El exchange fundado en Chile en 2015 apuesta por ser un plataforma de referencia en stablecoins.

En mayo de 2011, cuando un Bitcoin costaba menos de un dólar, Jaime Bünzli le escribió a un amigo un correo con un mensaje corto: “cáchate esta”.

El joven ingeniero chileno, fascinado por la programación y el desarrollo de software, había tropezado con un documento técnico que prometía transformar la manera en que el mundo entendía el dinero.

“Conocí Bitcoin desde un lado más técnico. Yo soy ingeniero, pero siempre fui muy fascinado en la programación y en el desarrollo de productos de software”, recuerda hoy el CEO y cofundador de Buda.

Antes de entrar al mundo cripto, había creado con su equipo la desarrolladora Plátano, que lanzó aplicaciones como Quehambre.cl, vendida luego a PedidosYa, y SorteoAmigoSecreto.com, usada todavía por millones de personas en todo el mundo. Pero Bitcoin era otra cosa.

“Nos dimos cuenta de que había un hoyo en el sistema financiero global. Internet logró comunicar a todo el mundo de manera descentralizada, gratis y sin pedirle permiso a nadie. El mundo financiero, en cambio, estaba conectado por un sistema arcaico, ineficiente y poco inclusivo. Vimos en Bitcoin la posibilidad de cambiar eso”, explica.

En 2014, junto con Guillermo Torrealba, fundó SurBTC, un exchange de criptomonedas que luego se rebautizaría como Buda para reflejar su expansión más allá de Bitcoin y de Chile.

En pocos años, la compañía abrió operaciones en Argentina, Perú y Colombia. Hoy mantiene presencia fuerte en estos países, con más de 650.000 usuarios registrados.

Foto: Archivo.

El mercado, sin embargo, se volvió cada vez más competitivo. Binance, el exchange global más grande del mundo, desembarcó en la región, y también lo hicieron jugadores latinoamericanos como Bitso, respaldados por capital de riesgo. Frente a ellos, Buda ha optado por una inserción profunda en cada país y un fuerte vínculo con la regulación.

“Nosotros tenemos empresa en Chile, Perú y Colombia. No es como que lo atendamos desde una matriz afuera. Estamos muy ligados a la regulación”, dice Bünzli.

Ese apego a lo local no los libró de choques con la banca tradicional. En 2018, los bancos en Chile cerraron simultáneamente sus cuentas bancarias, un golpe devastador para un negocio que depende de poder mover dinero fiduciario.

“Es imposible no sentirse súper frustrado cuando uno está haciendo un negocio perfectamente legal y te cierran la cuenta de banco. No hay negocio que pueda subsistir hoy día sin una cuenta”, recuerda.

La startup tuvo que devolver los fondos de todos sus clientes de un día para otro.

“Imagínate la incertidumbre que le genera a los usuarios. Fue muy doloroso a nivel de imagen y en términos de negocio”, admite.

Solo después de presentar una acción legal ante el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, los bancos se vieron obligados a reabrir las cuentas. Con el tiempo, algunas relaciones mejoraron.

“El Banco Bci nos dijo, ‘sentémonos a conversar, hagamos las cosas bien’. Hicimos due diligence y ahora tenemos una excelente relación”, anota.

Buda ha sobrevivido con un modelo de crecimiento prudente. Su capital provino de inversionistas ángeles y de BCG Digital Ventures, pero nunca levantó rondas masivas de venture capital.

“Nuestro fuerte es bien bootstrap. No tenemos gran financiamiento, pero hemos crecido sin necesidad de levantar grandes fondos”, explica Bünzli.

Hoy el foco está en las stablecoins, criptomonedas ancladas al valor del dólar.

“Queremos ser los líderes en la región en stablecoins”, asegura. “Permiten obtener lo mejor de dos mundos: todos los beneficios de las criptomonedas, pagos transfronterizos, 24/7, descentralizados, y la estabilidad del dólar como estándar monetario”, apunta.

Para Bünzli, el auge de las stablecoins abre la puerta a que más usuarios se familiaricen con las ventajas del mundo cripto. Una vez adentro, cree, terminarán reconociendo el valor de Bitcoin como alternativa de largo plazo.

“Bitcoin se va a transformar en la moneda del planeta Tierra. Los países van a empezar a acumularlo como reserva, igual que ocurrió con el oro”, sostiene.

Buda opera hoy con un equipo de 35 personas repartidas entre Chile, Perú y Colombia, y una eficiencia apoyada en inteligencia artificial.

“No me gusta ponerme metas de número de empleados. Queremos ser muy eficientes, muy apoyados por tecnología. Este año estamos full enfocados en stablecoins. Queremos ofrecer el mejor precio, la mayor liquidez y la forma más rápida y barata de interactuar”, concluye.

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