A un año del Chapter 11, WeWork reafirma su solidez global y lidera la transformación del trabajo flexible en Latinoamérica. Su apuesta por la tecnología, la comunidad y la flexibilidad redefine el mercado inmobiliario corporativo.

Hace apenas un año, el nombre de WeWork estaba en todos los titulares, no por sus icónicos espacios de coworking ni por su revolución del trabajo flexible, sino por su reestructuración financiera bajo el proceso Chapter 11 en Estados Unidos y Canadá. Pero hoy, 12 meses después, la historia es distinta. Lejos de desaparecer, la compañía se ha consolidado como un actor estratégico del mercado inmobiliario corporativo global, y en Latinoamérica es ya un pilar indiscutible de la nueva forma de trabajar.

Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica

Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica, conoce esta historia desde adentro. Fue uno de los líderes del proceso de reestructuración global. “Nos tomó siete meses salir del Chapter 11, cuando hay empresas que tardan años. Eso habla de la solidez de nuestro modelo de negocio, de la fuerza de la marca y del respaldo de nuestros clientes”, dice. Su lectura es clara, más que un colapso, el Chapter 11 fue una oportunidad para ajustar lo que debía ajustarse. Hoy, “el café sigue caliente y la comunidad sigue creciendo”.

La flexibilidad como estándar

La pandemia cambió muchas cosas, pero entre las más relevantes está la manera en la que las personas valoran su tiempo. La necesidad de pasar horas en un transporte para llegar a una oficina ya no tiene sentido para muchos trabajadores. De ahí que el modelo flexible, con espacios modulares y plug & play, haya dejado de ser una alternativa para convertirse en el nuevo estándar.

“En 2019, el 60% de nuestros miembros iban todos los días a la oficina. Hoy es el 30 %. Eso demuestra una transformación en la forma de trabajar. Hoy, las empresas no solo buscan metros cuadrados, buscan bienestar para sus colaboradores, la capacidad de adaptarse a cambios y una solución que no las ate a contratos rígidos, sino que les ofrezca soluciones a la medida cuando se trata de escalar o llegar a mercados estratégicos. Además, buscan aliados que entiendan su cultura organizacional, y que compartan la nuestra de poner a la persona en el centro”, explica Hidalgo.

En Latinoamérica, WeWork opera en Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Perú y México; pero además bajo un modelo de franquicia en Costa Rica. Entre ellos, Colombia destaca como uno de los tres mercados más relevantes de la región. Bogotá y Medellín son ya puntos estratégicos dentro del ecosistema global de WeWork, y su nivel de satisfacción de clientes está entre los cinco más altos del mundo.

Actualmente, en el país la compañía cuenta con cerca de 14.000 miembros distribuidos en sus ubicaciones, y más de 800 empresas activas de sectores tan diversos como fintech, farmacéutica, educación, aseguradoras y marketing digital. “Las empresas valoran nuestra comunidad. No solo acceden a un espacio físico, sino a un entorno donde se generan conexiones reales, alianzas y oportunidades de negocio”, detalla Hidalgo.

La democratización del espacio premium

Uno de los diferenciales más notables de WeWork es haber democratizado el acceso a oficinas premium. Lo que antes solo era posible para grandes corporaciones hoy está al alcance de startups, freelancers o pequeñas empresas gracias al modelo All Access; es decir, una membresía que permite usar espacios en más de 120 ciudades y 37 países alrededor del mundo.

“Puedes estar hoy en Bogotá y mañana tener una reunión en Londres o Nueva York, usando los mismos créditos. Eso era impensable hace una década”, señala Hidalgo. Esta flexibilidad no solo permite moverse, sino mantenerse conectado a una comunidad global con estándares de infraestructura y experiencia premium en todas partes.

Y el diferencial no es solo estético. La experiencia WeWork está diseñada desde la persona, no desde el espacio. La tecnología es el soporte silencioso que permite autogestionar reservas, reuniones, acceso a edificios y conexión entre miembros a través de una sola aplicación. “Somos una empresa de personas que utiliza la tecnología para potenciar la experiencia”, dice el ejecutivo.

Esto no es solo comodidad. Es productividad, bienestar y atracción de talento. Hoy, los espacios de trabajo ya no se miden solo en metros cuadrados, se valoran por su capacidad para inspirar, facilitar conexiones y generar un entorno saludable para el desarrollo personal y profesional.

Desde la empresa recalcan que el bienestar de los colaboradores también forma parte de la ecuación. Según Hidalgo, las empresas que están en WeWork logran mejores índices de satisfacción laboral. “Nuestra medición de ‘vibra y energía’ marca por encima de 9 sobre 10 en todos los países. Eso influye en la creatividad, la productividad y la retención de talento”.

Y no es un beneficio trivial, hoy las compañías compiten por atraer a los mejores. Una entrevista en una oficina luminosa, vibrante y moderna puede marcar la diferencia frente a un espacio oscuro y tradicional.

Un modelo que crece con las empresas

El modelo plug & play de WeWork tiene sentido para todo tipo de organizaciones: desde quienes están en etapa de expansión hasta las que buscan eficiencia operativa o flexibilidad ante picos de demanda. “Tenemos empresas que nacieron en Colombia y que ahora se expanden a México o Brasil con nosotros. No tienen que preocuparse por arrendar, adecuar y operar espacios en otro país; nosotros lo hacemos por ellas”, explica el presidente regional.

Y no se trata solo de pequeñas empresas. Cada vez más grandes corporaciones migran a este modelo flexible. “Antes se pensaba que el coworking era solo para startups. Hoy, multinacionales confían en WeWork para instalar parte de sus operaciones porque les ofrecemos agilidad, eficiencia y acceso a talento”, agrega.

Su modelo global permite a sus miembros operar en más de 120 ciudades del mundo. Desde una app, pueden reservar una sala en Manhattan, reunirse en São Paulo o instalarse temporalmente en Ciudad de México. “Todo funciona igual, desde el Wifi hasta el café. Es una experiencia homogénea y premium, donde te sientes en casa estés donde estés”, dice Hidalgo. Esto ha convertido a WeWork no solo en un proveedor de espacios, sino en un aliado estratégico para empresas que buscan escalar en nuevos mercados sin perder agilidad.

Lo que viene

La estrategia de WeWork para 2025 y 2026 se enfoca en solidificar su presencia en los mercados actuales. En Colombia, por ejemplo, están operando con una ocupación cerca del 80 % y el objetivo es alcanzar entre el 85 % y el 87 %. “Queremos seguir siendo sostenibles y rentables antes de pensar en nuevas aperturas”, asegura Hidalgo.

Para 2027 en adelante, sí hay planes de expansión, pero con un enfoque distinto al del pasado, una expansión acompañada de la demanda. “Vamos a crecer donde ya hay un cliente que necesita ese espacio. No vamos a abrir edificios y cruzar los dedos”, aclara. Ya lo han hecho en México y Brasil, en alianza con empresas globales, y esperan replicar este modelo en Colombia en los próximos años.

La forma de trabajar y hacer negocios ya no es la misma, y la única constante es el cambio; allí, WeWork se consolida no solo como un espacio físico, sino como un aliado estratégico, una plataforma de conexión, crecimiento y bienestar. Su renacer, tras el proceso más complejo de su historia, demuestra que el futuro no es solo flexible, también es resiliente, humano y global.