Margarita Moreno se convirtió este año en la primera colombiana en lograr subir las siete cumbres más altas del mundo, tras conquistar el Everest. Sus experiencias en la montaña se han convertido en lecciones de liderazgo y gestión de equipos.

El 24 de mayo de este año, Margarita Moreno se convirtió en la primera colombiana en subir las siete cumbres más altas del mundo, tras conquistar la última de ellas: el monte Everest, la montaña más alta del mundo con 8.849 metros de altura sobre el nivel del mar.

Aunque lograr esa cima había sido su meta desde hace tres años, cuando inició la preparación física y mental para lograrlo, llevó su capacidad aún más allá y se enfrentó a otra cumbre ese mismo día, la de Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo, con 8.516 metros. Un doble logro en 28 horas, que la ubica en un grupo muy reducido de personas que han conseguido esa hazaña.

En conversación con Forbes, Margarita dice que su secreto para lograr a los 39 años ser la primera colombiana en alcanzar este hito ha sido no dudar de su capacidad de hacerlo desde que se lo propuso, hace 8 años. “Venía de un momento muy duro de mi vida, me fui de expedición al Himalaya, en donde pasé 18 días en silencio, y allá me enamoré de la montaña”, cuenta.

Desde ese momento alternó su trabajo como diseñadora industrial con entrenamientos exigentes que incluían carreras de largas distancias, levantamiento de pesas e infinitas subidas de escaleras que la preparaban para lo que enfrentaría en las siete montañas. “Estudié cada una. Su altitud, su temperatura. Inicié tomando cursos, viendo todos los videos de YouTube que encontraba sobre el tema y contactando al equipo técnico que podía acompañarme en el camino”.

Lo más difícil de subir la montaña más alta del mundo, recuerda, fue reconocer cuáles eran sus límites, aun cuando su afán por llegar a la meta estuviera presente. “Tomar la decisión de devolverse si uno no se siente físicamente capaz es un pensamiento difícil, porque está en juego la preparación de años, pero además porque el camino de bajada es mucho más exigente y hay que guardar energía para recorrerlo. Es de hecho en el que más personas mueren. Así que uno no para de preguntarse: ¿hasta dónde es mi mitad de camino para tener la energía para devolverme? Enfrentarse uno con uno mismo, decirse la verdad y aceptar cuando se puede y cuando no es muy duro”.

Su siguiente reto personal apunta a subir los volcanes más altos de cada continente, que empezó a recorrer mientras se preparaba para las siete cumbres. Actualmente ya ha alcanzado cinco de ellos y espera que pronto la situación política y social le permitan alcanzar los dos que le faltan: uno ubicado en Irán y el otro en la Antártida.

Desde su experiencia como montañista y profesional de los negocios Margarita recopila las que considera son las cinco lecciones clave que la montaña le dejó y que cualquiera en un entorno corporativo podría tomar.

Seis lecciones de una montañista:

  • Como en la montaña los guías son quienes garantizan tu seguridad en el camino, en la vida los mentores y las personas que tienes como referentes son quienes te preparan para los retos que puedas enfrentar. Ir de la mano de una persona que conozca el camino, que tenga experiencia, que haya recorrido antes tus retos, puede hacer más fácil de andar el camino que debes recorrer.
  • En momentos difíciles uno debe recordar siempre el por qué. Cuando se tiene claro el porqué de algo y ese porqué es el que te mueve el corazón, puedes lograr lo que sea. Cuando el camino se pone difícil y uno considera darse por vencido el porqué es el que te mantiene firme, con los ojos en la meta. El porqué es el que te hace madrugar cuando no quieres, o dar el siguiente paso en una tormenta cuando no tienes energía.
  • Pedir ayuda está bien y te hace más fácil el camino. No hay vergüenza en hacer preguntas o en pedir ayuda. Preguntar y no asumir puede hacer la diferencia en la montaña y en la vida, desde evitar un accidente, para el caso de los montañistas, hasta tener una visión distinta de un problema en la vida o en los negocios.
  • Comunicarse bien y tener buena dinámica de equipo evita que los problemas se magnifiquen. Las montañas no se suben solas, así como los negocios tampoco se construyen sin equipo. Al subir una montaña, en la tormenta dependen unos de otros, hablar asertivamente hace que los problemas no se magnifiquen y se puedan atender antes de afectar el progreso de todo el equipo. Lo mismo ocurre cuando llegan las crisis en las compañías.
  • Hay que ser honestos con el equipo. “Cuando subíamos la montaña nos hacían mucho énfasis en que si nos sentíamos enfermos o con alguna dolencia debíamos ser honestos y comunicarlo al equipo, porque solo así íbamos a poder recibir ayuda. A veces, por miedo al fracaso, preferimos callarnos y eso nos puede poner en riesgo no solo a nosotros sino al equipo completo”, explica.
  • No hay que dejar que el miedo te paralice. El miedo es inminente, en la vida, en la montaña, en los negocios, en la familia, en la enfermedad, pero no puedes dejar que te paralice. Es necesario tomar el miedo y darle la vuelta, dominarlo y abordarlo lo más rápido que se pueda, porque de lo contrario puede robarte la oportunidad de salir adelante con las soluciones.

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