La economía crece y el turismo bate récords, pero el deterioro de la seguridad, el déficit fiscal y la desconfianza institucional ponen en duda la sostenibilidad del repunte, afirmó The Economist.

La campaña presidencial en Colombia ha adquirido un tono surrealista, con candidatos rivales describiendo al país en términos diametralmente opuestos. Como reportó The Economist en un reciente análisis, la candidata de derecha Vicky Dávila advirtió que el país está “a las puertas del infierno”, insistiendo en que los votantes deben decidir si Colombia “arde” o “retrocede”.

Del otro lado, Gustavo Bolívar, un aliado de izquierda del presidente Gustavo Petro, sostuvo que los últimos seis meses han sido “fabulosos” para la economía, citando el auge del turismo, un mercado bursátil en alza, un desempleo en mínimos históricos y una inflación en retroceso.

Ambas visiones contienen fragmentos de verdad. The Economist señala que la economía colombiana está en “buena forma” en comparación con gran parte de Sudamérica, aunque persisten debilidades estructurales y un entorno de seguridad en deterioro. Se espera que el PIB crezca 2,4% este año, una cifra modesta pero superior a la de varios países de la región. La bolsa ha ganado 54% en términos locales en el último año, ubicándose como la cuarta de mejor desempeño en el mundo. La inflación se ha reducido a la mitad desde que Petro asumió en 2022, mientras que la tasa de desempleo en julio, de 8,8%, fue la más baja para ese mes en 24 años. El turismo alcanzó 7 millones de visitantes en 2024, 2 millones más que hace dos años.

Sin embargo, este repunte oculta bases frágiles. Cerca del 60% de los colombianos sigue en la economía informal, la inversión es débil y el crecimiento depende en gran medida del consumo. La decisión de Petro de prohibir nuevos proyectos de exploración de petróleo y gas ha enfriado el apetito de los inversionistas extranjeros. La pobreza se ha reducido, pero la pobreza extrema apenas ha cambiado y la desigualdad sigue siendo de las más altas del mundo. Su apuesta por fuertes incrementos del salario mínimo amenaza con profundizar la informalidad. Al mismo tiempo, las reformas al sistema de salud han alterado servicios que funcionaban, con salas de maternidad y urgencias cerrando o limitando ingresos.

Las presiones fiscales añaden otra capa de riesgo. El gasto público empujará el déficit a alrededor del 7% del PIB este año, llevando la deuda pública a más del 60%, un récord. En junio, el gobierno suspendió por tres años el tope legal al gasto y endeudamiento, una medida que el propio ente fiscalizador del país consideró injustificada. Quien gane la presidencia en 2026 heredará un panorama presupuestario complejo, donde incluso los candidatos conservadores podrían verse obligados a subir impuestos.

La seguridad se ha deteriorado más visiblemente. En junio, el candidato presidencial Miguel Uribe fue asesinado, un recordatorio de la violencia política de los años 90. Un carro bomba en Cali y el derribo de un helicóptero policial dejaron 20 muertos y más de 70 heridos. Los grupos armados, que hoy cuentan con unos 22.000 combatientes —un aumento del 45% desde que Petro asumió— han aprovechado las negociaciones de “Paz Total” para reagruparse y expandirse. La extorsión ha subido 50% desde 2021, los secuestros 75% y el cultivo de coca está en niveles récord. La tasa de homicidios, aunque estable en 25 por cada 100.000 habitantes, sigue siendo de las más altas de la región fuera de Ecuador.

La turbulencia alimenta tensiones institucionales. Petro ha atacado al banco central, amenazado con saltarse al Congreso y chocado con los tribunales, llegando en un momento a convocar manifestantes que sitiaron la Corte Suprema. La rotación ministerial es constante (los ministros duran en promedio apenas 20 días) dejando a los funcionarios sin rumbo.

Colombia no es Venezuela ni Cuba, como aseguran algunos críticos, y sus instituciones muestran resiliencia. Pero los desafíos crecen. Cerca de un millón de colombianos han emigrado de manera permanente en los últimos tres años, el doble que antes de la pandemia. Para el próximo presidente, estabilizar la seguridad, ordenar las finanzas públicas y recuperar la confianza de los inversionistas será clave para que el actual repunte económico no se desvanezca tan rápido como llegó.