca, Epicuro y los aimaras quien dejó el Senado en 2020 pero siguió militando aún tras su diagnóstico de cáncer de esófago tratado en 2024.
La frases de Mujica
En sus más de sesenta años de vida política entre la guerrilla, los despachos y la Presidencia de Uruguay, Pepe Mujica dejó una larga lista de frases célebres, algunas de las cuales quedaron reflejadas en entrevistas concedidas a la Agencia EFE.
A continuación, trece de sus pensamientos más recientes (2018-2024):
– “El verdadero triunfo en la vida es levantarse y volver a empezar”.
– “No hay cosa más importante que el amor, pero por lejos. Hay que reverenciarlo, hay que cuidarlo. Y cuando se es viejo, el amor sigue existiendo, pero ya no es la fogata que era, sino una dulce costumbre, un compañerismo, una forma de huirle a la soledad, que es tal vez el mayor castigo”.
– “Si te consagras en un pagador de cuentas por vivir a crédito y te comés todos los versos de la sociedad consumista, vas a ser muy útil para la acumulación de capital, pero no te va a quedar tiempo para vivir tu vida”.
– “Sé que soy un viejo raro, algo así como un neoestoico, para mí pobre es el que precisa mucho o, como dicen los aimaras, pobre es el que no tiene comunidad. Yo no estoy solo en el mundo, tengo muchos compañeros y qué más puedo pedir”
– “La vida es la aventura de las moléculas. Venimos de la nada y vamos a la nada. La aventura es el cacho este que estamos vivos. Pero como es algo cotidiano no le solemos dar el valor que tiene y en realidad es la cosa más valiosa de todo lo que podemos tener”.
– “La vida ha sido generosa conmigo, me pegó cada mamporro que Dios me libre. Siete años sin libros y en una pieza como esta o más chica. Y salí vivo y llegué a presidente. ¡Qué más puedo esperar. (Recordando el tiempo en que estuvo preso).
– “Yo no tengo la culpa de ser un estoico. Como vivo en un mundo bastante superficial, la gente hay cosas que le parecen chifladura. Le llaman cultura de pobrismo”.
– La sobriedad es “la única garantía” para ejercer la libertad.- “La política es una pasión y se tiene o no se tiene, es como el amor. No se puede hacer política por decreto. Es inmanente, el que no la tiene y le gusta la plata que se dedique a los negocios. Los que hacemos política de vocación es porque nos gusta, no porque nos mandan o nos convenga. Está todo entreverado eso. Hay gente que lo único que está buscando es acomodarse para trabajar poco”.
– “Yo soy una especie de campesino frustrado, me gusta la tierra y me entretengo en eso. Otros tendrán otros divertimentos. Es una pequeña cosa para el mundo, pero grande para mí por mi manera de ser” (ya jubilado en su chacra -finca rural-).
– “Veo que tengo 83 años y me voy acercando a la muerte. Quiero tomarme licencia antes de morirme, sencillamente, porque estoy viejo. Hay un tiempo para venir y otro para irse y así como se caen las hojas de los árboles también nos caemos nosotros. La vida continúa, no es tan importante”. (Cuando anunció que dejaba su escaño).
– “Cuando se es joven se necesita un poco de utopía, creer en algo. El mundo de hoy no motiva a los jóvenes. Se pierden en el consumismo atroz o frecuentemente se pierden en la soledad”.
– Los jóvenes de su tiempo fueron “capaces de dejar trabajos, ir presos, jugarnos la vida y todo lo demás, porque creíamos en algo”; a los de hoy “les toca vivir un tiempo medio insípido (…). Para vivir con juventud hay que tener una causa, una causa es una manía”.
Con información de EFE
