Con una mirada profunda que explora las intersecciones de la memoria y las identidades contemporáneas, Gregorio Díaz se convirtió en el primer artista de la Residencia Leica en colaboración con Proyecto H.
“Mi relación con la fotografía es previa a que yo naciera”, cuenta Gregorio Díaz. Él encuentra en la abundancia visual del paisaje urbano, y en su sensibilidad hacia lo cotidiano, una fuerza que lo motiva a salir a las calles de la ciudad y capturar esos momentos a los que muchas veces no se les pone atención, “pero siempre están ahí y, a veces, son muy importantes”, asegura.
Esa visión quedó plasmada en su exhibición Laberinto del asombro presentada en Leica Gallery Mexico City, como resultado de una residencia artística entre esta firma de fotografía y la galería Proyecto H. Para ello capturó imágenes en la capital mexicana, en las cuales como el resto de su propuesta visual se exploran las intersecciones entre la memoria, el arte y las identidades contemporáneas.
Ahí, Forbes Life se encontró con el fotógrafo bogotano, quien no repara al asegurar que una de sus mayores inspiraciones para dedicarse a este oficio fue su tío, el inolvidable Hernán Díaz, reconocido fotógrafo colombiano; así como su padre, también dedicado a ello. Por esa razón pasó gran parte de su infancia en un estudio de fotografía, rodeado de cámaras. Que, finalmente, lo llevaron a estudiar cine.
Sin embargo, más allá de buscar capturar escenas contextuales de carácter más cinematográfico (las cuales también realiza) lo que más le apasiona es salir a las calles. Ahí encuentra un escenario perfecto para la creación de imágenes.

“La abundancia visual del paisaje urbano te permite hablar de cultura contemporánea, de arquitectura y la identidad de la gente. Hay un montón de superficies que puedes explorar en la fotografía callejera”, asegura Gregorio, cuyo trabajo visual se enfoca en la abstracción y el color, como líneas argumentales.
CITA CON EL DESTINO
Era 2023, Gregorio había visitado la Ciudad de México en un viaje de turismo y mientras caminaba con sus acompañantes por Masaryk, la calle más exclusiva para las compras en la capital mexicana, pasó frente a la tienda de Leica. Sin dudarlo un momento, entró en el recinto. Como en ese entonces no contaba con el dinero suficiente para comprar una cámara, decidió llevarse un ejemplar de la revista LFI, publicada por la marca. Salió de ahí con una idea fija en la mente: algún día, sus imágenes estarían impresas en esas páginas.
No pasó mucho tiempo antes de que la editora de la publicación lo buscara para decirle que le gustaba su trabajo. Una cosa llevó a la otra, y así fue como se convirtió en el primer artista invitado de la residencia de Leica Gallery México y Proyecto H, una iniciativa que busca consolidarse como espacio de creación para artistas latinoamericanos en México. Todo ello con el propósito de proyectar el talento regional.


Para Gregorio eso le implicó trasladarse a la capital de ese país con la intención de salir a las calles y retratar lo que ahí sucedía. Cuestionado al respecto: Díaz Granados asegura que ambas ciudades (CDMX y Bogotá) son muy parecidas. “Culturalmente, comparten distintas cosas y tienen muchos puntos en común: cómo vive la gente en las calles el día a día, la forma en cómo se relacionan con el espacio público…”, asegura. Sin embargo, la percibe más colorida que la capital colombiana. “Siendo bogotano tenemos esta costumbre de decir que nuestra ciudad es gris. No lo es. Ese también ha sido uno de mis objetivos: quiero hacer fotografías que demuestren que Bogotá es una ciudad colorida. Y lo he logrado”.
De esta forma, el artista visual consiguió realizar su primera exposición individual en Proyecto H y una segunda muestra en la galería de Leica México, cuyo título Laberinto del asombro, responde a la necesidad de resaltar que en la vida cotidiana de las grandes urbes existen un sinfín de cosas por las cuales asombrarse; así como también al hecho que una muestra retrospectiva de Hernán Díaz en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, allá por 1966, se llamaba: Mi cámara es un laberinto.

“Muchas de las fotos de mi tío fueron hechas con una cámara Leica. Entonces, me hubiera encantado haberle dicho que iba a exponer aquí (en la galería de la marca). Le hubiera hecho muy feliz. Pero es una frustración que siempre se va a quedar ahí”, concluye con tono de nostalgia.
