La firma con sede en Sídney apuesta por Colombia como plataforma para atender la región y desafiar la pirámide tradicional de la industria global de la consultoría. A mediano plazo, la ambición es construir una red regional de hasta 500 consultores que operen bajo la plataforma.

Cuando Diego Tovar decidió intentar ver más allá de las redes tradicionales de consultoría que había trabajado por más de dos décadas, buscaba algo fundamentalmente distinto.

Tras haber fundado su propia firma boutique, Flipit; haber sido socio del negocio de consultoría de Deloitte en América Latina y haber ocupado la presidencia de Everis en Colombia antes de su adquisición por NTT Data, estaba cada vez más convencido de que el modelo dominante de la industria mostraba señales de agotamiento.

“Era un caos vender las distintas capacidades”, recuerda Tovar sobre su experiencia fuera de las grandes firmas globales. “Es muy distinto tener una tarjeta de presentación de una Big Four que la de una boutique”.

Lo que captó su atención, explica, fue un modelo de gestión estratégica que planteaba la transformación de una manera muy diferente a las metodologías tradicionales, y que comenzaba a ganar reconocimiento en mercados como Australia y Canadá.

Esa búsqueda lo llevó, a través de LinkedIn, hasta David Moloney, director ejecutivo de ICG, una firma de consultoría con sede en Sídney incluida por Forbes entre las mejores consultoras de gestión del mundo.

“Busqué a David y le dije: ‘Hola, soy Diego Tovar. Tengo una trayectoria de 20 años’”, relata.

A partir de ahí se dieron meses de conversaciones que revelaron lo que Tovar describe como “una química”, basada en recorridos profesionales similares y en una visión compartida sobre cómo las empresas deben transitar el paso de la economía industrial a la economía digital.

Esos diálogos culminaron ahora con el lanzamiento del hub latinoamericano de ICG en Bogotá, marcando la entrada de la firma a una nueva región, con África como el siguiente paso.

Desde Colombia, la compañía planea atender clientes en toda la región, buscando ser una alternativa al modelo tradicional de consultoría basado en pirámides, históricamente dominado por las grandes firmas globales.

Para Moloney, la expansión responde a presiones estructurales más amplias que están transformando la industria. “La industria de la consultoría está realmente madura para una disrupción”, dice.

El modelo que dominó gran parte del siglo XX, sustentado en capas de consultores junior que escalan el trabajo hacia un reducido grupo de socios, enfrenta crecientes tensiones a medida que los clientes se vuelven más sofisticados y la inteligencia artificial reduce el valor del trabajo analítico de entrada.

“El proceso de consultoría hoy es bien entendido por los clientes”, sostiene Moloney. “Muchos exconsultores ahora trabajan dentro de las compañías”.

Al mismo tiempo, la propiedad intelectual, antes cuidadosamente protegida, se ha vuelto mucho más accesible. “Con la llegada de la inteligencia artificial, eso también se ha desmantelado”, anota.

La respuesta de ICG ha sido abandonar por completo la pirámide. En su lugar, la firma agrupa experiencia senior a través de un modelo de plataforma que integra consultores independientes y especialistas sectoriales.

“Agregamos a todos los profesionales senior que han trabajado en la industria de la consultoría o que han sido expertos dentro de las organizaciones, y los ponemos a disposición en la combinación que cada cliente necesita”, explica Moloney.

Actualmente, la firma opera en más de 25 países, con miles de profesionales y cientos de clientes. Moloney describe el modelo como estructuralmente más eficiente en costos, con gastos indirectos desagregados y una entrega basada en experiencia más que en apalancamiento.

Asegura que el modelo ha tenido buena acogida entre organizaciones que buscan una mayor coherencia entre costos, conocimiento y resultados.

América Latina, en su visión, ofrece un potencial particular. A partir de sus conversaciones con Tovar, Moloney comenzó a ver la región “no tanto como un océano rojo, sino como un océano azul, con muchas oportunidades de crecimiento”.

La llegada de Tovar, añade, aporta “prestigio y credenciales a nuestro negocio en América Latina, lo que permitirá que la región crezca incluso más rápido de lo que hemos visto en Australia y Europa hasta ahora”.

Desde Bogotá, ICG se enfocará inicialmente en Colombia, mientras extiende sus servicios a clientes en Centroamérica, Ecuador, Perú y México.

“No estamos empezando desde cero”, señala Tovar. “Simplemente estamos sumando el modelo de ICG a lo que ya existe”.

A mediano plazo, la ambición es construir una red regional de hasta 500 consultores que operen bajo la plataforma.

Las condiciones económicas de la región también lo ven como una oportunidad.

“Por los niveles de costos laborales, también podemos usar el talento latinoamericano para atender otras geografías como Canadá, Europa o Asia”, explica Tovar.

La estrategia de atracción de talento abarcará todo el continente, desde Argentina y Chile hasta México y Venezuela, apoyándose en lo que describe como una profunda reserva de profesionales con amplia experiencia.

La propuesta de valor para los clientes se basa en seniority y adaptabilidad. “No tenemos un socio dedicando el 5% de su tiempo, un gerente senior el 20%, y una gran cantidad de perfiles junior entre el 50% y el 100%”, comenta Tovar. “Con precios probablemente algo más bajos, podemos entregar proyectos con personas mucho más senior que las que ofrece el mercado”.

Moloney explica esta filosofía bajo el concepto de “Transformation as Usual”, una idea con la que ICG cuestiona la noción de que el cambio corporativo es un evento puntual.

“Creemos que el business as usual está muerto”, señala. “Demasiados clientes tratan la transformación como una actividad con fecha de inicio y fin”.

En realidad, argumenta, el cambio permanente llegó para quedarse, y la ventaja competitiva sostenible reside en la capacidad de adaptación.

“Ser más adaptable que los competidores es la única condición verdaderamente sostenible”, comenta Moloney, citando trabajos académicos que sustentan el enfoque de la firma. La plataforma de ICG, añade, permite a los clientes ensamblar capacidades con lo que denomina una “curaduría perfecta”, combinando experiencia con el apalancamiento de la inteligencia artificial.

A medida que la IA automatiza crecientemente el trabajo junior, Moloney considera que este cambio fortalece, y no amenaza, el modelo de ICG.

“A medida que la inteligencia artificial se come la base de la pirámide, lo que ICG aporta es sabiduría”, concluye.

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