Los cuestionamientos más íntimos subyacen en el universo pictórico de Moico Yaker, quien en “Conversaciones sobre el zoológico”, incita una reflexión profunda sobre encontrar la belleza en las diferencias con el otro.
“Si de algo carecemos, sobre todo en esta época, es de la aceptación de la diversidad. Tenemos mucho problema con aquellos que son distintos de nosotros”, reflexiona con sobrado convencimiento el reconocido pintor Moico Yaker, quien volvió a realizar una exposición individual en su natal Perú después de una pausa de seis años.
Desde que era joven, él se sintió distinto al ser el único alumno judío en la escuela católica. Eso lo llevó a que siempre se percibiera a sí mismo como el otro, el que era diferente. Una inquietud que subyace de manera palpable en su universo creativo y su más muestra: “Conversaciones en el zoológico”, la cual estuvo hasta el 25 de mayo de 2025 en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Lima.
Ahí, el artista plástico invitó a unos personajes que, a lo largo de su extensa trayectoria, siempre habían aparecido, pero que ahora se convierten en protagonistas del lienzo: se trata de diversas especies de animales, encabezadas por un testarudo elefante y aves.

La idea que da forma a la muestra surgió durante la pandemia de COVID-19, cuando el confinamiento de las personas provocó que gran parte de las ciudades quedaran vacías y comenzaran a aparecer animales de diferentes especies por todos lados. “Conceptualmente, dije: ‘que entren al taller’, y empecé a pintarlos”. El resultado es una colección de cerca de 70 obras, entre pinturas de gran, mediano y pequeño formato. A través de estas, el artista peruano, presenta a los animales conversando en distintas circunstancias. Para ello, usa como referente una corriente de pinturas europeas del siglo XVII y XVIII llamada conversation pieces, donde se retrataban distintas personas en contextos semejantes.
“Cuando se empezó a llenar el taller de animales, comencé a ver que en cada cuadro había una serie de vínculos extraños y asociaciones entre especies que normalmente uno no hubiera pensado que ocurrirían”, asegura Yaker, quien tras un trabajo plástico que le llevó cinco años desarrollar recuerda cómo la variedad de especies le permitió resaltar esta posibilidad de gestar, entre dos seres distintos, la capacidad de convivir en armonía a pesar de las diferencias. “Se presta muchísimo a lo pictórico, a dar formas, colores, a generar espacios en esta confrontación entre un animal y el otro”.
NARRATIVA PICTÓRICA
Con una sólida formación académica que abarca arquitectura, filosofía, historia y, por supuesto, artes plásticas, Moico recuerda los años de secundaria en la década de 1960, cuando escritores como Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Octavio Paz dominaban las lecturas. De este último, incluso, fue alumno años más tarde en un seminario impartido en Jerusalén, Israel, una de las experiencias más intensas de su vida estudiantil. Tener la oportunidad de debatir con el poeta y ensayista mexicano sobre su propia obra marcó un antes y un después en su trayectoria.
Por ello, no repara al asegurar que la literatura latinoamericana ha sido una constante fuente de inspiración en el desarrollo de su obra plástica, al igual que el cine. “Quería encontrar en mi pintura el modo en que mi narrativa pictórica tuviera extensiones a la historia central (como se hace en estas dos artes), las cuales enriqueciesen el relato principal”, asume como parte de las inquietudes que son recurrentes en su quehacer artístico.
Como también lo es Perú, aunque de una manera indirecta. Lo que realmente le atrae es trabajar con la iconografía de la historia peruana. “Me ha interesado muchísimo el tema de que existe una fantasía al contar sobre las batallas y la historia, en las cuales siempre el bueno es el vencedor. Todos son héroes y han muerto por la patria. La realidad es que la verdad dista, muchas veces, de la fantasía que se quiere contar”, comenta de forma contundente. Por esta razón, buena parte de su trabajo se ha centrado en exponer verdades personales y mitos colectivos, al mismo tiempo que cuestiona la naturaleza humana a través de imágenes icónicas de héroes populares.

Ejemplo de ello son las distintas intervenciones que le ha hecho a una pintura de José Olaya, pescador mestizo vuelto héroe, que fue retratado mostrando una elegancia insólita, imaginada por Gil de Castro, quien llegó a ser pintor oficial del ejército liberador y de la nueva sociedad criolla. “La pintura es, probablemente, una de las más hermosas que hay en Latinoamérica”, comenta entusiasmado porque es un proyecto al que tiene planeado volver, pues está convencido de que hablar de inspiración es un poco romántico; esto más bien viene del trabajo constante.
“Yo creo en la secuencia. Soy un tipo muy rutinario”, dice riendo, mientras agrega que debe hacer las mismas actividades todos los días.
Pero sabe que quizá pronto llegue el momento cuando se encuentre en su taller con las paredes vacías, sin los animales de la muestra; y no esperará a estar inspirado para comenzar a llenarlas con su creatividad.
Por esa razón se sienta cada día a las ocho de la mañana en ese espacio íntimo sabedor que una pintura da la posibilidad a otra; así se genera una sucesión de ideas, las cuales se convierten en el centro de su propio universo, mientras revisita la historia peruana para proponer nuevas respuestas.
