Durante más de medio siglo, Buencafé fue una empresa sólida, rentable y predecible. Hoy, es una compañía que factura US$281 millones y compite con propuestas de valor en más de 60 países.
Cuando Mauricio Trujillo llegó a Buencafé, se enfrentó a un desafío particular: la empresa ya era exitosa. Con más de 50 años en el mercado y una reputación consolidada, no necesitaba ser rescatada, necesitaba algo mucho más complejo, ser transformada.
Sus casi tres décadas liderando operaciones de consumo masivo en multinacionales alrededor del mundo le habían enseñado algo fundamental: las empresas no mueren por crisis repentinas, mueren por volverse irrelevantes lentamente. Así que su apuesta tenía que ser diferente, radicalmente diferente.
El diagnóstico fue directo. La compañía era líder en la producción de café soluble, pero le faltaban tres elementos críticos para competir globalmente: visión internacional, innovación constante y valor agregado. Ese diferencial intangible que separa a los fabricantes de commodities de las marcas globales de consumo masivo.
“Es como vender sal empacada en bolsitas”, explica Trujillo. “Cualquiera que te compre sal solo quiere el precio más barato. Nosotros teníamos que enfocarnos en valor agregado: producto terminado que llevara el logo de la Federación Nacional de Cafeteros, un logo que abre puertas en todo el mundo y que representa una promesa de calidad”.
De commodity a marca
El cambio fue estructural. La producción dejó de concentrarse en café sin marca para clientes industriales y se reenfocó en productos empacados, con identidad propia, listos para el consumidor final. En solo dos años, la compañía pasó de generar el 50% de su facturación en producto terminado a casi el 80%.
Ese giro estratégico ajustó por completo el desempeño financiero del negocio. En 2024, la empresa alcanzó un récord histórico con ventas por US$220 millones, un crecimiento del 20% frente a 2023. Un año después, en 2025, los resultados superaron todas las proyecciones: US$281 millones en ventas y US$47 millones en utilidades, con incrementos del 24% y 27% respectivamente.
Con ese impulso, la meta para 2026 es clara y ambiciosa: alcanzar los US$330 millones en facturación.
Ahora bien, al hablar de los factores detrás del crecimiento, Trujillo evita los discursos y se concentra en dos elementos concretos: el talento humano y la capacidad de leer tendencias antes que la competencia.
“Llegué a una empresa espectacular. Encontré un equipo comprometido, con un sentido de pertenencia enorme hacia la Federación y la caficultura colombiana”, recuerda. “El 95% de los resultados de una empresa son las personas. Aquí ese ingrediente fundamental ya estaba”.
La segunda ventaja competitiva vino de su método de trabajo poco convencional: pasar el 80% de su tiempo visitando clientes alrededor del mundo. Con presencia comercial en más de 60 países, Trujillo desarrolló un olfato afinado para anticipar movimientos del mercado global antes de que aterrizaran en Colombia o incluso en Latinoamérica.
“La pandemia nos volvió baristas a todos”, explica. “La gente empezó a preparar café en casa, a experimentar con recetas, a compartirlo en redes sociales. Eso redefinió por completo los hábitos de consumo y abrió oportunidades masivas para muchas empresas”.
Las cifras globales confirman esa transformación. Hoy, el 15% del café que se consume en el mundo es frío (una categoría casi inexistente hace una década). En Estados Unidos, la participación del café frío alcanza el 50% del mercado, y en países como China y Japón llega hasta el 80%.
Pero hay más: la Generación Z consume hasta 80% menos alcohol que generaciones anteriores, lo que ha convertido al café en protagonista de nuevos espacios sociales. El consumidor joven de hoy busca conveniencia, rechaza procesos complejos de preparación y privilegia productos con beneficios adicionales como proteína, colágeno, sabores diferenciados o experiencias sensoriales únicas.
“Por eso el boom de los coffee parties, en esas fiestas aparece el café frío, el café saborizado, los cocteles sin alcohol a base de café. Son momentos de consumo completamente nuevos”, señala.
Con todo, la respuesta de Buencafé fue tan estratégica como audaz. La marca Buen Día, que ya lideraba en Colombia en el segmento de cafés saborizados, se convirtió en el laboratorio de innovación de la compañía. Y su lanzamiento más disruptivo llegó con un producto que nadie esperaba: un café saborizado con aguardiente Amarillo de Caldas, desarrollado en alianza con la Industria Licorera de Caldas.

“Cuando lo pruebas, juras que tiene aguardiente”, describe Trujillo con entusiasmo. “Juntamos ese momento de celebración colombiano de tomarse un guarito con la experiencia del café. La recepción del mercado ha sido, una locura”.
Pero el portafolio de innovaciones va mucho más allá. Buencafé ha lanzado galletas con café, helados, barras de proteína con 13 gramos por porción (casi un tercio del requerimiento diario de un adulto), y un ready-to-drink con 95% de leche que compite directamente con bebidas lácteas tradicionales. Incluso han desarrollado productos a la medida, como un café con notas de miel de maple, para grandes retailers internacionales como Walmart.
Cada lanzamiento responde a una tendencia específica identificada en el momento justo, antes de que se sature el mercado. El resultado es contundente: hoy la innovación representa cerca del 10% de las ventas totales de Buencafé, cinco veces más que el promedio de empresas tradicionales del sector cafetero, que se mueve entre el 1% y 2%.
En paralelo a la innovación de producto, la compañía impulsó una expansión internacional agresiva. Hasta 2023, la marca Buen Día solo tenía presencia en Colombia y Ecuador. Hoy opera en España, Estados Unidos y China, y tiene planes concretos para llegar a Centroamérica, México, Perú y Bolivia durante 2026.
Paradójicamente, el mayor reto operativo para 2026 no será vender más, sino producir lo suficiente para cumplir con la demanda ya comprometida. “Ya estamos prácticamente vendidos para el próximo año”, admite Trujillo. “El desafío ahora es cumplir sin sacrificar calidad ni servicio”.
Para lograrlo, la planta de producción opera 24 horas al día, siete días a la semana, con tecnología de punta importada y un equipo altamente especializado. Pero detrás de la operación industrial hay un propósito que trasciende las cifras financieras: Buencafé pertenece a la Federación Nacional de Cafeteros y el 100% de sus utilidades se reinvierte en la caficultura colombiana. No hay accionistas externos ni fondos de inversión extranjeros. Cada uno de los US$47 millones en utilidades generados en 2025 se queda en el país y regresa al campo, directamente a los caficultores.
Es un modelo que combina competitividad global con impacto social local.
Cuando se le pide definir el futuro de Buencafé en una frase, Trujillo no duda: “Ser una empresa de talla mundial de café 100% colombiano”. Y eso resume, quizás mejor que cualquier cifra, la transformación lograda: Buencafé dejó de ser una fábrica tradicional de café soluble para convertirse en un laboratorio de innovación global, sin perder raíz ni propósito. Una empresa capaz de competir en el mundo sin dejar de ser profundamente colombiana.
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