Un millonario colombiano solo requiere dos minutos para ganar el equivalente a lo que una persona promedio recibe en un año de trabajo.

En 2025, la riqueza de los billionaires creció tres veces más rápido que en los últimos cinco años y solo en América Latina, el aumento fue cercano al 39 %, un ritmo 16 veces superior al de la economía regional. El más reciente informe de desigualdad de Oxfam, presentado esta semana en el Foro Económico Mundial de Davos, traza un panorama en el que Colombia aparece como el cuarto país con mayor concentración de riqueza en la región.

El documento revela que en el país, la riqueza está concentrada en apenas cuatro personas, que en conjunto suman cerca de US$42.000 millones. La magnitud de la brecha se refleja en una comparación contundente: un millonario promedio en el país puede generar en solo dos minutos el ingreso que a una persona promedio le toma un año completo de trabajo.

“Cuando el poder económico se traduce en influencia política, se debilitan las instituciones y crece la percepción de que el Estado gobierna para unos pocos”, señaló Jenny Gallego, responsable del Programa Influyente de Oxfam Colombia. 

Además, subraya que Colombia figura entre los países más desiguales del mundo. El 1 % más rico concentra más del 40 % de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre de la población apenas posee una fracción mínima de los recursos nacionales.

Según Oxfam, esta concentración se ve agravada por un sistema tributario de carácter regresivo, en el que las personas de menores ingresos terminan pagando proporcionalmente más impuestos que quienes concentran grandes patrimonios. La mayor parte de la carga fiscal recae sobre trabajadores y consumidores, mientras que grandes fortunas y corporaciones logran mantener una porción significativa de sus recursos fuera del país mediante mecanismos como el endeudamiento, el pago de intereses o las transferencias de capital.

En Colombia existen más de 290 beneficios tributarios, muchos de ellos sin evaluaciones periódicas sobre su efectividad. Para Oxfam, varios de estos incentivos persisten más por la presión de grupos empresariales que por su impacto real en la generación de empleo formal o en la productividad, lo que se traduce en una pérdida significativa de recursos públicos. Esta estructura fiscal, concluye la organización, limita la capacidad del Estado para invertir en educación, salud y otros derechos básicos, profundizando la desigualdad y reduciendo la movilidad social.

Frente a este escenario, el organismo plantea la necesidad de una reforma fiscal profunda orientada a redistribuir poder y riqueza. Entre las medidas propuestas están una mayor tributación al 1 % más rico, el control de la evasión y la elusión fiscal, la revisión de los beneficios tributarios a grandes corporaciones y el gravamen a los superbeneficios empresariales. De implementarse un paquete de este tipo, estima la organización, la región podría aumentar su recaudo en hasta 4 % del PIB, recursos suficientes para financiar políticas estructurales como la erradicación de la pobreza extrema, el fortalecimiento de los sistemas de cuidado y una mayor inversión para enfrentar la crisis climática.

“LAC tiene los recursos para garantizar derechos y avanzar en un desarrollo justo y sostenible, pero hace falta una estructura fiscal que permita recaudar de forma más justa y suficiente” finaliza el documento.

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