La pulsión inagotable de experimentar, como un proceso de evolución constante, ha llevado al artista guatemalteco a irrumpir con fuerza en la escena del arte contemporáneo.
“El arte es eso que te hace reflexionar, que no pasa desapercibido”, asegura Alexander Zuleta, mientras sus manos dibujan en el aire formas invisibles. A través de distintos lenguajes, como pintura, escultura e instalación, él hurga en la existencia de formas, objetos y humanidad que conforman al sujeto.
Buena parte de su imaginario germinó en los coloridos paisajes de Baja Verapaz, Guatemala, donde los recuerdos de su infancia parecen interminables. Tanto es así que, hace algunos años, creó la serie “Game Over”, inspirada en juegos clásicos, como canicas o “la matatena”, que lo conectan con su memoria más entrañable y abren la puerta a sus fibras más íntimas.

En la actualidad, sin embargo, el artista guatemalteco (que hoy reparte su tiempo entre su país natal, México y España) viaja constantemente, explorando nuevos horizontes plásticos. Como él mismo enfatiza, el núcleo de su trabajo es la reflexión acerca de la globalización, el consumismo y su relación con el espacio y el tiempo.
Esa brújula conceptual le ha permitido trascender en la escena del arte contemporáneo con una mirada que trasgrede los convencionalismos. En sus lienzos y experimentaciones artísticas, el círculo aparece una y otra vez, como una idea constante de algo que no tiene ni principio ni final.
“La pintura, siempre ha sido parte de mi esencia. Así me inicié en el arte”, afirma, mientras rememora cómo, desde temprana edad, comenzó a desarrollar su talento. Incluso antes de la adolescencia, pasaba muchas tardes hipnotizado ante la obra de Van Gogh y los pintores impresionistas, mientras vendía sus primeros cuadros por encargo.
Tras cursar Diseño Gráfico y Arquitectura en la Universidad del Istmo, estudió Filosofía del Arte, becado en la Universidad de las Artes de Codarts (Roterdam, Países Bajos) y, además, realizó una breve estancia en Nueva York. “Eso me dio la trayectoria para ir a España. Hoy colaboro con importantes galerías del mundo”, comenta.
Desde entonces, sus piezas habitan colecciones privadas, palpitan en salas museísticas y en exhibiciones individuales y colectivas, desplegadas por España, México, Brasil, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos o Corea del Sur.
EL ARTE DE CREAR
Ese trazo expansivo se materializará pronto en nuevas muestras. La más relevante será una exposición individual en el Museo Banco de la Nación en Perú, cuya inauguración está prevista para noviembre de este mismo año, y que permanecerá abierta durante seis meses, no sólo en Lima, sino también en otras ciudades del territorio, como Cusco.

Ahí, Zuleta hilará un diálogo entre las diferentes culturas mesoamericanas y la inca, “pero en un sentido más experimental, al utilizar cajas de cartón y pintar encima de éstas. O [con] ideas efímeras relacionadas con marcas y productos que tienen que ver con América”, explica el artista guatemalteco, quien, asimismo, proyecta una posible incursión en Viena, Austria, para 2026.
“El arte es pura experimentación porque, si nos quedamos estancados en un punto, la creatividad no surge”.
Alexander Zuleta, artista plástico
Mientras fructifican estos proyectos, él continúa su incansable exploración. En un mundo donde la sensibilidad muta al ritmo del ser humano, el arte se convierte en un espacio de experimentación pura, “porque, si nos quedamos estancados en un punto, la creatividad no surge”.
Por ello, evita encasillarse en un estilo fijo y, en cambio, cultiva el movimiento perpetuo, consciente de que el talento se alimenta de disciplina férrea. “Creo en el trabajo continuo”, sentencia Alexander Zuleta. “El arte es también matemática: prueba y error. Eso es lo que te hace evolucionar”, afirma, con la convicción de saber que la inspiración brota en la naturaleza, en los viajes nocturnos, en las experiencias vividas o en una frase descubierta en un libro.
