Liber Paniagua, financiero y promotor inmobiliario, ha liderado proyectos que combinan planeación rigurosa, sostenibilidad y trabajo con comunidades. Su sello, estructurar a largo plazo para atraer inversión y construir confianza, ahora está enfocado en Salagua y el macroproyecto Colinas de Barú.

Un bote contra los canales que conectan con la bahía de Cartagena al atardecer, el destino, su casa en el condominio Salagua, en medio de 90 hectáreas de manglar. Para Liber Paniagua esa imagen es una promesa cumplida, lugares donde la naturaleza, la ciudad y el capital conviven bajo reglas claras y horizontes largos. “Desde pequeño me inculcaron ser un ciudadano del mundo”, dirá más tarde, cuando explique por qué sus proyectos se piensan a 20 o 30 años.

Financiero de formación, Paniagua acumuló credenciales internacionales y disciplina académica antes de empezar a modelar territorios. Estudió en la Universidad de West Florida, se graduó en Finanzas y Negocios Internacionales en la Universidad Tecnológica de Bolívar y cursó una especialización en Negocios Internacionales y una Maestría en Finanzas en Seúl, en Chung Ang y Sogang. Ese tránsito lo hizo adoptar la mirada que hoy marca su práctica, entender culturas y reglas para anticipar resultados. “Quise ampliar el conocimiento de diferentes modos de hacer negocios y de ver la vida”, dice.

Su primera escuela corporativa fue el conglomerado surcoreano SK Group. Allí aprendió el valor de la planeación, la de ellos, dice, considera mediano plazo lo que en América Latina se percibe como largo, y la disciplina es ejecución. Después, en JP Morgan, asumió el análisis de negocios para la región ACAC y pulió el sesgo a la productividad y a la estructura financiera impecable que hoy exige a cada proyecto que toca. “Los resultados no siempre se ven hoy; hay que pensar a futuro”, resume.

Condominio Salagua

El salto al desarrollo inmobiliario llegó de la mano de un empresario que lo invitó a “traducir” su precisión financiera a tierra, ladrillo y ciudad. En Novus Civitas trabajó en Serena del Mar, un caso emblemático en Cartagena, una “ciudad dentro de la ciudad” respaldada por pilares de calidad de vida, integración con la naturaleza e inclusión social. Bajo ese paraguas cobró forma un ecosistema con hospital, universidad, terminal de transporte y vivienda diversa. “La clave fue planear bien desde el comienzo y trabajar con las comunidades como aliadas”, recuerda.

Analizar, estructurar y gestar

Desde 2016, como socio y gerente en GRC Group, Paniagua ha profundizado ese método, analizar, estructurar y gestar proyectos con retornos financieramente robustos y criterios ambientales y sociales integrados desde la prefactibilidad.

El portafolio reciente incluye, entre otros, a Salagua, el primer condominio náutico concebido para vivir frente al agua con conexión 24/7 a la ciudad; Inversiones ITL, vehículo de inversion para desarrollos turísticos y hoteleros junto a marcas como Soy Local; y Núcleo 90, un centro logístico y empresarial de nueva generación. Hoy lidera además la estructuración del macroproyecto Colinas de Barú que combinará comercio, vivienda social, productos residenciales y turísticos, marinas, parque de diversiones, club social, campo de golf y aeropuerto privado. “Se trata de elevar la calidad de vida con visión y eficiencia”, apunta.

El diferencial, insiste, no está en una lista de amenidades, sino en la lógica de origen. Paniagua incorpora los costos sociales y ambientales desde la primera hoja de Excel. “Solo si un proyecto es rentable incluyendo inversión social y ambiental desde la prefactibilidad, avanzamos”, señala. A la par, pone a la comunidad en el centro, desde el diseño hasta la operación. “Es distinto imponer un proyecto que construirlo de la mano con quienes lo habitan”, afirma.

La tecnología es un eje clave de esa promesa. Por ejemplo, ha trabajado en el desarrollo de distritos térmicos para proveer frío de manera más eficiente que el aire acondicionado tradicional. En los proyectos actuales, habla de generación energética comunitaria, reúso de aguas con dobles líneas (potable y reutilizable) y soluciones que reducen costos operativos a la vez que mitigan huella ambiental. “La sostenibilidad no es un adorno, es ingeniería, operación y flujo de caja a largo plazo”.

Construir confianza

En una industria donde la confianza puede ser frágil, el método Paniagua suma blindajes. La regla es la rigurosidad y alianzas interdisciplinarias. “Muchos proyectos fallan por mala investigación del predio o por no prever variaciones de costos; nosotros somos conservadores por diseño”, explica. El resultado es una marca personal asociada a cumplimiento y reputación, inversionistas, constructores y operadores que comparten estándares y se reparten el riesgo con claridad.

El apetito del inversionista local también cambió, y Paniagua lo leyó a tiempo. La propiedad dejó de ser solo un costo para convertirse en un activo que puede rentarse en modelos de corta o media estancia. Plataformas tecnológicas, nuevos productos y operadores especializados ampliaron el menú. “Hoy una segunda vivienda puede disfrutarse y rentabilizarse; ese es un motor para la demanda formal”, anota.

Liber Paniagua, financiero y promotor inmobiliario, Andres Montenegro, Head of Content Forbes Colombia

Del lado internacional, los números juegan a favor, una marca de ciudad, Cartagena, que gana tracción por fuera del radar doméstico. A eso se suma un entorno público-local que, dice, ha empezado a trabajar en sintonía con el sector privado para mostrar la ciudad como destino de inversión. “La confianza se construye con destino, reglas y socios”.

El cimiento más íntimo de su método viene de casa. Hijo de dos sociólogos de la costa Caribe, creció viendo proyectos convertirse en patrimonio cultural vivo. Ese ADN explica por qué habla con la misma pasión de marinas, viveros y turismo comunitario, o por qué su esposa, Mónica Palomino, impulsa un periódico infantil La Lupa Curiosa, que fomenta lectura. “Construir país es también construir tejido social”, dice. Es la razón por la que en Barú ya trabajan con la comunidad en emprendimientos de turismo, oficios marinos, viveros y mantenimiento de paisajes, preparando capacidades para lo que vendrá.

¿Hacia dónde va su brújula?

A culminar lo que está en marcha, Salagua y Colinas de Barú, y a desplegar proyectos complementarios de energía renovable, soluciones ambientales y educación comunitaria. El objetivo es que cada desarrollo sea un ecosistema donde la calidad de vida dependa de decisiones inteligentes, urbanismo razonable, operación eficiente, naturaleza integrada y comunidad protagonista; sostenibilidad en todas sus dimensiones

“No se trata de levantar paredes, sino de hacer país”, finaliza Liber Paniagua. De vuelta en los manglares, cuando la ciudad al fondo empieza a encenderse, en la escena cabe su marca personal, confiable, rigurosa y con reputación de cumplir. Lo demás, como el agua, encuentra su cauce.