Una historia de 40 años de una operación sin ánimo de lucro y de 10 años de banca de impacto hoy es un negocio rentable que está cerrando brechas financieras, especialmente para las mujeres.

Banco Mundo Mujer, como casi todas las microfinancieras, nació con una vocación de ayuda. Su origen se remonta a 1985 en Popayán, dos años después del terremoto más devastador de la ciudad en su historia reciente. Entonces, bajo la figura de fundación sin ánimo de lucro, comenzó financiando a pequeños comerciantes que lo habían perdido todo. El propósito se cumplió, el modelo funcionó, y con el tiempo, se expandió a nivel nacional.

Treinta años más tarde, en 2015, con la necesidad de ser un negocio más sostenible y de promover el ahorro entre sus clientes, la fundación consiguió una licencia bancaria que además de prestar le permitía captar recursos del público, formalizando su rol en el sistema financiero nacional. Hoy, con 40 años de la fundación y 10 del banco, se convierten en pioneros en la industria de las microfinanzas, operando con el mismo propósito con el que nacieron. 

En cifras, Banco Mundo Mujer ha colocado $2,7 billones en créditos y ha captado $2 billones en cuentas de ahorro y CDTs. Cuenta con más de 727.000 clientes, de los cuales 471.000 tienen un crédito activo, y tiene presencia en 22 departamentos del país. Entre las entidades que se dedican por completo a las microfinanzas, es la que más utilidades registra con ganancias por $47.676 millones, según el informe de mayo de la Superintendencia Financiera, superando a competidores como Bancamía, Banco Contactar y Banco W. 

Mientras tanto, desde el 2015 la Fundación Mundo Mujer ha liderado más de 50 proyectos sociales, entre los que se destacan iniciativas como el programa que lleva educación financiera a los colegios, en alianza con Global Money Week, en el que ya han impactado más de 44.000 estudiantes a nivel nacional y el centro de emprendimiento femenino.

La mujer en el centro

La atención que tiene la entidad a la mujer es clave en medio de un panorama de importantes brechas financieras. Para junio del año pasado, sólo 33,7% de las mujeres adultas en Colombia contaba con algún producto de financiamiento vigente, un leve incremento frente al reporte de diciembre del 2023, cuando la cifra se ubicó en 33,4%, para ese mismo mes el 37,1% de los hombres contaba con un crédito formal.

“La mujer tiene un pensamiento colectivo que la lleva a construir sociedad. La mujer no progresa sola, ella primero piensa en su familia y su comunidad. Además, cuando la mujer aporta ingresos a su hogar y crece financieramente, toma decisiones, puede llegar a generar empleo e impacto positivo en su comunidad”, dijo en entrevista con Forbes la fundadora de la entidad, Leonor Melo de Velasco.

El reto digital 

Las microfinanzas en Colombia aún tienen mucho por hacer en transformación digital, su estrategia se basa en la cercanía con el microempresario y su negocio, el score crediticio no depende tanto de documentos como del conocimiento del cliente y su entorno, por eso el foco siempre ha estado en llevar los productos financieros a diferentes rincones de Colombia sin perder el sello humano. 

Además, la falta de conectividad en zonas rurales, la cultura de la presencialidad y la baja educación digital son otras barreras que tiene la transaformación. Pero se ha recorrido un camino importante, “cuando empezamos las transacciones digitales representaban el 1%, hoy tenemos una adopción digital del 35%”, explicó Diego Muñoz, vicepresidente ejecutivo en Banco Mundo Mujer, y admitió que “la apertura de oficinas va siendo cada vez menor, eso representa un esfuerzo mayor en tecnología”. 

Por su parte, Guillermo Velasco, director ejecutivo de la Fundación Mundo Mujer, aseguró que “la tecnología es un reto para nosotros, tenemos que llegar a más personas con educación a través de e-learning en plataformas, pero poco a poco vamos avanzando”. Desde ambos frentes se viene trabjando para lograr complementar mejor sus servicios con un sistema digital robusto. 

De cara al futuro, los directivos esperan sostenibilidad económica y más transformación digital, siempre con el propósito de impacto y la mujer en el centro de la operación.

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