La firma de jamón ibérico asume el presente con la visión de trascender su propuesta, hacia un espíritu de exclusividad y estilo de vida del más alto perfil.
¿Cómo se reinventa una casa centenaria sin perder su tradición? Ramón Martín Galán lo tiene claro. Él pertenece a la quinta generación de una familia que ha llevado a Montaraz de ser una idea nacida en 1890 en un pequeño pueblo de Salamanca, España, a convertirse en una firma internacional, embajadora del jamón ibérico, con presencia en más de 60 países alrededor del mundo y cuya sola presencia reinterpreta el significado del ultralujo.
Educado en uno de los internados más antiguos y exclusivos de Suiza, quien hoy lidera las estrategias de expansión de la empresa familiar, asegura que desde niño pudo conocer y vivir las entrañas del lujo. Así lo ha plasmado en la visión que permea la compañía de cara al futuro: forjar una marca distinguida que trascienda en el tiempo. Para ello, busca extrapolar esta concepción más allá del mundo del jamón ibérico y la gastronomía, de forma tal que abarque otros productos y servicios de lujo.
“¿Cómo lo conseguimos?”, se pregunta Martín Galán. Y se responde de inmediato: “Con las personas, los estratos y las firmas de lujo más importantes a nivel internacional. Es decir, siempre invito a nuestros eventos a las personas más exitosas en cada uno de sus respectivos sectores”, afirma, con gran entusiasmo.

La esencia primigenia detrás de su visión es lograr que el jamón ibérico firmado por Montaraz sea percibido no como un producto elegante por sí mismo, sino como una experiencia que asciende a la escena del lifestyle.
“Montaraz es un referente no sólo del jamón ibérico, sino del sector de lujo”Ramón Martín Galán, director de Expansión de Montaraz
De ahí que la empresa intente fortalecer las colaboraciones con algunas de las más exclusivas casas de moda, de alta relojería, de aviación o de coches a nivel mundial; e, incluso, tener presencia en el universo del cine. “Tratamos de que nuestro consumidor, más que desear un buen producto de lujo, quiera distinguirse consumiendo nuestra marca”, comparte el hijo de Ramón Martín Sánchez, ceo de Montaraz.
ESTRATEGIA SENSORIAL
Con esta mirada, y tras un largo y arduo proceso de aprobación oficial, Montaraz consiguió entrar al mercado estadounidense, donde, a decir del entrevistado, no sólo ven una oportunidad inmensa, sino también un perfil de consumidores dispuestos a pagar un producto gourmet que, al mismo tiempo, ofrezca estatus e influencia. “Es una propuesta que a las clases sociales elevadas de Estados Unidos les ‘engancha’ muy bien”. Éste es un perfil que también se encuentra en el segmento más exclusivo en México, donde abundan los conocedores de los productos de ultralujo.

Como parte de esta estrategia, la firma española lanzó, hace año y medio, una serie de ediciones especiales de jamón. “Tenemos cuatro o cinco packagings; y, si todo [lo relativo a este producto] ya es lujo, esto es extralujo”, asegura Martín Galán.
Las experiencias descritas llegan, incluso, a la presentación de un jamón ibérico con un mínimo de seis años, entregado en una elegante caja personalizada con las iniciales de cada cliente, el número de pieza correspondiente y una carta elaborada (siempre) de manera individual.
Montaraz también ofrecen otras ediciones de producto menos personalizadas, pero igual de exclusivas, que han tenido buen recibimiento por parte de los consumidores. Tanto así, que Ramón asegura que ya ha comenzado a hacer algunas subastas de producto, “porque, aun con un precio elevado, la gente los quiere por la distinción que ofrecen”.
Esta visión en Montaraz no se restringe a una expresión económica en su totalidad, y emana de la idea original de hacer una aportación social a la comunidad.
“Para mí, el lujo también es poder dar tiempo. Eso es lo más valioso que las personas tenemos”, reflexiona el entrevistado, quien sueña con crear, en el futuro cercano, una Organización No Gubernamental (ONG) para ayudar a los niños más necesitados, empezando por España, y así, desde su propia trinchera, contribuir a mejorar el mundo.

En esta ONG se atenderán a menores con grandes capacidades, quienes recibirán atención psicológica y educación formal, comparte. La intención es que puedan cambiar la situación de sus familias y hasta poder integrarse a laborar, más adelante, en la compañía.
“Me gustaría poder devolverle a la vida algo de lo que me ha dado. Y nada mejor que hacerlo a través de los niños”, comenta el entrevistado a Forbes Life.
