Tras vender Grupo Meiko, Juan Manuel Medina ha regresado a la escena emprendedora con Harmony, una compañía que promete convertir datos en crecimiento en el punto de venta.
El bogotano Juan Manuel Medina, de 48 años, aprendió pronto que los datos dan poder. Recién salido de la universidad logró entrar a Nielsen, el gigante mundial de investigación de mercado.
Ahí, siendo un veinteañero con poco cargo pero mucha información, se sentaba frente a ejecutivos de Kellogg’s, Quala o Procter & Gamble y movía la conversación. “El poder que me daban los datos en esas reuniones, el poder del conocimiento escaso, se notaba”, recuerda en entrevista con Forbes.
Ver cómo los números cambiaban decisiones estratégicas lo sedujo. Pero también le mostró que lo que hacía la industria “era insuficiente” y que los clientes pedían mucho más. Intentó armar un intraemprendimiento dentro de Nielsen, pero se estrelló con la inercia corporativa que lo veía inviable. Decidió renunciar.
“Yo sé que todo el mundo consideró que yo estaba loco, y yo también”, cuenta.
Con el impulso de quien cree que puede construir algo mejor, fundó Meiko en 2008 para pasar de ver promedios a ver puntos de venta con dirección, teléfono y georreferenciación. “Me dediqué a construir una herramienta de gestión”, relata.
La promesa era mostrar, punto por punto, dónde estaban las oportunidades de la industria. Meiko nació en cuatro ciudades y terminó operando en 51 ciudades de 12 países, con más de 1.200 empleados y entre 50 y 60 clientes de consumo masivo. Medina la levantó sin inversionistas, a punta de caja.
“Mis clientes eran los que me daban capital de trabajo”, explica.
Con el tiempo llegó Shell, que pidió auditar un canal con poca información. Ese proyecto se volvió plataforma para expandirse, arrastrar a otros clientes y consolidarse en el canal tradicional. Las métricas al vender eran de una máquina afinada: crecimiento de doble dígito, presencia en 12 países, más de 1.200 empleados y un EBITDA de 28%.
Su equipo resolvía tres dolores: distribución, ejecución y, para clientes como Coca-Cola y Femsa, la lectura de participación de mercado. “El market share no se le otorga a cualquiera”, apunta.
Ese trabajo los puso en el radar global y abrió la puerta para la venta en 2022 a Premise, una compañía de datos con sede en Nueva York que describió a Meiko como “el proveedor de medición minorista más impresionante del mercado latinoamericano”.
Para Medina, esta transacción fue una bendición y también un detonante que dejó vacíos. “Yo recibí una recompensa maravillosa, pero me pidieron que me quedara apoyando el desarrollo y el manejo de la compañía”, relata.
Acompañó a Premise en su expansión a África y en el fortalecimiento en Latinoamérica. En ocho meses la empresa había duplicado sus ventas. Pero el costo emocional fue alto. “Tuve un choque personal grande y una etapa de depresión dura al ver que se me escapaba de las manos algo que yo había creado con tanto esfuerzo”, admite.
Tras un año y medio salió sin tener claro qué hacer. Ocho meses sabáticos y una sensación de “anestesia” creativa precedieron a su regreso. Ese retorno tomó forma en 2024, cuando empezó a perfilar Harmony. Esta vez decidió jugar “el juego diferente” con los inversionistas.
El mercado lo leyó como un fundador que volvía a la misma industria con nuevas herramientas. “Me ofrecieron su apoyo y su soporte”, cuenta.
Con una ronda pre-semilla cerrada, en enero de 2025 lanzó Harmony con un equipo de 13 personas, más de la mitad ingenieros, y cofundadores como Daniel García (ex Google), Juan Diego Pulido (ex Endeavor) y Juan David Pastor.
Harmony nace de una frustración de las compañías de consumo masivo, que han invertido millones en datos, pero la ejecución sigue siendo analógica. Arriba, en el equipo directivo, “hay magníficas herramientas”. Abajo, la estrategia se estrella con la realidad de una tienda de barrio.
La compañía convierte los datos, propios, del cliente y públicos, en instrucciones accionables enviadas por WhatsApp al tendero, droguista o mercaderista.
La interfaz está diseñada para provocar a los ejecutivos. “Ya no encuentras dashboards ni KPIs”, explica.
El gerente abre la plataforma y ve plata: “Oportunidad 1: 1.500 millones en Fontibón. Oportunidad 2: 3 millones de dólares en Guarulhos. Oportunidad 3: 700 millones en Usaquén y Soacha”.
Luego aparecen fotos de neveras donde domina la competencia o de estanterías con pocas caras exhibidas. Un asistente ayuda a ajustar planes y Harmony genera mensajes específicos a tenderos: qué cambiar, cuántas caras exhibir, qué precio corregir. El tendero responde con una foto y el sistema cierra el ciclo en minutos.
Los pilotos muestran el potencial. Harmony tomó 20 rutas “destruidas” de un cliente y, sin reemplazar vendedores, empezó a acompañarlas con mensajes basados en datos. “De esas 20 rutas, 14 ya presentan crecimientos positivos. Una creció 31% y otra 7%”, dice.
La compañía trabaja solo con clientes corporativos, tiene una proyección de más de 15 empresas en Colombia y más de 4 en México, y prepara un reseller en Sudáfrica. Una gran compañía de licores en EE. UU. ya le dijo: “Esto no existe en ningún otro lugar”.
La idea ahora es escalar globalmente. “Ya construimos una compañía regional, pero esta vez no nos vamos a conformar con menos que una compañía global”, afirma.
Los siguientes pasos incluyen una ronda semilla para abrir oficinas en México, Nueva York y Londres, fortalecer ingeniería y llevar la plataforma más allá del consumo masivo hacia moda, salud, entretenimiento y e-commerce. Medina quiere que el conocimiento deje de quedarse en los tableros de los directivos y llegue, en tiempo real, al celular del tendero.
