El caleño Jean Claude Tissot lidera desde Texas (Estados Unidos) una operación de 9.000 empleados. Contó a Forbes que la suya es una estrategia que pone a las personas en el centro del negocio.
Jean Claude Tissot no solo dirige una de las mayores embotelladoras de Coca-Cola en Estados Unidos. Lo hace con la mirada de alguien que comenzó vendiendo productos farmacéuticos en Cali y terminó manejando un negocio que abastece de bebidas a más de 31 millones de personas en Texas, Oklahoma, Nuevo México y Arkansas, en Estados Unidos.
“Nací y crecí en Cali”, recalca Tissot, en entrevista con Forbes. “Ahí empecé, ahí hice mi colegio y la universidad. Trabajé en ventas en mi primera compañía, Warner-Lambert, y de ahí me moví a Coca-Cola como gerente de marca de Sprite”.
Su historia dentro del sistema Coca-Cola es la de un ejecutivo latinoamericano que aprendió la operación desde abajo. Estuvo en Colombia, Honduras, El Salvador y México, donde participó en la fusión de Arca y Continental, que dio origen a uno de los embotelladores más grandes de América Latina.
Esa experiencia lo preparó para liderar más adelante la llegada de Arca Continental a Estados Unidos en 2017, cuando la compañía mexicana adquirió Coca-Cola Southwest Beverages (CCSWB).
“Fue el primer embotellador latinoamericano en entrar a Estados Unidos”, recuerda. “Me dieron la oportunidad de manejar ese proyecto en su totalidad, desde la transición y después tener la oportunidad de operarlo”.
Ocho años después, Tissot preside una organización de más de 9.000 empleados y siete plantas de producción. Bajo su gestión, el negocio duplicó su EBITDA, pasando de US$320 millones a US$790 millones y fue reconocido como el mejor embotellador global del sistema Coca-Cola.
“Hemos podido demostrar que una compañía que se enfoca en cultura, clima laboral y en la gente obtiene buenos resultados”, asegura. “Por eso decimos que somos un people-driven digital bottler, un embotellador digital enfocado en la gente”.
Su liderazgo mezcla disciplina operativa con cercanía humana. Cada miércoles, Tissot visita personalmente los centros de distribución, plantas y rutas de reparto.
“No puede estar lejos del camión que entrega una Coca-Cola en Dallas”, afirma. “Dependemos de nuestro chófer, del mercaderista, de la persona que está en las líneas de producción. Tenemos algo mandatorio todos los miércoles: visitar a nuestros equipos. Es la única forma de crear una cultura auténtica”.
Esa cultura está moldeada por lo que él llama sus frontline héroes, los trabajadores de primera línea que mueven el negocio.
“Aquí nos ha ido superbién gracias a la conexión que hemos hecho con ellos”, dice. “Queremos cuidar a nuestros héroes, a nuestros clientes, a la comunidad y a nuestras marcas”.
Tissot aprendió ese estilo de liderazgo desde sus primeros años en ventas. “Tuve un jefe en Cali que era muy estricto, pero muy humano. Siempre sabías que te estaba exigiendo, pero te estaba cuidando y sacando lo mejor de ti”, recuerda.
Su filosofía combina exigencia con empatía, algo que también atribuye a su padre, un francés que vivió la Segunda Guerra Mundial y le enseñó que “la vida traerá desafíos, pero debes ser alguien que encuentre soluciones”.
Hoy, ese principio guía a un equipo que ha hecho de la sostenibilidad y la innovación sus ejes de crecimiento. CCSWB fue uno de los primeros embotelladores en Estados Unidos en utilizar botellas 100% reciclables y alcanzar tasas de recolección cercanas al 97%.
“Trabajamos en conjunto con Coca-Cola en estrategias de innovación, transformación digital y sustentabilidad”, explica. “Nuestra labor es implementarlas”.
La diferencia entre operar en América Latina y en Estados Unidos también ha traído cambios a su visión empresarial.
“En Estados Unidos hay más injerencia del canal moderno”, apunta. “En Latinoamérica el canal tradicional, las tiendas, es el más relevante. Aquí el foco está en los autoservicios y tiendas de conveniencia. Además, hay más innovación: hay que estar lanzando nuevos productos y sabores constantemente”.
Ese dinamismo exige coordinación con otros 60 embotelladores que operan en el país.
“Somos nueve grandes embotelladores y el nivel de coordinación con Coca-Cola es muy alto”, detalla. “Operamos con muchos comités y toca influir en todos”.
Más allá de las cifras, Tissot insiste en que la cultura empresarial es la ventaja competitiva que define su gestión.
“Una compañía que se enfoca en cultura y en la gente tiene resultados sostenibles”, anota.
Bajo esa premisa, CCSWB ha invertido más de US$200 millones en expandir sus plantas en Texas y generar empleo local. Por cada trabajo en la compañía, se crean al menos diez en la cadena de valor.
Tissot es trilingüe, hablando español, inglés y francés, y suele decir que su carrera es el resultado de unir culturas. En su casa en Dallas vive con su esposa Juliana y sus hijos, Jean François y Pierre. El fútbol es su forma de mantener viva la conexión familiar.
“Viajamos para conocer estadios alrededor del mundo”, cuenta. “Se trata de crear recuerdos y compartir cultura”.
Frente a un reto monumental de rendir en una ejecución diaria, Tissot parece haber encontrado una fórmula de combinar eficiencia con humanidad.
“La disciplina operacional lo es todo”, concluye. “Pero sin cuidar a la gente, nada funciona”.
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