Para 2030, las mujeres administrarán hasta el 45% de los activos financieros globales, un cambio que redefine la cultura de la inversión y reta a la industria patrimonial a adaptarse.

La gestión del dinero en el mundo se está reconfigurando. Según el informe The New Face of Wealth: The Rise of the Female Investor de McKinsey, las mujeres controlan actualmente cerca de un tercio de los activos financieros minoristas en la Unión Europea y Estados Unidos, y podrían alcanzar entre el 40 % y el 45 % para 2030. Este ascenso no solo altera las cifras del patrimonio global, sino también la cultura de la inversión.

Entre 2018 y 2023, la riqueza financiera mundial creció un 43%, pero la controlada por mujeres lo hizo a un ritmo mayor: un 51%. En total, ellas administran cerca de 60 billones de dólares, equivalentes al 34% de los activos globales bajo gestión. En la Unión Europea, los activos controlados por mujeres pasaron de 4,6 billones en 2018 a 6,6 billones de euros en 2023, con una proyección de 11,4 billones para 2030. En Estados Unidos, el salto fue de 10 a 18 billones de dólares en cinco años, y podría llegar a 34 billones en la próxima década.

El crecimiento se explica por una combinación de factores: la autonomía económica derivada de mayores niveles de educación y empleo, cambios sociales como matrimonios tardíos o divorcios más frecuentes, y el componente demográfico de una mayor esperanza de vida, que con frecuencia las convierte en herederas de patrimonios significativos.

Aun así, más de la mitad de los activos que controlan las mujeres no son gestionados profesionalmente. El 53% de su riqueza no cuenta con asesoría especializada, frente al 45% en el caso de los hombres. Según McKinsey, cerrar esa brecha podría liberar una oportunidad de hasta 10 billones de dólares hacia 2030.

La confianza financiera también está aumentando. En Europa, el porcentaje de mujeres que se sienten cómodas tomando decisiones financieras subió del 45% en 2018 al 67% en 2023, mientras que en Estados Unidos, entre las menores de 50 años, pasó del 48% al 61%. A esto se suma una tendencia hacia la estabilidad: las mujeres priorizan inversiones de largo plazo, buscan asesorías presenciales al menos una vez al año, el 76% así lo prefiere, frente al 71% de los hombres, y se muestran cada vez más sensibles al costo de los servicios financieros. Su conciencia sobre los precios aumentó del 60% en 2018 al 75% en 2023.

Pese a la relevancia de este segmento, la industria financiera aún no logra reflejarlo internamente. Solo el 23% de los asesores en Estados Unidos y entre el 18% y 20% en Europa son mujeres. Esa falta de diversidad afecta la relación con las clientas, que valoran el acompañamiento cercano y la comprensión de sus metas financieras. El informe advierte que el 30 % de las europeas está insatisfecha con su asesor actual y el 37 % planea cambiar de banco.

En América Latina, el cambio empieza a tomar forma. La participación femenina en educación superior, emprendimiento y cargos directivos ha impulsado una mayor independencia económica. Según McKinsey, si el sector financiero regional logra incorporar modelos más diversos y aprovechar la digitalización, podría liderar enfoques innovadores que combinen confianza, cercanía y tecnología.

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