Simona, la marca que fundó esta emprendedora con su salario, dio el salto internacional en 2019 apoyada en distribución regional y reciclaje textil con poliéster regenerado.

La moda es un oficio heredado. Para Vanesa Sánchez, fundadora y directora creativa de Simona, el negocio empezó antes que la marca: en un hogar donde abuelas y tías cosían por encargo y donde la sensibilidad manual era tan natural como conversar. Pero Simona no nació en un taller. Nació en las noches, en clases de diseño de modas que tomaba tras jornadas completas en áreas de mercadeo corporativo.

Tras su paso por una empresa de moda en Colombia, descubrió que su interés iba más allá de vender tendencias: quería construirlas. Sin financiación externa, su salario fue el capital inicial. 

“Emprender es una aventura fascinante que te permite ser una mujer integral. Puedes crecer profesionalmente sin renunciar a tu vida personal”.

Luego llegaron la pandemia y el paro nacional, que frenaron la logística, encarecieron insumos y comprimieron ventas. En ese periodo de disrupción entendió que el proyecto necesitaba método antes que relato: procesos básicos, proveedores confiables y un modelo de producción repetible.

En 2019 inició la expansión internacional. Se apoyó en distribuidores regionales y, gradualmente, en alianzas comerciales que le permitieron entrar a 12 mercados: Panamá (primer destino y hoy el principal), Puerto Rico, República Dominicana, Costa Rica, Estados Unidos, México, Honduras, Honduras, Guatemala, Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Venezuela y Emiratos Árabes. 

El crecimiento ha sido sostenido y se ha traducido en aumento de clientes y ventas, respaldado por una estrategia de diversificación de plazas, logística tercerizada y equipos locales.

La internacionalización no alteró el centro de su propuesta: producción con artesanas, fibras naturales y materiales reciclados, en especial poliéster regenerado. Simona produce desde blusas hasta aretes y diseña colecciones donde prendas y accesorios se conciben a la vez para mantener un lenguaje visual propio.

La carta de navegación, dice Sánchez, no es el talento: “La estructura y la disciplina pesan más que el talento. Sin una base sólida, ningún sueño logra sostenerse”.