En Colombia, dos compañías han entendido que transformar el agro requiere propósito, escucha territorial y compromiso colectivo.

Desde el cacao hasta el azúcar, Casa Luker e Ingenio Providencia, certificadas como empresas B, están redefiniendo el rol del sector privado en la transformación rural. Sus modelos de sostenibilidad integran propósito empresarial, impacto social y alianzas territoriales que trascienden la cadena productiva.

En conversación con Forbes Colombia, Andrea Camacho, directora de sostenibilidad de Casa Luker y Angie Riascos, directora de sostenibilidad de Ingenio Providencia, compartieron cómo se construye tejido social desde el agro colombiano.

Por un lado, para Casa Luker, la sostenibilidad ha sido desde el inicio un eje estratégico. Su evolución hacia un modelo de triple impacto le permitió obtener la certificación como empresa B y alinear sus acciones con la agenda global. Del otro, Ingenio Providencia, con casi 100 años de historia, ha construido su propósito desde el bienestar colectivo, siendo pionera en iniciativas sociales desde la década de los 60.

Ambas compañías coinciden en que la sostenibilidad no se decreta: se vive desde el interior de la organización y se extiende hacia los territorios.

Desde la línea social, la compañía trabaja en el fortalecimiento comunitario a través del acceso a educación, el impulso al emprendimiento juvenil y la generación de oportunidades dentro de los territorios.

En cuanto al componente ambiental, se enfoca en la protección de fuentes hídricas, bosques y biodiversidad, además de impulsar la descarbonización de la cadena de valor del cacao, uno de los principales factores que inciden en su huella de carbono.

“El sueño de chocolate tiene tres objetivos: aumentar ingresos, fortalecer comunidades y proteger el medioambiente” añade Camacho.

Además, creó el Dreamers Club, un espacio para clientes que desean ir más allá del consumo y convertirse en co-creadores de proyectos con impacto directo en las comunidades productoras.

Con casi 100 años de historia, Ingenio Providencia ha construido su propósito desde el bienestar colectivo. Desde la década de los 60, la compañía ha liderado iniciativas sociales en el Valle del Cauca, como la fundación de un colegio que hoy es la obra social más grande del sector azucarero. La compañía ha promovido más de 200 ascensos internos en el último año y desarrolló una caracterización de su talento humano con enfoque en diversidad, equidad, inclusión y pertenencia.

Ese compromiso histórico se ha traducido en un hito gremial: Providencia es la primera empresa de su sector en certificarse como empresa B, y actualmente la única en el mundo con ese sello dentro de la industria azucarera.

“Para nosotros, nuestro activo más importante es la gente, queremos que cada persona se sienta reconocida, que pueda ser quien es y que eso genere sentido de pertenencia “enfatiza Riascos.

Ambas líderes coincidieron en que la sostenibilidad requiere alianzas, corresponsabilidad y visión compartida. En un país que necesita transformar sus cadenas productivas desde el origen, estas compañías demuestran que el agro colombiano puede ser motor de inclusión, innovación y futuro.

*Agradecimiento especial al NH Collection Terra 100 Royal por facilitar el espacio para la realización de este foro.

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