Saber con quién relacionarse sí que importa cuando se habla de emprender. Formar un equipo fundador que tenga las bases sólidas y que comparta el propósito del negocio es indispensable para su crecimiento. Esto es lo que se debe tener en cuenta para armar el equipo ideal.
Escoger al equipo fundador de una empresa no es una decisión menor, ni debe ser guiada por la emoción del momento. Como si se tratara de un matrimonio, es fundamental identificar si se comparten una visión y valores comunes sobre los cuales construir una base sólida para el negocio.
Cuando se busca a los compañeros ideales para emprender un negocio es común dirigir la mirada hacia el círculo más cercano o asociarse con quien tenga el capital para iniciar; sin embargo, aunque parezcan propuestas deslumbrantes, no son el criterio recomendable para elegir.
De hecho, afirman desde la plataforma de gestión humana Buk, guiarse únicamente por la afinidad personal es uno de los errores más comunes durante la etapa de formación del equipo, ya que se desconoce si tienen la complementariedad de habilidades que requiere el negocio.
Para Sofía Betancourt, directora del programa de Administración de Negocios Internacionales de la Fundación Universitaria del Área Andina, es relevante profundizar en las razones por las que sería conveniente unirse a determinada persona en un emprendimiento y ello requiere de conversaciones más serias.

“De un socio se espera una relación de largo plazo y, por ese motivo, debería tener una visión compartida y sentirse identificado con el propósito del negocio, pero que además tenga resiliencia y tolerancia al fracaso, porque claramente en el emprendimiento hay probabilidades de que las cosas no salgan en el tiempo y la forma que se tiene previsto”, añade la experta.
Quienes ya han atravesado esta fase, y han resultado victoriosos en el intento, concuerdan en que esas personalidades juntas definen el rumbo del proyecto. “Más allá del ‘match’ profesional, hay que encontrar a alguien con quien realmente quieras compartir tiempo, incluso en los momentos más difíciles. En un emprendimiento terminarás pasando más horas con tu socio que con tu familia, y ahí la confianza y la admiración mutua son claves”, aconseja Simón Pinilla, cofundador de la fintech Druo.
Por su parte, Maryory Ávila, CEO de Bloom Crowdfunding, coincide en que más que conocimientos técnicos, el foco tiene que estar en las habilidades blandas que hacen la diferencia, como la disciplina, el enfoque, la capacidad de negociación y la alineación con el propósito.
No está de más, sugiere Betancourt, hacer una investigación previa de los socios, consultarles por su inversiones anteriores y el estado actual de dichos proyectos o por su trayectoria profesional, para facilitar la transparencia y la confianza en el matrimonio empresarial.
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Los términos innegociables
- Capacidad de ejecución para materializar el negocio y sobreponerse a los obstáculos.
- Complementariedad: si uno es bueno para relacionarse y establecer contactos, el otro debería aportar en el conocimiento técnico.
- Ética y compromiso con el equipo de trabajo y el proyecto.
- Adaptabilidad a los cambios y la incertidumbre característicos del emprendimiento.
- Inteligencia emocional para manejar conversaciones difíciles y resolver conflictos.
- Humildad para aprender, reconocer errores y pedir ayuda.
Las ‘red flags’ y cómo resolver conflictos
Es natural -y hasta saludable- que al emprender surjan conflictos o discrepancias en la toma de decisiones, lo que no es bueno es que esto sea el punto de quiebre de la sociedad. Betancourt, de Areandina, es clara en señalar como una ‘red flag’ cuando hay silencios prolongados entre los miembros del equipo.
“Al principio uno es rápido y resuelve, por eso la distancia y la evasión de conversación son una alerta; como en un matrimonio, son señales de que la relación flaquea, y los obstáculos no se superan sin confianza y comunicación para pedir ayuda”, agrega.

También es un error no formalizar un acuerdo entre socios, dicen desde Buk, donde se definan los roles de cada miembro así como las condiciones y expectativas del proyecto. En este documento se deben especificar las responsabilidades, los criterios para la toma de decisiones, las participaciones financieras de cada socio, la duración del proyecto, los mecanismos para la entrada de nuevos socios y la visión estratégica del negocio.
En escenarios de conflicto, lo conveniente es contar con un protocolo que permita responder ante cualquier disputa y -preferiblemente- contar con un tercero neutral que actúe en momentos críticos para mediar entre las partes.
Por ejemplo, cuenta Pinilla, “en Druo acordamos desde el inicio que las discusiones se resuelven con argumentos y de manera racional, no desde la subjetividad o la emoción. También ayuda a definir roles: cada socio tiene la última palabra en su área de experiencia, pero siempre con espacio para cuestionar al otro”.
Ávila de Bloom Crowdfunding comparte dos consejos adicionales: el primero es reconocer que nadie es perfecto y hay que estar en la capacidad de admitir errores y ceder cuando el otro tiene la razón; el segundo es mantener una comunicación abierta y honesta basada en el respeto. “Al final, lo que marca la diferencia es recordar que ambos caminan hacia el mismo destino: hacer crecer el emprendimiento”.
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El momento de agrandar la familia
Si encontrar al equipo fundador es un reto, encontrar el talento humano para crecer no se vuelve más sencillo. De acuerdo con Ávila, es primordial que se comprenda que el emprendimiento atraviesa por distintas etapas y cada una de ellas exige perfiles distintos.
Y explica que: en el inicio se necesita a personas resilientes, capaces de reestructurar procesos rápidamente y adaptarse al cambio; más adelante, durante la consolidación del producto, se requiere a un equipo más técnico y estructurado, y en la etapa de crecimiento toman mayor relevancia los perfiles comerciales, con habilidades para escalar ventas y negociar con clientes.
Pero además esa contratación impone un tono. Como sostiene Pinilla de Druo “las primeras 10 o 20 personas que se vinculan a una startup son determinantes para forjar la cultura organizacional. Es indispensable que compartan los valores de los fundadores, crean en la visión y tengan un nivel de compromiso casi igual al de ellos”. Muchas veces, estos creyentes reciben participación accionaria o beneficios.
En esa línea, Betancourt enfatiza en que desde el momento uno de la selección del equipo de trabajo se debe procurar definir la filosofía de la empresa, que trascienda el entusiasmo y se tengan claridad en las reglas, roles, funciones y el propósito.

“También es fundamental el liderazgo empático, que inspira, motiva y conecta al equipo con un propósito compartido, y la orientación hacia el bienestar, porque los socios que valoran el equilibrio entre la vida personal y laboral ayudan a construir equipos más sostenibles y creativos”, resaltan desde Buk.
Por último, pero quizá lo más importante, desde el primer momento hay que apalancar la diversidad como una ventaja competitiva. Los emprendedores detrás de Druo aseguran que la pluralidad es clave para anticipar escenarios que de otra manera pasarían por alto, abordar los retos con una mirada integral y generar confianza entre los stakeholders.
“La diversidad no solo es un valor social, también es una estrategia para lograr innovación y sostenibilidad”, destacan desde Buk. A la larga, se convierte en un gancho para atraer y retener talento, conectar mejor con los clientes y las audiencias.
No cabe duda de que un equipo fundador y de trabajo escogido cuidadosamente son los cimientos de una empresa exitosa y con orientación al crecimiento.
