En Miranda, Cauca, el mayor ingenio del país apuesta a que la caña alimente turbinas y no solo endulce el café. Esta apuesta la detalló a Forbes Roberto Klinger, presidente de Incauca, quien también se refirió a retos como el clima y las regulaciones.

Hay zonas de Colombia en las que los cañaduzales se alzan como un ejército interminable: rígidos y altivos bajo un sol implacable, como si la tierra hubiese decidido peinarse con un cepillo verde. Los tallos, alineados en hileras densas y uniformes, forman un muro vegetal que intimida y fascina.

En uno de esos horizontes, en el corregimiento de El Ortigal, en Miranda (Cauca), están las plantas de Incauca, el mayor ingenio azucarero del país.

En 2024 molieron 3,20 millones de toneladas de caña; produjeron 5,17 millones de quintales de azúcar, 64.630 metros cúbicos de alcohol y 337.993 megavatios hora de energía. El 80% del azúcar se vende en Colombia, donde aun con impuestos a bebidas y etiquetas, la compañía facturó $1,19 billones.

Roberto Klinger, un caleño que pasó por banca, periodismo y telecomunicaciones antes de liderar Incauca, llegó a la presidencia hace tres años tras recorrer las áreas comercial y financiera. Su jornada inicia revisando tableros de control y llamadas a cosecha, campo y venta.

“Todavía las exportaciones y las compras las manejo yo”, dice en entrevista con Forbes Klinger, quien hoy se desvela por la sacarosa, porque representa mismos costos de producción, pero menos azúcar. “La métrica más importante y coyuntural es la sacarosa, que se ha venido reduciendo por razones climáticas”.

El plan de Incauca, que compite con Riopaila Castilla, Manuelita y Mayagüez, para los próximos diez años, suena más a balance energético que azucarero.

“Ya somos una compañía de energía”, sostiene Klinger. “Con la caña se puede hacer casi todo lo del petróleo… energía eléctrica con bagazo, biogás, hidrógeno”.

Foto: Diana Rey Melo / Forbes.
Foto: Diana Rey Melo / Forbes.

Tienen la planta cogeneradora más grande del país, inaugurada en 2023 con una inversión de $230.000 millones. El bagazo se convierte en combustible tras entrar a una caldera que produce vapor para turbogeneradores capaces de generar 120 megavatios, usados en consumo propio y para vender excedentes a la red.

Hoy la energía es entre el 6% y 8% de la facturación, pero aporta entre el 15% y 20% del EBITDA.

En Incauca tienen la planta cogeneradora de energía más grande del país. Foto: Diana Rey Melo / Forbes.
Foto: Diana Rey Melo / Forbes.
Foto: Diana Rey Melo / Forbes.

En los cultivos, también hay transición porque ya el 100% de la cosecha es mecánica, algo que era impensable en una zona lluviosa.

“Ingenio del Cauca es el tercer ingenio en Colombia con el 100% de cosecha mecánica”, explica José Leudín Giraldo, director de Cosecha.

Son además el único ingenio con dos molinos, capaces de producir 20.000 toneladas por día, con azúcar orgánica y convencional.

El cambio también es humano. El programa “Mujeres cosechando futuro” ha formado a 60 mujeres para manejar tractores. Gina Girón, de la vereda La Holanda, es una de las 17 que ya lo hacen, tras alistar a sus hijos cada madrugada.

“La verdad, nunca me imaginé manejar una máquina de esas… me puse a estudiar y aquí estoy”, dice. “Desde que inicié los muchachos me han tratado muy bien, me ayudan mucho”.

Gina Girón conduce tractores en Incauca. Foto: Diana Rey Melo / Forbes.

En la fábrica, los indicadores conviven con la presión regulatoria. Klinger admite el golpe de los impuestos y la reformulación de marcas con edulcorantes: “Lo que vemos es a las compañías tomando esa decisión por el consumidor”. Aun así, insiste: “La gente sigue consumiendo azúcar”.

Hacia afuera, la competencia es dura. Brasil produce 45 millones de toneladas de azúcar (Colombia, unos 2,3 millones), Centroamérica compite en la región y la India entra y sale del mercado.

La licencia social y la seguridad son otra capa. “Es una región convulsionada”, admite Klinger.

Con su liderazgo busca cercanía. “Tenemos un evento como reunión general en el que todos me pueden hacer preguntas… lo llamamos charlas con Roberto”, apunta.

Afuera, la apuesta combina fútbol base, con Incauca Fútbol Club, que beneficia a 1.500 niños en 14 sedes, y encadenamientos con 75% de caña de proveedores, incluidas comunidades negras e indígenas. En Miranda, 66% de compras son locales y el municipio obtiene el 70% de sus ingresos por impuestos de la empresa.

Incauca Futbol Club financia a 1.500 niños y jóvenes en el deporte. Foto: Diana Rey Melo / Forbes.
Foto: Diana Rey Melo / Forbes.

“Somos más que azúcar”, afirma Angélica Quiroga, directora de sostenibilidad. “Utilizamos bagazo para producir energía limpia a través de una fuente renovable”.

En medio de todo, las fricciones persisten. La tierra que se disputa entre caña y urbanización, el clima que desafía la sacarosa, y los incendios provocados ocupan extensas reuniones. Aunque exportaciones a países como Estados Unidos y Chile crecieron 8%, la escala seguirá siendo el talón de Aquiles frente a Brasil.

Foto: Diana Rey Melo / Forbes.

“Para el Cauca, que no estuviera Incauca sería dramático”, señala Klinger. “La confianza con la comunidad es prioridad. Tener esa licencia social para trabajar, que sientan que esta compañía quiere estar aquí”.

La empresa ahora se presenta como “la energía de los colombianos”, con una ruta que explora biogás, hidrógeno, bioplásticos y alcohol para movilidad.

“Es una compañía totalmente diferente a la de décadas pasadas”, concreta Klinger. “El enfoque ahora es energía y sostenibilidad”.

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