La empresa fundada en 1997 en un almacén de regalos impulsa franquicias en Egipto, Suiza y Rumania como parte de una estrategia para capturar mayor valor agregado.

Luis Fernando Vélez nunca imaginó que su destino empresarial estaría ligado al café. De hecho, llegó a él por accidente. En 1992 viajó a Londres para asistir a una feria de flores secas -el negocio al que se dedicaba entonces- y fue allí, lejos de Colombia, donde descubrió cómo preparar un buen café. 

En Londres, un amigo le enseñó a usar una prensa francesa. Ese momento, terminó siendo el origen de una obsesión: entender por qué el país que producía uno de los mejores cafés del mundo no lo sabía preparar ni consumir. Así nació Amor Perfecto, como un almacén de regalos en Bogotá que posteriormente desapareció gracias al éxito del café.

Un entramado de normas históricas —conocidas como la “ley de pasilla y ripio”— desincentivaba el tostado local, limitaba la transformación y mantenía al país atado al modelo tradicional de exportar café verde. El cambio regulatorio que impulsó la Federación Nacional de Cafeteros, en 2003, generó una oportunidad. Vélez la convirtió en una empresa. 

Desde entonces, se propuso desmontar una cultura donde el mejor café era un producto de exportación. “Para que Colombia consumiera su mejor café había que formar tostadores, baristas y catadores”, recuerda. La empresa apostó por la educación como base del negocio: capacitó a algunos de los primeros baristas del país, compitió tempranamente en campeonatos internacionales y celebró el hito de 2021, cuando Diego Campos se convirtió en el primer colombiano campeón mundial de barismo.

Esa convicción empujó a Vélez a ir más lejos: exportar café tostado en origen, un modelo que busca capturar valor donde realmente se produce. Hoy la empresa exporta cerca de US$1,5 millones anuales en café tostado en Colombia, con presencia constante en Chile, Uruguay, España, Suiza, Egipto y Rumanía, además de envíos a mercados exigentes como Corea, Japón e Islandia. 

“Cuando se tuesta en Colombia y exporta, el consumidor en Tokio o Berlín recibe un café más fresco que si el grano se tuesta afuera”, explicó a Forbes.

El modelo combina distribuidores internacionales con una estrategia de franquicias que ya suma cuatro tiendas en Egipto, una en Suiza y otra en Rumania. En Colombia, la marca opera nueve tiendas —ocho en Bogotá y una emblemática en Armenia, ubicada en una casa patrimonial— y emplea entre 100 y 120 personas.

Vélez trabaja con productores que desarrollan prácticas sostenibles para producir café de alta calidad.

Para sostener la calidad, Amor Perfecto compra café en origen a productores de Huila, Nariño, Cauca, Antioquia y la Sierra Nevada, y trabaja de la mano con Innovakit, una empresa colombiana que ha tecnificado más de 200.000 fincas. 

En retail venden cafés de origen único y ensamblajes; en tiendas, microlotes firmados por familias como los Campos Roa, responsables de desarrollar variedades de alta complejidad en La Plata, Huila.

La apuesta de Vélez es clara: posicionar a Colombia como exportador de café tostado -no solo verde-, capturar más valor agregado y llevar al mundo la experiencia sensorial que hoy ya disfrutan los consumidores colombianos.