La Escuela de Bomberos de SACS Group entrena cada año a miles de profesionales de 14 países para responder a emergencias industriales, un vacío crítico en la región ante el aumento de desastres.
En el municipio de Santa Rosa, a media hora de Cartagena, se escuchan explosiones simuladas y las sirenas de alerta. Allí funciona la Escuela de Bomberos de SACS Group, un centro de entrenamiento que desde hace 25 años forma a quienes enfrentan las emergencias más complejas de sectores como el petrolero y el industrial.
Un reciente análisis académico de más de 400 incidentes en plantas industriales de Sudamérica publicado por investigadores en la plataforma científica arXiv reveló que la falta de preparación es un factor recurrente en la mayoría de los casos.
Para Elkin Aldana, presidente y fundador de SACS Group, ese hallazgo confirma lo que él vivió en el sector petrolero. “Me tocó presenciar incendios con fatalidades y destrucción de instalaciones. Entendí que sin formación técnica los desastres son inevitables”, recuerda.
Aldana viajó a Estados Unidos para especializarse en manejo de emergencias y se convirtió en instructor certificado. Su meta fue traer a Colombia una escuela con estándares internacionales. No fue sencillo: “Hace diez años el país aparecía como zona roja y muchos desconfiaban por la seguridad. Estuvimos años tocando puertas”, dice.

La perseverancia rindió frutos y, tras un estudio de mercado, SACS logró la representación de Texas A&M University a través de su institución TEEX, favoreciendo a Colombia sobre México y Brasil.
Hoy, la escuela recibe estudiantes de España, Brasil y doce países más. La última edición ofreció cursos intensivos de 40 horas, con una combinación del 50 % de teoría y práctica, certificados por SACS y por TEEX, aliada del programa.
En agosto pasado capacitó a 320 participantes en un solo ciclo, con 52 instructores hispanohablantes. Cada año, más de 5.000 personas —desde brigadistas de empresas mineras hasta bomberos voluntarios— obtienen certificaciones internacionales en gestión de riesgo.
Ahora SACS construye en el campus una maqueta de avión para entrenar bomberos aeronáuticos y una piscina de gran tamaño para prácticas de rescate en inundaciones. La institución emplea a 30 personas en la zona, 30% de ellas mujeres, y mantiene oficinas en Bogotá, Cartagena y Neiva, entre otras ciudades.
Para quienes llegan becados como bomberos voluntarios, la formación abre oportunidades. Las compañías privadas pagan entre 1.200 y 1.300 dólares por la certificación.
“Lo importante —concluye Aldana— es que cada alumno se va con la capacidad de salvar vidas y proteger la infraestructura crítica de nuestra región”.
