La reconocida agencia Melborp llega a Bogotá con un enfoque que pone al cliente en el centro y con el objetivo de resolver los problemas que la industria “ha dejado pasar”. Además, recalcan que su core es claro: los mueve el problema del cliente, no el ego creativo.

Después de pasar, durante años, por tres de las multinacionales más grandes del país, Santiago Mesa, publicista y fundador de Melborp, se sentó con sus amigos a hablar de lo que no funcionaba en la industria: el ego, la obsesión por los festivales y el desinterés por los verdaderos retos de los clientes. Conversaciones que poco a poco se convirtieron en método y, luego, en empresa. Así nació Melborp, una agencia independiente que decidió darle la vuelta al problema —literalmente— desde Medellín. Hoy, después de más de una década, esa filosofía llega a Bogotá.

Hacemos publicidad concentrada en resolver los problemas del cliente, no en ganar premios“, dice Mesa en una declaración de principios, que también es una crítica directa al funcionamiento de muchas agencias que priorizan el reconocimiento sobre la efectividad.

Melborp se presenta como una empresa que quiere crecer sin comportarse como las grandes. De hecho, su mensaje de entrada es provocador: una agencia que promete resolver los problemas de las agencias grandes, para ser la más grande. ¿Cuáles son esos problemas? Estructuras rígidas, jerarquías infinitas, procesos diluidos, y sobre todo, una desconexión profunda con las necesidades reales de los clientes.

Miguel Herrera, socio de Melborp Bogotá.

Para la nueva etapa en Bogotá, Santiago Mesa suma a dos figuras clave: Diego Tovar y Miguel Herrera. Diego Tovar ha vivido de cerca el funcionamiento tradicional de la industria. “A mí me interesa entender qué le duele al cliente, qué necesita resolver. Siempre he creído que una buena idea es la que logra hacer algo útil para la marca, no solo la que se ve bien en una presentación”, dice.

Miguel Herrera, por su parte, viene del mundo de la dirección audiovisual. Ha combinado el trabajo comercial con proyectos de corte documental, siempre movido por una idea central: contar historias. “Durante mucho tiempo me tocó ejecutar ideas ya definidas, sin espacio para aportar desde lo narrativo. Lo que más valoro hoy es poder hacer parte de la conversación desde el principio, cuando todo aún se está construyendo”, cuenta.

Con su llegada, Melborp no solo aterriza en Bogotá, sino que anuncia su intención de convertirse en la agencia “más audiovisual” del país. No por volumen, sino por integrar narrativa y técnica desde el inicio del proceso creativo.

Melborp no se define como boutique, pero tampoco quiere ser una multinacional. Tiene procesos, pero no laberintos. Tiene estructura, pero no capas de validación infinitas. En sus propias palabras, “la próxima agencia grande no se va a parecer a las que hoy consideramos grandes”.

En sus dos primeros meses de operación en Bogotá, ya suma cuatro nuevos clientes: Asics, Ísimo, Colchones El Dorado y Colombia Construye Confianza.

La llegada de Melborp a Bogotá no es una expansión más: es un intento de mostrar que otro tipo de agencia es posible. Que hacer publicidad puede seguir siendo un trabajo estratégico, riguroso y creativo sin perder el foco: resolver.