Los cofundadores de Mumu, Sebastián Sánchez y Daniela Cobos, cuentan cómo esta marca colombiana de bienestar pasó de vender 17 millones a más de 1.200 millones mensuales en un año, manteniéndose fiel a un mensaje auténtico y alejándose de promesas mágicas.

Lo que comenzó como una solución práctica a una necesidad del mercado, se convirtió en un emprendimiento de bienestar que ha conectado con miles de personas en Colombia. Mumu, marca fundada por Sebastián Sánchez y Daniela Cobos, nació cuando Sebastián notó que en la empresa de frutas congeladas de su padre le pedían constantemente batidos verdes, pero era complicado prepararlos.

“Encontramos hacerlo en polvo, pero al entrar al mercado vimos que la competencia iba hacia promesas de perder kilos rápidamente. Nosotros sabíamos que no hay un producto mágico”, cuenta Sebastián.

A partir de esa convicción, los fundadores decidieron construir la marca sobre pilares como la honestidad, la ciencia detrás de sus fórmulas y una comunicación emocional y auténtica. “La conexión con la comunidad nace porque hablamos desde nuestra experiencia. Si algo no está funcionando, lo decimos. Esa sinceridad crea cercanía con los stakeholders, los proveedores consumidores y aliados”, agrega.

Este enfoque ha tenido impacto no solo en la percepción de la marca, sino en los resultados. De enero de 2023 a enero de 2024, Mumu registró un crecimiento del 1400%, pasando de 17 millones a más de 1.200 millones de pesos mensuales en ventas. Además, tienen más de 230.000 seguidores en Instagram y una tasa de recompra superior al 37%, lo que refleja el nivel de fidelización.

Pero no todo ha sido lineal. “Hubo momentos donde el crecimiento nos desbordó. Ahí entendimos que cada área debe especializarse, que hay que estudiar cada proceso”, dice Sebastián. Esa reflexión los llevó a fortalecer su estructura y a invertir en talento y formación interna. “Pasamos de hacerlo todo nosotros a formar un equipo sólido que comparte nuestra visión”, comenta Daniela.

El eslogan de la marca, “Mumu para estar mejor”, representa esa evolución constante. Para los fundadores, mejorar no solo implica optimizar productos, sino también procesos internos, estructura y experiencia del cliente. “Celebramos desde la primera venta hasta pasar del mundo digital al físico. Cada logro cuenta y lo vivimos como un paso importante”, afirma Daniela.

Hoy, Mumu se prepara para un nuevo capítulo, miras y preparación para su entrada al mercado estadounidense y la expansión a El Salvador. También avanzan en su llegada a grandes superficies y nuevos canales de distribución más allá de lo digital y apostarle a lo físico gracias a su portafolio, batido verde en polvo, colágeno hidrolizado, gomas de vinagre de manzana, prebiótico, entre otros.

Este crecimiento, sin embargo, no compromete su propósito. “Queremos llegar a más personas, pero sin perder de vista por qué comenzamos, ayudar de verdad, con honestidad, sin falsas promesas”, concluyen.

El caso de Mumu es ejemplo de cómo un emprendimiento puede crecer exponencialmente sin abandonar su autenticidad. En un mercado saturado de mensajes extremos y soluciones milagrosas, esta marca colombiana ha sabido destacarse hablando claro, conectando con lo humano y construyendo una comunidad que cree en el bienestar como un proceso, no como un destino inmediato.