El club bogotano, adquirido por el grupo de inversionistas detrás del Wrexham AFC y Necaxa, se está transformando con ADN digital, mentalidad de startup y la ambición de convertir a Bogotá en capital del fútbol moderno.

Durante años, el Club Deportivo La Equidad fue uno de esos clubes que sobrevivía en el fútbol colombiano a punta de disciplina y discreción. Sin títulos de liga y con apenas una Copa Colombia en 2008, el equipo bogotano era visto como un actor estable pero secundario en la primera división.

Eso, al parecer, cambiará desde que, a comienzos de 2025, el Tylis-Porter Group desembarcó con la ambiciosa promesa de transformar a La Equidad en una marca cultural de fútbol con ADN digital en América Latina.

El grupo, liderado por Albert Tylis y Samuel Porter, ya había sorprendido al mundo con la resurrección del modesto Wrexham AFC en Reino Unido, con Ryan Reynolds y Rob McElhenney como caras visibles, y con su entrada al Necaxa de México, respaldados por figuras como Eva Longoria, Kate Upton y Justin Verlander. En Colombia, desembolsaron cerca de US$30 millones para quedarse con el 99% del club, según fuentes del sector, aunque las partes no revelaron el valor de la transacción.

El nuevo presidente del equipo, Nicolás Maya, ex McKinsey en Nueva York, busca traer una nueva manera manera de gestionar un club en Colombia. Retuvo parte del equipo humano tradicional y lo combinó con perfiles corporativos especializados en estrategia, datos, marca y tecnología. La apuesta es operar como una startup en lugar de un club anclado en la tradición.

“La Equidad está viviendo la evolución más importante de su historia. Tras la adquisición, estamos rediseñando el club desde lo deportivo, la marca y su propósito cultural. Queremos un modelo que combine mentalidad de startup, ADN digital y que ponga a la comunidad en el centro de todo”, afirma Mauricio Ucrós, ex director de comunicaciones de Rappi y hoy director de Estrategia.

Para Ucrós, hablar de un club con ADN digital no es un cliché de marketing: “No es solo tener redes sociales o una app. Significa operar como una empresa tecnológica: tomar decisiones en tiempo real, escuchar a la comunidad, personalizar experiencias y convertir cada interacción en una oportunidad de conexión”.

La nueva visión busca que el club no se limite a 90 minutos de fútbol cada ocho días, sino que funcione como una plataforma viva que conecte con turismo, arte, gastronomía, emprendimiento y diversidad. El objetivo es que La Equidad se convierta en un símbolo bogotano disruptivo, capaz de despertar orgullo e identidad en una ciudad fragmentada. “El fútbol puede, y debe, ser mucho más que un marcador”, dice Ucrós. “Queremos que Bogotá se vea en este club y que el mundo vea a Bogotá a través de él”.

Esa ambición ha captado la atención de marcas locales y globales que buscan integrarse a proyectos auténticos con impacto cultural. Los inversionistas detrás del grupo suman más de 120 millones de seguidores en redes sociales, un activo que multiplica la proyección comercial del club en América Latina y el mercado hispano de Estados Unidos.

La visión deportiva está en manos de Salvatore Simeone, responsable del área operativa, quien impulsa un modelo profesional basado en datos, desarrollo juvenil, fútbol femenino y formación integral. El objetivo es competir pronto en torneos continentales, pero sin perder de vista el impacto social. El próximo paso será el cambio de nombre e identidad de marca, pactado con los anteriores dueños, y un lanzamiento oficial en los próximos meses.

Hasta ahora, la nueva versión de La Equidad se perfila como un experimento sin precedentes en el fútbol colombiano, un club gestionado como startup, respaldado por inversionistas globales y con la ambición de convertirse en un laboratorio cultural que trascienda el fútbol.

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