Desde Sopó (Cundinamarca), Mauricio Rubio ha convertido un pequeño emprendimiento estudiantil en una multinacional tecnológica con operaciones en 16 países.
Por más de 25 años, el bogotano Mauricio Rubio ha liderado una compañía que, sin hacer ruido, ha tejido redes de telecomunicaciones en varias partes del continente americano.
Comenzó como un plan provisional entre clases en la Universidad Distrital de Bogotá y se transformó en OSC Top Solutions Group, una multinacional que hoy factura más de US$30 millones anuales, opera en 16 países y da empleo a unas 900 personas en la región.
“Esto empezó como algo temporal mientras terminábamos la carrera y buscábamos trabajo en las empresas móviles que estaban arrancando en Colombia”, recuerda Rubio, quien enfatiza que es egresado de colegio público y de universidad pública, en entrevista con Forbes. “Pero cuando llegaron los primeros proyectos, se volvió una posibilidad real de ser independientes”.
Corría 1996 y, junto a su socio Miguel Ortiz, empezaron a instalar alarmas, cámaras y sensores en casas y comercios de municipios cercanos a Bogotá. Eran servicios que hoy parecen básicos, pero que en esa época requerían conocimientos técnicos poco comunes.
Con el tiempo, OSC migró al mundo de las telecomunicaciones. Pasaron de la seguridad electrónica a implementar redes 2G y 3G para operadores móviles, de la mano de gigantes como Nokia y Ericsson. Fue justamente uno de esos clientes quien impulsó la expansión internacional.
“Nos decían ‘necesito una empresa como OSC en Perú’, y abríamos Perú. Así fue con Ecuador, Bolivia, México. Crecimos porque nos jalaron, no porque salimos a conquistar territorios”; relata.
Hoy, OSC tiene presencia en prácticamente toda América Latina, menos Venezuela, Guyana y Paraguay, y también opera en Estados Unidos. Su plantilla está compuesta principalmente por talento local en cada país, pero su know-how sigue teniendo acento colombiano.
A medida que los servicios de instalación de redes se volvieron un commodity, Rubio entendió que debían cambiar de enfoque. “Decidimos convertirnos en integradores de tecnología”, comenta. “Fue un reto muy complejo, porque ese mercado ya estaba copado por compañías con décadas de experiencia.”
A pesar de las dudas iniciales de los grandes distribuidores, Rubio tenía una ventaja: independencia. “Llegamos tarde a la fiesta, pero llegamos sobrios. No teníamos compromisos ni limitaciones sobre qué marcas representar”, dice.
Apostaron por Nokia como su principal aliado, pero construyeron un ecosistema con más de 15 socios tecnológicos.
Esa apuesta les permitió avanzar hacia proyectos de mayor escala. Hoy, sus ingresos provienen principalmente de la integración de soluciones tecnológicas complejas, bajo el concepto que Rubio denomina “Beyond Tech”: ir más allá de la tecnología para resolver problemas reales de negocio.
“Nosotros no solo instalamos redes”, explica. “Entendemos qué necesita el cliente, cómo optimizar un proceso, cómo mejorar su operación. Somos solucionadores.”
La lista de proyectos que OSC ha ejecutado en los últimos años incluye la implementación de 480 sitios de telecomunicaciones en el norte de México, beneficiando a más de seis millones de personas; una red interoceánica de fibra óptica en Bolivia que conecta el Atlántico con el Pacífico; la red IP del Canal de Panamá; y una red privada LTE para el puerto de Manzanillo, el segundo más grande de América Latina.
Además, han tendido más de 7.000 kilómetros de fibra óptica en varios países y han participado en la instalación de más de 10.000 radiobases de telecomunicaciones en redes 2G, 3G y 4G.
A pesar de su crecimiento, OSC se ha financiado casi en su totalidad con recursos propios. “Desde el principio, uno de los mayores retos ha sido financiar los proyectos”, sostiene Rubio. “Hemos mantenido una política estricta de reinversión de utilidades, sin repartir dividendos”.
En 2024, la empresa facturó US$28 millones. Para 2025, proyectaba alcanzar los US$45 millones, pero prevé cerrar en US$37 millones, un crecimiento del 50 % impulsado por proyectos incubados en los últimos años. Su fuerza comercial, compuesta por 60 personas, entre key account managers, arquitectos de soluciones y personal de marketing, ha sido clave para este salto.
De cara al futuro, Rubio no descarta abrir la puerta a inversión externa. “Ya maduramos lo suficiente como para pensar en una banca de inversión o en una venta parcial. Cada vez que entramos a ligas más grandes, somos más conscientes de que debemos prepararnos para ese momento”
Rubio nació en Bogotá, pero se considera de Sopó, donde creció. Así ha liderado la evolución de OSC, que este año fue reconocida por Nokia como “Partner Platinum” para América Latina, un hecho que refuerza su posición en sectores clave como minería, petróleo, manufactura, puertos y ciudades inteligentes.
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