La cofundadora de Epic Angels ve en la ciudad colombiana de Cali “energía” y ambición global, respalda a la startup de reciclaje Muta como su primera inversión en Latinoamérica y forma a más de 130 mujeres locales como inversionistas ángeles, mientras impulsa a los fundadores a levantar capital en dólares, presentar en inglés y pensar en escalar 10 veces.

Maaike Doyer ha visto surgir los grandes polos de innovación en muchas ciudades. Ella ha vivido en ciudades como Ámsterdam, San Francisco y Singapur.

Ahora, esta inversionista neerlandesa, cofundadora de la firma de capital de riesgo Epic Angels, centra su atención, y su chequera, en Colombia, con una afinidad especial por la ciudad de Cali.

“Hay una energía”, dice en entrevista con Forbes. “Hago un webinar con caleños a las siete de la mañana y quedo tan llena de energía que necesito salir a caminar”.

Ese impulso, junto con un creciente grupo de mujeres inversionistas que se están formando en la ciudad, explica por qué Epic Angels eligió a Colombia para su primera apuesta en América Latina, respaldando a la startup de tecnología para reciclaje Muta, después de que Doyer fuera la conferencista principal en el Capital Summit de Cali.

“En las etapas tempranas siempre estás apostando por los fundadores”, dice. “Su solución tecnológica nació porque era una necesidad dentro de su propia empresa, y tiene un potencial enorme no solo en Colombia, sino en cualquier parte del mundo.”

El camino de Doyer hacia Cali cruza tres continentes. Fue cofundadora de Business Models Inc. y ayudó a popularizar el Business Model Canvas. Tras vender su participación, comenzó a invertir como ángel en Silicon Valley.

Más tarde, en Singapur, fundó Epic Angels con el objetivo de reducir las barreras para que más mujeres se animen a invertir en startups.

“Tenemos que lograr que más mujeres se sientan cómodas haciendo inversiones en emprendimientos”, asegura.

El interés pronto se extendió mucho más allá de Asia, y tras mudarse a Nueva York puso su mirada en América Latina. Su aterrizaje en Colombia ha sido rápido: vínculos con la Cámara de Comercio de Cali, su primera inversión en Muta y una cartera que describe como “muy activa”.

Sus criterios son claros: primero el retorno, pero también el impacto. “Queremos ganar dinero”, dice. “Buscamos negocios que puedan escalar 10 veces”.

Aun así, la rentabilidad no es suficiente por sí sola: “También tiene que haber algo más. Se trata de hacer del mundo un lugar mejor”.

Menciona el primer caso de éxito de Epic Angels, la farmacia en línea Arogga, con sede en Bangladesh: “Son, por mucho, los número uno del país. Su crecimiento mes a mes es increíble”.

Su portafolio sigue acelerando: “Hemos hecho 36 inversiones”, explica. “Después de esta llamada tengo otra para cerrar la inversión número 37.” En lo personal, suma “cerca de 50” inversiones como ángel.

Según Doyer, los fundadores colombianos tienen una mentalidad global y una disposición inusual para aprender.

“La gente entiende que hay que mirar más allá de sus fronteras”, dice. Sus consejos para quienes buscan atraer capital internacional son prácticos. “El inglés es el idioma internacional de las startups”, advierte.

“Asegúrense de que su data room esté en dólares estadounidenses”, recalca. También recomienda una estructura legal adecuada: “Tengan una sede legal en Estados Unidos”, menciona, señalando a Delaware como un destino habitual para los inversionistas globales. Y, sobre todo, “practiquen su pitch en inglés”.

La tesis de Epic Angels en Colombia refleja ese mismo pragmatismo. Doyer elogia a los fundadores de Muta por combinar conocimiento técnico con visión financiera y capacidad de escalar. “Cuando respondes a una necesidad real y la entiendes desde la perspectiva del usuario, tu solución suele ser mucho mejor”, sostiene.

Esa estrategia, de apostar por fundadores que usan tecnología para resolver problemas, no simplemente más personal, es la que ha impulsado sus mejores inversiones en otras regiones. “En Bangladesh la mano de obra es muy barata”, dice sobre Arogga. “Ellos han sido inteligentes y han usado tecnología para resolver los problemas.”

Más allá de los negocios, Doyer también está formando inversionistas. “Ya tenemos más de 130 mujeres aprendiendo a convertirse en inversionistas ángeles”, comenta sobre el programa de capacitación en Cali junto con la Cámara.

Ese efecto multiplicador, se verá con más mujeres firmando cheques, más diversidad en las participaciones accionarias y más innovación inclusiva. Ese impulso, asegura, es también personal.

“Estoy muy entusiasmada por invertir más en Colombia”, concreta. “Y esto no se detiene en Colombia.”