Su trayectoria comenzó con apenas un millón de pesos y una máquina familiar. Hoy, su taller en Barranquilla exporta piezas únicas hechas a mano, elaboradas con hasta 5 texturas distintas y supervisadas personalmente en cada detalle.
Desde su atelier en Barranquilla, la diseñadora Érika Quizena ha construido una marca de moda de lujo que hoy llega a más de 16 países, combinando técnicas artesanales con procesos personalizados de costura de lujo. En 2024, su empresa alcanzó ventas por $1.869 millones, un aumento del 36% frente al año anterior, reflejando el crecimiento de una firma que busca posicionarse en el mercado internacional del lujo hecho en Colombia.
Administradora de empresas de profesión y diseñadora por vocación, Quizena fundó su marca en 2005, tras identificar un nicho poco explorado en el país: el de la confección a la medida como símbolo de exclusividad. Inició con un capital de 1 millón de pesos, una máquina de coser familiar y una pequeña colección de vestidos confeccionados por ella misma. Desde entonces, su atelier trabaja bajo el modelo custom made, donde cada prenda se diseña desde cero para la clienta. “Un vestido habla. No tiene que decir nada para expresar quién es la persona que lo lleva”, afirma.

La marca se diferencia por su atención al detalle y el uso de múltiples texturas y bordados hechos a mano. Cada pieza puede involucrar hasta 15 materiales diferentes, buscando una mezcla de color y forma que resalte la personalidad de quien la usa. El proceso, que tarda entre tres y seis meses, incluye asesoría directa con la diseñadora, selección de telas y pruebas virtuales para clientas extranjeras.
Durante la pandemia, la empresaria implementó citas virtuales para continuar sus procesos creativos, una estrategia que impulsó su internacionalización. Hoy, sus diseños han llegado a Estados Unidos, España, Francia, Italia, Emiratos Árabes, Grecia, República Dominicana, Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Panamá, México, Aruba, Curazao, Puerto Rico y Rusia. Uno de los hitos recientes fue el envío de un vestido para una modelo vinculada a Dior en París, pieza confeccionada desde Colombia y ajustada a la perfección a distancia.
Con un equipo de 25 personas, entre ellas, artesanas en su mayoría mayores con amplia experiencia en bordado. El atelier combina tradición y formación a nuevas generaciones. Parte de su filosofía es preservar los oficios manuales y mantener procesos sostenibles: los retazos de tela se reutilizan en accesorios y flores decorativas, y muchas de sus creaciones se heredan entre generaciones, reforzando su enfoque en un lujo duradero. Un ejemplo de ello son los vestidos confeccionados hace casi dos décadas para clientas que hoy son usados por sus hijas, una muestra de cómo la atemporalidad y la calidad del trabajo mantienen vigente cada pieza con el paso del tiempo.
El crecimiento de la marca también ha estado acompañado por la colaboración espontánea de figuras públicas y creadoras de contenido, entre ellas Marcela García, cuya visibilidad ha impulsado la demanda internacional de los diseños de Quizena.

Además de su expansión global, la diseñadora defiende el papel de su ciudad natal en el panorama nacional. “Barranquilla para mí es la capital de la moda en Colombia”, asegura, convencida de que los diseñadores pueden proyectarse al mundo desde su propio territorio, sin necesidad de trasladar sus talleres al exterior.
A futuro, la creadora proyecta expandirse hacia el mercado de Medio Oriente, inspirada en las grandes casas de costura de lujo de esa región. “Sueño con ver nuestros vestidos junto a los de Elie Saab o Zuhair Murad. Me siento preparada para competir en ese nivel”.
Con casi dos décadas de trayectoria, Érika Quizena ha consolidado un taller que mezcla identidad caribeña, lujo artesanal y proyección global, una combinación que busca posicionar a Barranquilla como un referente de moda en el mapa internacional.
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