Diego Barbosa-Vásquez contribuye a la transformación internacional de las artes escénicas, mientras asume con orgullo su posición como embajador de marca país de Colombia.
“Colombia Tierra Querida” resuena entre los muros del Union Colony Civic Center, en Colorado. En el núcleo del escenario, Diego Barbosa-Vásquez dirige la Greeley Philharmonic Orchestra (GPO), que esa noche, se ha dado cita para tocar el repertorio “Canciones Para Ti – Songs for You”.
Gracias a los arreglos sinfónicos desarrollados por LatinAmericanScores, consiguió realizar una de las presentaciones más exitosas en la historia de la GPO, la tercera orquesta más antigua de Estados Unidos al oeste del Río Misisipi; con piezas como “La Llorona”, “El Triste”, “Un Rinconcito en el Cielo”, “Amor Eterno” o “Macabra”, composición del emblemático director de orquesta francés Camille Saint-Saëns.
Así, Barbosa-Vásquez añadió un hito más a su ascendente trayectoria profesional, iniciada hace apenas cinco años tras una breve temporada en el conservatorio. Fue en la adolescencia cuando comenzó a revelar ese liderazgo innato que hoy sostiene su carrera con resonancia global.
Estudió dirección de orquesta y, muy pronto, ejerció su vocación en distintas instituciones de Colombia, cuando aún no cumplía los 25 años, un logro notable en el panorama internacional. Sin embargo, su juventud y la brevedad de su experiencia lo llevaron a enfrentar momentos complejos mientras intentaba definir su lugar dentro de esta escena.
De ahí que decidió partir a Estados Unidos para continuar su formación con una beca en la Azusa Pacific University. “Durante la maestría y, con mayor claridad, en el doctorado, comprendí que las dificultades que vivíamos en la orquesta en Colombia no eran exclusivas de allá; en realidad, muchos de esos desafíos atraviesan todo el campo de las artes performáticas.”
A partir de esas revelaciones, orientó sus estudios de posgrado hacia la sostenibilidad y desarrolló el 4D PAL Ecosystem Mapping, un proyecto realizado en colaboración con más de 150 organizaciones de diversos países. La fuerza de este modelo ha sido tal que no solo le ha permitido obtener reconocimiento en varios continentes, también encabezar un movimiento de transformación en las artes escénicas, al integrar cuatro dimensiones esenciales: la artística, la financiera, la social y la ecológica.
Expresiones valiosas

Esa es solo una parte de la labor que impulsa, además de dirigir el Performing Arts Laboratory, “un espacio donde quienes forman parte de las artes performáticas pueden mantenerse conectados y comprender cómo funciona el sector”. A ello se suma que los arreglos sinfónicos originales creados para el concierto de la GPO pasaron a formar parte del catálogo oficial de LatinAmericanScores, ahora disponible para orquestas de todo el mundo.
“Nuestro propósito es que [el proyecto PAL] alcance una verdadera trascendencia global y no permanezca limitado a un solo lugar.” Es un proyecto esencial para él, pues como director de Ópera, Ballet y Orquesta su repertorio exige comprender a fondo la música vinculada con estas disciplinas. “Un director casi siempre está orientado hacia la cultura eurocentrista (…) pero yo soy colombiano”, comenta al recordar que muchas de las grandes obras europeas se sustentan en la música folclórica de sus propios países, misma que luego llega a los grandes escenarios operísticos o de la danza clásica.
De ahí su reflexión: “¿Por qué los latinoamericanos no hemos alcanzado aún esa confianza para emplear nuestras propias estéticas? No necesitamos escribir una fuga a ocho voces, al estilo de [Johann Sebastian] Bach, para demostrar que nuestra música tiene valor”.
Esa convicción guía a Diego Barbosa-Vásquez, quien desde 2017 representa a Colombia como embajador de marca país, llevando con orgullo la belleza y riqueza cultural de su origen a cada escenario que pisa.
