La ministra Diana Morales detalla las decisiones que han transformado sectores como textiles, comercio exterior, turismo y economía popular. En diálogo con Forbes, explica cómo estas políticas buscan generar productividad, empleo y bienestar en los territorios.
En entrevista exclusiva con Forbes la ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Morales, explica las decisiones que bajo su cartera están cambiando realidades económicas en Colombia. Desde la intervención de costos en el sector textil-confección hasta la democratización del comercio exterior, la consolidación del turismo como motor económico y la puesta en el centro de la economía popular, la funcionaria detalla cómo estas apuestas buscan fortalecer la producción nacional, ampliar encadenamientos y llevar oportunidades reales a los territorios.
¿Cuál considera que ha sido la decisión más determinante de su gestión para transformar la realidad económica del país?
Ministra Diana Morales: La decisión más determinante fue intervenir los costos reales de producción en un sector decisivo para la industria colombiana: el textil-confección. Es un sector que sostiene a más de 1,5 millones de personas, muchas de ellas mujeres, y que reúne talleres familiares, unidades de la economía popular y empresas de distintos tamaños que generan valor en todo el país.

El arancel cero para los insumos textiles es una medida que permite aliviar costos, dar estabilidad a miles de talleres y empresas y fortalecer su capacidad de producir. Cuando un sector opera con costos más razonables se vuelve más competitivo y puede crecer, y eso también abre espacio para que, con el tiempo, los productos lleguen a precios más accesibles para las familias, sin sacrificar calidad ni empleo. Así se fortalece la producción colombiana desde adentro, con beneficios concretos para la gente y para evitar que los costos crecientes terminen afectando el empleo y el bolsillo de las familias colombianas.
Tomar esta decisión requirió rigor técnico, sí, pero sobre todo una profunda sensibilidad social. Porque detrás de cada prenda, de cada taller y de cada proceso productivo hay historias, ingresos y expectativas. Y mi responsabilidad es asegurar que las decisiones públicas respondan a esa realidad.
Por eso esta medida honra el mandato que el presidente trazó desde la campaña, proteger el empleo real, fortalecer la producción nacional y mejorar las condiciones en las que las familias acceden a bienes esenciales. Mi tarea ha sido convertir esa orientación en decisiones técnicas con alto impacto social, decisiones que realmente cambian realidades y que hoy nos permiten avanzar con claridad en la reindustrialización del país.
Usted afirma que el comercio exterior dejó de ser un tema de élites. ¿Cómo cambió realmente esa dinámica?
Ministra Diana Morales: Lo democratizamos. Hoy más de 1.300 mipymes exportan por primera vez; muchas de ellas provienen de territorios que nunca habían tenido acceso a cadenas globales. Las exportaciones no minero-energéticas crecen a doble dígito y productos de 23 departamentos ya están en mercados internacionales.
Cada nueva exportación no es un número en un informe, es una familia con un futuro más estable, una empresa que despega, una región que se conecta con el mundo. Ese es el propósito que me mueve, el de abrir puertas, reducir barreras y llevar oportunidades reales a los territorios que históricamente habían quedado por fuera.
Mi tarea ha sido demostrar que el comercio exterior puede ser una herramienta de equidad. Que cuando el Estado acompaña, cuando elimina obstáculos y cuando cree en la capacidad de su gente, las mipymes también pueden competir globalmente. Ese es el cambio que estamos impulsando, construir un país donde el desarrollo no les pertenece a unos pocos, sino a todos.
¿Qué sectores están mostrando la mayor transformación gracias a esa apertura?
Ministra Diana Morales: He visto cómo el país se transforma cuando abrimos el comercio exterior a quienes nunca habían tenido esa oportunidad. Café especial, cacao, frutas frescas, agroindustria, manufacturas ligeras, bienes culturales y artesanías de alto valor, cada uno de estos sectores hoy cuenta historias extraordinarias.
He acompañado procesos donde cooperativas indígenas exportan por primera vez, donde mujeres rurales ingresan a mercados de alto valor, y donde pequeños empresarios que antes solo vendían localmente hoy están compitiendo en Asia y Norteamérica.
Para mí, estos no son casos aislados, son la prueba de que cuando democratizamos el comercio exterior la productividad regional florece. Porque el talento existe en todo el país; lo que hacía falta era que el Estado abriera el camino, eliminara barreras y creyera en la capacidad de su gente.
Hablemos de turismo. ¿Cómo se explica que hoy genere más ingresos que el carbón?
Ministra Diana Morales: El presidente lo planteó desde un inicio: el turismo podía convertirse en uno de los grandes motores económicos del país. En su momento, muchos no lo creyeron posible. Pero esa visión exigía transformar un crecimiento que era espontáneo y fragmentado y avanzar hacia una industria organizada, formalizada y orientada al desarrollo territorial.
Ese ha sido mi compromiso. Consolidar destinos, fortalecer la gobernanza local, mejorar la infraestructura que sostiene la actividad turística y desarrollar capacidades en nuestro talento humano para que el turismo sea sostenible, comunitario y respetuoso de las culturas y de los ecosistemas.
Paralelamente, hemos avanzado en la formalización de más de 70.000 viviendas turísticas, un paso fundamental para elevar la calidad, proteger al consumidor y ampliar la base de prestadores dentro de un sistema ordenado y transparente.
Hoy puedo decir, con hechos, que el turismo en Colombia se está consolidando como una verdadera industria nacional. Y los resultados ya hablan por sí solos: 7,2 millones de visitantes no residentes en 2024 y USD 5.248 millones en divisas en el primer trimestre de 2025, más del doble de lo que generó el carbón en ese mismo periodo.

Colombia está demostrando que un turismo sostenible, con participación comunitaria y con un modelo culturalmente respetuoso, no solo es posible, sino que ya está dando resultados y se está convirtiendo en un motor económico para nuestras regiones.
¿Cuál es el impacto del turismo en la vida cotidiana de las personas?
Ministra Diana Morales: El impacto es inmediato y se siente en los territorios. Cada 100 turistas generan entre 6 y 8 empleos directos, lo cual se traduce en más ingresos para guías, artesanas, cocineras, transportadores, operadores locales y los pequeños negocios que hacen parte de la economía popular. En muchos municipios, esa relación entre visitantes y empleos marca la diferencia en los ingresos de cientos de familias.
Cuando logramos que un destino esté mejor organizado, que tenga prestadores formales, reglas claras y talento humano capacitado, los beneficios no solo crecen, se quedan dónde deben quedarse, en las comunidades. El turismo se convierte en una fuente concreta de oportunidades, especialmente para mujeres y jóvenes que encuentran en esta actividad un camino para avanzar en su autonomía económica.
Por eso decimos que el turismo no solo mueve divisas, mueve vidas, mueve empleos y fortalece las economías locales. Ese es el sentido de las decisiones que hemos tomado, lograr que el crecimiento se traduzca en bienestar real y en oportunidades que permanezcan en los territorios.
¿Por qué poner la economía popular en el centro del modelo productivo?
Ministra Diana Morales: La economía popular no es retórica, concentra el 65 % de las unidades productivas, sostiene a más de 5 millones de familias y reúne actividades que mantienen en movimiento la economía del barrio, del taller, del campo y de la vereda, espacios donde se expresa un talento productivo que durante mucho tiempo no fue reconocido.
Hemos acompañado a cientos de miles de micronegocios, cerca del 65 % liderados por mujeres, y muchos registran aumentos en sus ingresos y mayor estabilidad empresarial. Son señales claras de bienestar para los hogares y dinamismo para las economías locales. Es una orientación que el señor presidente ha respaldado con claridad, y mi tarea ha sido traducirla en decisiones técnicas, rigurosas y con sensibilidad social.
En esa dirección dimos un paso histórico con el Decreto de Zonas Francas Especiales de Economía Popular, que permite que pequeñas unidades productivas, incluidas muchas del sector rural, participen por primera vez en plataformas de producción, transformación y agregación de valor, integrándose a encadenamientos más amplios bajo reglas claras y condiciones competitivas. Es una herramienta que abre oportunidades reales para que talleres y cooperativas avancen hacia procesos productivos de mayor complejidad.
Poner la economía popular en el centro significa apostar por un modelo basado en conocimiento, valor agregado y diversificación. Ampliamos el acceso al crédito, fortalecimos encadenamientos regionales y nacionales y abrimos espacio para que miles de unidades productivas participen como proveedoras industriales.
Estos avances ya se reflejan en más ingresos, más matrículas empresariales, más actividad comercial y más empresas integrándose a cadenas de valor. La economía popular está en el centro porque amplía la productividad del país y transforma la vida donde todo empieza: en los hogares y las comunidades, en esas historias cotidianas de esfuerzo que merecen convertirse en bienestar y oportunidades reales.
¿Cuáles han sido las decisiones más determinantes que ha tomado desde el Ministerio?
Ministra Diana Morales: Las decisiones más importantes que he tomado son aquellas que permiten corregir limitaciones estructurales y abrir rutas reales de crecimiento. Normalizamos el acceso al crédito para los micronegocios, fortalecimos los encadenamientos territoriales y modernizamos los instrumentos para que más empresas puedan invertir, producir y exportar en mejores condiciones.
También hemos tomado decisiones clave para fortalecer la producción nacional de movilidad eléctrica y el desarrollo del sector automotriz. Hemos impulsado la fabricación local, ampliado el contenido nacional y desincentivado de manera gradual la importación de tecnologías más contaminantes. Estas medidas han consolidado proveedores, ampliado el empleo industrial y dado estabilidad a las cadenas productivas, siempre en coherencia con la visión productiva que ha trazado el señor presidente.
Todas estas decisiones comparten un propósito común, el de aumentar la capacidad productiva del país y convertir ese crecimiento en mayores ingresos y bienestar para los hogares, los territorios y, en últimas, para la gente. Ese es el sentido de nuestra agenda, apostar por un modelo que produce más, y que también mejora vidas.
¿Cuál ha sido el mayor desafío personal al liderar estas transformaciones?
Ministra Diana Morales: El desafío más grande ha sido sostener decisiones necesarias justamente en los momentos en que era más fácil no tomarlas. Colombia necesitaba intervenir costos, estabilizar sectores estratégicos y proteger empleos que sostienen a millones de hogares. Evadir esas decisiones hubiera sido sencillo; asumirlas, no. Pero era lo que el país requería.

Mi tarea ha sido convertir análisis complejos en resultados concretos; por ejemplo, que los micronegocios crezcan, que las mujeres fortalezcan sus emprendimientos y consoliden sus propios proyectos productivos, que el crédito llegue a quienes históricamente habían quedado por fuera del sistema, que la industria encuentre caminos reales de fortalecimiento. Abrir oportunidades nuevas para quienes producen en este país ha sido un eje central de mi gestión.
He tenido que tomar decisiones difíciles, sí, pero las he tomado sin miedo, con rigor técnico y con una sensibilidad social que me recuerda cada día para quién trabajamos. Porque las decisiones que asumimos desde el Ministerio no son coyunturales, son apuestas de Estado, decisiones de largo aliento que buscan transformar de verdad la vida económica del país.
¿Qué viene ahora? ¿Qué falta transformar?
Ministra Diana Morales: Lo que viene ahora es profundizar lo que ya hemos puesto en marcha, esto es ampliar aún más el crédito para los micronegocios, fortalecer encadenamientos territoriales, integrar más empresas a cadenas de valor y consolidar una agenda comercial coherente con la producción nacional. La prioridad es cerrar brechas y asegurar que este crecimiento se traduzca en bienestar para la gente.
También hemos avanzado en la industrialización de sectores estratégicos. Ya tomamos decisiones para fortalecer la movilidad eléctrica, el sector automotriz y la producción nacional con mayor contenido local, y seguiremos profundizando ese camino para consolidar proveedores nacionales, ampliar encadenamientos y acelerar sectores como agroindustria, metalmecánica, confecciones e industrias basadas en conocimiento.
Y viene algo esencial, dejar bases sólidas para una economía más diversificada, más competitiva y conectada con la vida de la gente. El señor presidente ha sido claro en ese propósito, y mi responsabilidad es profundizar esa orientación y asegurar que lo que ya empezó a cambiar continúe más allá de un periodo de gobierno. Esa es la tarea, conseguir que las decisiones que hemos tomado no sean transitorias, sino el fundamento de un país que produce más, crece mejor y genera oportunidades donde antes no las había.
Cuando en algún momento ya no esté al frente del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, que es del Gobierno, ¿cómo le gustaría que se recuerde su gestión?
Ministra Diana Morales: Cuando llegue ese momento, me gustaría que se recuerde mi gestión como la de una mujer que tomó decisiones cuando era necesario tomarlas, decisiones técnicas, rigurosas y con sensibilidad social, pero también con la berraquera de una llanera. Decisiones adoptadas para proteger la producción nacional y el empleo, evitar que se profundizaran crisis en sectores clave, fortalecer la industria y el comercio en los territorios y abrir mercados y encadenamientos productivos para miles de empresas, talleres y micronegocios.
Quisiera que se entienda que trabajé para que la economía estuviera al servicio de la gente, y no al revés, y que las decisiones del Ministerio en comercio, industria y turismo ayudaran a cerrar brechas entre regiones, mejorar ingresos y ampliar oportunidades reales para las familias colombianas. Ese es el sentido que guía cada una de mis decisiones.
Y también espero que, al mirar hacia atrás, se reconozca que ejerzo esta tarea con la fortaleza que comparten millones de colombianos, una fortaleza nacida de atravesar dificultades y transformar las heridas del conflicto en disposición para construir. Esa convicción me orienta y me sostiene en esta responsabilidad.
Y quiero que quede claro algo más, estoy profundamente agradecida con el señor presidente por la confianza que ha depositado en mí para liderar este trabajo. Es una responsabilidad que honro con rigor, compromiso y un profundo respeto por Colombia.
