Para algunos analistas, la participación gubernamental podría interpretarse como una señal de que Intel es 'demasiado grande para quebrar'. Para otros, plantea dudas sobre la gobernanza y el riesgo de que el gobierno limite la capacidad de la empresa de actuar en el mejor interés de sus accionistas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está inyectando casi 9 mil millones de dólares en Intel a cambio de una participación del 9.9% en el capital.
Sin embargo, el dinero —que el fabricante de chips, en dificultades, debía recibir de todos modos en virtud de una ley federal de financiación— no será suficiente para que su negocio de fabricación de chips por contrato prospere, según analistas.
Lo que Intel necesita son clientes externos para su proceso de fabricación de vanguardia 14A, una tarea difícil al menos en el corto plazo. El director ejecutivo, Lip Bu Tan, quien asumió el cargo en marzo, advirtió el mes pasado que la compañía podría verse obligada a abandonar el negocio de fundición de chips si no consigue grandes clientes.
“De ahora en adelante, nuestra inversión en Intel 14A se basará en los compromisos confirmados de los clientes”, afirmó.
Kinngai Chan, analista de Summit Insights, subrayó la lógica económica del mensaje de Tan: “Intel debe asegurar suficiente volumen de clientes para pasar a la producción de sus nodos 18A y 14A, de manera que su división de fundición sea económicamente viable”.
“No creemos que ninguna inversión gubernamental cambie el destino de su división de fundición si no logra atraer suficientes clientes”, agregó. El fabricante de chips, que en su día fue sinónimo de la destreza estadounidense en el sector, ha tropezado por años de errores de gestión, cediendo el liderazgo a la taiwanesa TSMC y perdiendo la carrera por los chips de inteligencia artificial frente a Nvidia.
En este contexto, Intel debe demostrar su capacidad para fabricar chips avanzados que atraigan a clientes. Reuters informó que el proceso actual 18A de Intel —menos avanzado que el 14A— presenta problemas de rendimiento, es decir, la proporción de chips producidos que cumplen los estándares para llegar al mercado.
Las grandes fundiciones, como TSMC, suelen absorber el costo de los bajos rendimientos en las primeras etapas de desarrollo cuando trabajan con clientes como Apple. Para Intel, que ha registrado pérdidas netas durante seis trimestres consecutivos, esa estrategia resulta difícil sin comprometer la rentabilidad.
“Si el rendimiento es malo, los nuevos clientes no usarán Intel Foundry, por lo que realmente no solucionará el aspecto técnico de la empresa”, señaló Ryuta Makino, analista de Gabelli Funds, que posee acciones de Intel.
Makino, quien cree que Intel podrá eventualmente producir chips con rendimientos óptimos, considera que el acuerdo es un resultado neto negativo para la empresa en comparación con recibir la financiación bajo la Ley CHIPS, como estaba previsto durante la administración Biden. “Esto no es dinero gratis”, advirtió.
El gobierno federal no tendrá representación en la junta directiva de Intel y ha acordado votar con la compañía en los asuntos que requieran aprobación de accionistas, aunque este acuerdo incluye “excepciones limitadas”. Además, el gobierno obtendrá las acciones de Intel con un descuento del 17.5% respecto al precio de cierre del viernes.
La participación convertirá al gobierno estadounidense en el mayor accionista de Intel, aunque ni Trump ni la compañía revelaron cuándo se completará la transacción.
Las acciones de Intel subieron un 5.5% el viernes tras conocerse la noticia, pero cayeron un 1% en la sesión posterior a la apertura del mercado, cuando se detallaron los términos del acuerdo. En lo que va del año, acumulan una ganancia del 23%, impulsadas por el anuncio de Tan sobre importantes recortes de empleo.
Intel; entre el impulso a la empresa y la gobernabilidad
La inversión, la última intervención extraordinaria de la Casa Blanca en el sector empresarial, se alinea con el objetivo de Trump de impulsar la producción nacional y recuperar empleos. El movimiento ocurre tras los comentarios del presidente a inicios de mes, cuando calificó a Tan de “muy conflictivo” por sus vínculos con empresas chinas y pidió su dimisión, aunque luego cambió de opinión.
Algunos analistas señalan que Intel podría beneficiarse del respaldo gubernamental, incluso para la construcción de fábricas. Intel ha dicho que está invirtiendo más de 100 mil millones de dólares en ampliar sus plantas en Estados Unidos y espera comenzar la producción de chips de gran volumen a finales de este año en su fábrica de Arizona.
“Tener acceso a capital y un nuevo propietario parcial que desea ver a la empresa triunfar son dos factores clave”, comentó Peter Tuz, presidente de Chase Investment Counsel.
La inversión de 8 mil 900 millones de dólares del gobierno se suma a los 2 mil 200 millones en subvenciones ya recibidos por Intel, elevando el total a 11 mil 100 millones, según un comunicado de la empresa. El acuerdo también otorga al gobierno un warrant a cinco años, a 20 dólares por acción, por un 5% adicional de las acciones de Intel, que podrá ejercerse si la compañía deja de controlar al menos el 51% de su negocio de fundición.
Para algunos, la participación gubernamental podría interpretarse como una señal de que Intel es “demasiado grande para quebrar”. Para otros, plantea dudas sobre la gobernanza y el riesgo de que el gobierno limite la capacidad de la empresa de actuar en el mejor interés de sus accionistas, advirtió Andy Li, analista sénior de CreditSights.
“La compañía no está recibiendo financiación gubernamental adicional… eso indica un menor interés del gobierno en continuar brindando apoyo”, agregó.
La inversión se suma a la inyección de 2 mil millones de dólares de SoftBank anunciada a principios de la semana.
“Este es un gran acuerdo para Estados Unidos y también para Intel. Fabricar semiconductores y chips de vanguardia, que es lo que hace Intel, es fundamental para el futuro de nuestra nación”, dijo Trump el viernes.
Con información de Reuters
Este artículo fue publicado originalmente en Forbes México
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