Mauro de Castro lidera la operación de Diaco en Colombia, la compañía con el 20% del mercado de acero en el país. El brasilero alerta que este año también será duro para el sector y dice que los retos más grandes que enfrentan son el contrabando y la competencia con países asiáticos que exportan su acero a Colombia.
Hace tres años, cuando llegó al país, el brasilero Mauro de Castro no sabía español. Entre 2022 y 2024 se desempeñó como director de Operaciones de la siderúrgica Diaco, hasta que hace un año asumió como director país de la compañía propiedad del dominicano Grupo Inicia. Para entonces, ya hablaba perfecto el idioma. Aprendió en tiempo récord. “Mi estrategia fue repetir en silencio los diálogos de las personas”, cuenta entre risas a Forbes.
Desde la planta de Diaco en Tuta (Boyacá), de Castro habla de lo que ha sido su llegada a la compañía y también de los profundos retos que enfrenta el sector que desde el 2022 vive momentos difíciles. Estima que este 2025 los resultados sean inferiores a los de 2024, que a su vez estuvieron por debajo de los obtenidos en 2023.
“La amenaza más grande para el acero local es el movimiento global de sobreoferta de acero, principalmente proveniente de Asia y China en particular. Estos países exportan muchas veces a costos marginales y llegan a Colombia a competir con precios más bajos”, explica.
El sector ha sido enfático en pedirle al Gobierno Nacional que robustezca las medidas para el acero importado -sin ir en contra de la importación, agrega-, sino apuntando a que las condiciones sean las mismas que cumplen los productores locales. La situación, explica, más allá de afectar sus negocios, termina convirtiéndose en una bola de nieve que impacta el empleo local. En Colombia, se estima que unas 50.000 familias dependen de este sector.
Diaco ha visto este impacto reflejado en su operación. Aunque tiene el 20% de participación de mercado, actualmente su planta de Tuta, que tiene capacidad de producción de 380.000 toneladas de acero al año, opera solo al 75% debido a la caída de la demanda nacional. Su segunda planta, en Tocancipá (Cundinamarca) permanece apagada por la misma razón.
Aunque en octubre de 2024 el Gobierno impuso finalmente una salvaguarda para la protección del mercado nacional de acero, tras las constantes peticiones del sector y los gremios, de Castro insiste en que aún faltan mecanismos más claros “que nos ayuden a proteger la industria”. Esta primera medida consistió en un gravamen de 30% a la importación de acero por un periodo inicial de dos años. “Avanzamos muy poco, de manera muy lenta, pero aún nos falta una parte importante para que el sector pueda seguir apostando e invirtiendo en el país”, agrega.
Hacer del acero un negocio verde
Desde Tuta, Diaco produce acero fabricado a partir de chatarra ferrosa reciclada. La ubicación de su planta no es casual, actualmente Boyacá produce el 70% del acero nacional y cuenta con talento capacitado por entidades como el Sena y las universidades locales. Actualmente cuenta con 1.275 colaboradores, 500 de ellos están en esa planta.
Aunque hablar de acero y negocios verdes suena contradictorio, Diaco tiene como meta ser referente en el sector. “Actualmente somos el tercer mayor consumidor de energía eléctrica del país, por lo que en los últimos 10 años la mayoría de las inversiones que hemos hecho han estado enfocadas en la eficiencia energética”, comenta.
Con 12,5 millones de dólares de inversión la compañía ha logrado un ahorro de energía suficiente para abastecer una ciudad de 15.000 habitantes por un año. Además, la compañía ha iniciado líneas de negocio paralelas al acero, a partir del reciclaje de residuos de la chatarra que son procesados y utilizados en otras industrias, como la cementera.
Su planta es actualmente la segunda siderúrgica con menos emisiones de CO2 por tonelada de acero producida y apuntan a ocupar el primer puesto en el corto plazo.
Finalmente, como su materia prima es la chatarra, ha sido clave para el negocio lograr alianzas con grupos de recicladores que se encargan de encontrar en las calles de todo el país esos residuos mal dispuestos. “Hemos hecho un trabajo importante por dignificar este oficio y valorar el rol clave que cumplen en la industria. Tenemos programas importantes para apalancar a los recicladores y apoyarlos para que crezcan, porque con las condiciones geográficas del país la recolección es muy difícil y son ellos quienes nos ayudan a hacerlo posible”.
En los próximos años la compañía apuesta por incentivar que el reciclaje de chatarra crezca en el país. Actualmente solo Diaco recicla unas 360.000 toneladas al año de chatarra ferrosa que usa para su producción. Sin embargo, el directivo alerta que el país también tiene actualmente un déficit de chatarra, que no solo impacta su negocio, sino que afecta directamente la economía del país. “Tenemos que trabajar para que no se exporte la chatarra de Colombia. Exportar chatarra es exportar créditos de carbono. De alguna manera construimos con el Gobierno algunas cuotas de exportación, pero es clave que no se superen”, explica.
Por otro lado, dice, la generación de chatarra es un indicador de crecimiento económico, especialmente en Colombia en donde el 65% de ella es de obsolescencia. Es decir, que en la medida en que no se genere chatarra esta es una señal de que la gente no está consumiendo y no cuenta con la capacidad económica para comprar.
Un tema de pedagogía
Cuando se trata de soluciones, de Castro apunta a decir que la pedagogía sobre la calidad del producto local es la que hará la diferencia a la hora de hablar de recuperación del sector. “El principal valor que tiene esta industria es el trabajo que hacemos por garantizar la calidad. Colombia es un país que tiene sismos, por eso tenemos un reglamento técnico importante que garantiza que las construcciones no van a sufrir con esos fenómenos naturales que ocurren constantemente. Ese reglamento técnico muchas veces no es considerado y no podemos garantizar que el acero que entra al país cumpla las características necesarias. Hay acero que entra de contrabando, hay contrabando técnico -que dice que supuestamente cumple, pero si vamos a las pruebas esto no es real-. Los consumidores creen que todo el acero es igual, pero no es así porque cada país tiene su propio reglamento técnico”, comenta el directivo.
Por eso dice que las siderúrgicas deben trabajar por fortalecer ese diferencial entre sus clientes y proveedores. En comparación con el acero importad, el acero local tiene trazabilidad y garantía, y está hecho para cumplir los estándares colombianos que de base son muy exigentes, puntualiza.
De Castro dice que está “amañado” en el país y que confía en la capacidad que tiene Colombia de seguir creciendo en esta industria. “Aquí me encontré con personas muy amables, con personas que quieren aprender, que quieren crecer, que trabajan por hacer las cosas posibles”.
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