Con más de tres décadas de experiencia en el estudio del extremismo, este especialista ofrece una breve descripción general de la historia y las creencias fundamentales del Mandato de las Siete Montañas.

Vance Boelter, quien presuntamente disparó contra Melissa Hortman, representante estatal demócrata de Minnesota, y su esposo, Mark Hortman, el 14 de junio de 2025, estudiaba en el Instituto Cristo para las Naciones en Dallas. Este grupo es una escuela bíblica vinculada a la Nueva Reforma Apostólica (NAR).

La NAR es un movimiento cristiano carismático, poco organizado pero influyente, que comparte similitudes con el pentecostalismo, especialmente en su creencia de que Dios se comunica activamente con los creyentes a través del Espíritu Santo.

Sin embargo, a diferencia del pentecostalismo tradicional, este movimiento enfatiza la figura de apóstoles y profetas modernos como líderes con autoridad, encargados de transformar la sociedad e instaurar el reino de Dios en la Tierra. La oración, la profecía y la adoración no se consideran solo actos de devoción, sino herramientas estratégicas para promover la visión de los creyentes sobre el gobierno y la sociedad.

Tras el tiroteo, el Instituto Cristo para las Naciones emitió un comunicado condenando rotundamente toda forma de violencia y extremismo. Declararon: “La misión de nuestra organización es educar y capacitar a los estudiantes para difundir el Evangelio de Jesucristo mediante la compasión, el amor, la oración, el servicio, la adoración y el valor de la vida humana”.

Pero el atentado ha puesto el foco sobre la escuela y sobre el movimiento cristiano más amplio al que pertenece. Uno de los aspectos más destacados de las enseñanzas actuales de la NAR es el llamado “Mandato de las Siete Montañas”.

Este mandato exhorta a los cristianos a ganar influencia, o “tomar dominio”, sobre siete áreas clave de la cultura: la religión, la familia, la educación, el gobierno, los medios de comunicación, los negocios y las artes.

Con más de tres décadas de experiencia en el estudio del extremismo, ofrezco una breve descripción general de la historia y las creencias fundamentales del Mandato de las Siete Montañas.

Dominio cristiano

El concepto de las Siete Montañas fue propuesto originalmente en 1975 por el líder evangélico Bill Bright, fundador de la Cruzada Estudiantil por Cristo (ahora conocida como “Cru”), un ministerio global fundado en 1951 para promover la evangelización cristiana, especialmente en universidades.

Bright se asoció con Loren Cunningham, fundador de Juventud Con Una Misión, una importante organización internacional de capacitación y extensión misionera en la década de 1970.

El mandato fue popularizado por el teólogo Francis Schaeffer, quien lo vinculó a una crítica más amplia contra el secularismo y la cultura liberal. Con el tiempo, el concepto evolucionó.

C. Peter Wagner, exprofesor de seminario, ayudó a organizar y dar nombre a la Nueva Reforma Apostólica, y es considerado su arquitecto teológico. En su libro de 2008, Dominio: Cómo la acción del Reino puede cambiar el mundo, instó a los cristianos a asumir un control autoritario de las instituciones culturales.

Para Wagner, la “teología del dominio” —la idea de que los cristianos deben gobernar todos los aspectos de la sociedad— es un llamado a la guerra espiritual, con el fin de que el Reino de Dios se “manifieste en la Tierra como en el cielo”. Desde 1996, líderes como Bill Johnson (Iglesia Bethel) y Johnny Enlow (autodenominado profeta) han reformulado el mandato con un enfoque más agresivo, político y espiritualmente militante.

Esta visión promueve una mentalidad de “nosotros contra ellos”, que difumina la línea entre fe y autoritarismo. No se trata solo de influir en la cultura; se concibe como una batalla espiritual para recuperar y remodelar la nación conforme a su visión de la voluntad de Dios.

Lance Wallnau, otro predicador, teleevangelista y autor, ha promovido la teología del dominio desde principios de los 2000. Durante las elecciones presidenciales de 2020, Wallnau y otros líderes de la NAR describieron a Donald Trump como ungido por Dios para liberar la “montaña” del gobierno del control demoníaco.

En su libro Invading Babylon: The 7 Mountains Mandate, Wallnau y Johnson llaman explícitamente a un liderazgo cristiano como antídoto contra la decadencia moral y la oscuridad espiritual.

Las creencias

A veces llamadas “las Siete Montañas de Influencia” o “de la Cultura”, estas áreas no se consideran neutras, sino campos de batalla entre la verdad divina y el engaño demoníaco.

Sus seguidores creen que los cristianos están llamados a recuperar estos ámbitos mediante influencia, liderazgo e incluso, si es necesario, confrontación directa con lo que consideran fuerzas demoníacas, como señala el experto en religión Matthew Taylor en su libro The Violent Take It By Force.

Diversas perspectivas rodean la retórica y acciones de la NAR. Algunos analistas advierten que el movimiento entrena a sus seguidores para la confrontación. Otros critican la retórica violenta como antibíblica.

Los líderes de la NAR han presentado las elecciones como enfrentamientos entre candidatos “piadosos” y otros bajo “influencia satánica”.

La profetisa Cindy Jacobs, por ejemplo, ha abogado por una “guerra espiritual” en las escuelas contra lo que considera “ideologías demoníacas”, como la educación sexual, la inclusión LGBTQ+ o el debate sobre el racismo sistémico.

Desde esta cosmovisión, el cambio cultural es una misión sobrenatural. Los oponentes no solo están equivocados: podrían estar bajo influencia demoníaca. Así, las elecciones se vuelven batallas espirituales.

El pluralismo se ve como una debilidad, el compromiso como traición y la convivencia como rendición. Frederick Clarkson, investigador del centro progresista Political Research Associates, define el mandato como “la idea teocrática de que los cristianos están llamados por Dios a ejercer dominio sobre todos los aspectos de la sociedad, controlando instituciones políticas y culturales”.

El llamado a “recuperar” la cultura no es metafórico; se anima a los creyentes a actuar como soldados en una guerra santa. Si bien algunos argumentan que esto se refiere solo a una influencia espiritual, otros temen que se refiera a una dominación literal.

Muchos dentro del movimiento insisten en que el lenguaje de guerra es espiritual, centrado en la oración y la evangelización. Pero la frontera entre metáfora y mandato literal se diluye, sobre todo cuando se combina con acciones políticas y culturales. Esta tensión es parte del debate interno y externo al movimiento.

Redes de difusión

Estas creencias ya no son marginales. Se expanden a través de iglesias evangélicas, podcasts, videos de YouTube y redes políticas.

Aunque no se sabe cuántas iglesias están alineadas con la NAR, se estima que unos tres millones de personas en EU asisten a congregaciones que siguen abiertamente a sus líderes.

El mandato no depende de un liderazgo centralizado ni de estructuras formales, sino que se propaga orgánicamente a través de redes sociales, transmisiones en vivo, talleres y eventos de avivamiento.

El teólogo André Gagné, autor de Evangelistas estadounidenses por Trump: Dominio, guerra espiritual y el fin de los tiempos, describe cómo este mandato empodera a líderes y creyentes locales, autorizándolos a verse como agentes de transformación divina en la sociedad.

Este enfoque permite adaptar el mandato a contextos políticos y culturales diversos, alentando a los creyentes a actuar como “guerreros espirituales” en sectores como el gobierno, la educación, los medios o las artes.

Pequeños grupos o incluso individuos pueden iniciar movimientos sin esperar instrucciones desde arriba. Los únicos líderes reconocidos son los apóstoles y profetas que dirigen la iglesia o red a la que pertenecen.

El mandato se presenta como una misión divina. Cuestionarlo puede interpretarse como un desafío a la voluntad de Dios.

Una pendiente resbaladiza

Estas ideas se han fusionado con la retórica nacionalista y teorías conspirativas. Un ejemplo es la popularización de las banderas “Apelación al Cielo”, que simbolizan la creencia de que, cuando falla la autoridad terrenal, los creyentes pueden apelar directamente a Dios para justificar la resistencia.

Estas banderas fueron prominentes durante la insurrección del Capitolio del 6 de enero de 2021.

Para ser claros, los líderes de la NAR no suelen incitar directamente a la violencia, sino que promueven la participación política y la protesta. Sin embargo, para algunos creyentes, el llamado a la “guerra espiritual” puede convertirse en una pendiente resbaladiza que lleve a justificar actos violentos, como el caso del presunto tirador de Minnesota.

Comprender el Mandato de las Siete Montañas es clave para entender los esfuerzos contemporáneos por alinear el gobierno y la cultura con una visión cristiana particular del poder y la autoridad.

*Art Jipson es Profesor asociado de Sociología de la Universidad de Dayton.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation